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El coche de Adrián

Tiempo transcurrido desde el secuestro: 36 h 30 min.

Adrián pisa a fondo el acelerador. Su rabia e incertidumbre lo tienen distraído.

Tanto que no advierte a tiempo el control de la Guardia Civil que hay a la entrada del pueblo.

Tiene que pegar un frenazo y girar a la izquierda para meterse en el pequeño polígono industrial.

Un hecho que sucede tarde, ya que los guardias del control lo han visto perfectamente.

Ponen la sirena, y salen disparados a por él.

Pero Adrián cuenta con la ventaja de tener un coche mucho más potente que el viejo todoterreno de los civiles.

El problema de esa potencia es que a veces, como diría el anuncio, no se tiene control sobre esta, y menos con un estado de ánimo como el que lleva Adrián.

Es normal que un conductor atormentado y un coche con la dirección dañada a más de ochenta por hora en una calle urbana pille un bache y las ruedas dejen de obedecer al volante.

Y es entonces cuando el Mercedes se estampa lateralmente contra un muro de ladrillo.

Adrián no tiene tiempo de parar a lamerse las heridas.

Se ha golpeado en el costado y en la pierna, bastante maltrecha desde el día anterior cuando pisó mal al caer en el patio de Fernando y, sobre todo, después del atropello y posterior pelea en la estación de Berzocana.

Sale del coche y, con una ligera cojera, se pierde en la espesura de la dehesa adyacente.

No puede dirigirse hacia el pueblo porque la Guardia Civil lo pillaría en el acto, así que se adentra en el campo y suplica que no lo persigan.

¿Por qué no se entrega, les cuenta a los guardias lo que ocurre, y que ya detengan ellos a las personas implicadas en el secuestro de su hija?

No lo hace por varios motivos. Necesita entender cómo encaja la nueva pieza del tipo de la foto, y le está costando hacerlo.

Cuando lo entienda y dilucide la verdad, quiere aplicar él mismo la justicia que considere necesaria.

No va a vivir la misma situación que vivió con el primer rapto de su hija, cuatro años atrás.

Se adentra, con el cuerpo maltrecho, en esa parte limítrofe de la dehesa con el pueblo, procurando esconderse entre las escasas encinas.

Mira hacia atrás para comprobar que el coche patrulla de la Guardia Civil está inspeccionando el Mercedes de sus padres.

Entonces, se da cuenta de que se ha olvidado el informe con los datos del tipo que se ha llevado a su hija.

Y también la pistola de César Puente con sus huellas en el gatillo.