La pira
Tiempo transcurrido desde el secuestro: 35 h. 45 min
El fuego se ve desde varios kilómetros, pero solo en línea recta. Por eso algunos vecinos de la zona sur del pueblo no se percatan de ello. El aviso llega al cuartel de la Guardia Civil, donde Vila dormita en el sofá mientras Virginia recibe la llamada.
—¿Dónde? —pregunta—. ¿Han ido ya los bomberos? —Espera la respuesta—. Vamos para allá.
Virginia zarandea al teniente para espabilarlo del todo.
—Mi teniente, tenemos que ir a la finca de los padres de la niña.
—¿Qué ocurre?
—Alguien ha prendido un fuego.
A los diez minutos, los dos agentes de la UCO se personan en la finca de la familia. Allí están el cabo Nicolás y un hombre mayor. Entre los dos están terminando de apagar un fuego que hay en la parte trasera de la casa de campo.
—Buenas noches, mi teniente —dice Nicolás—. Aquí Rafael me ha llamado…
—Rafael —dice Virginia—. Usted es quien identificó a Adrián saliendo de aquí ayer por la mañana, ¿no?
—¿Qué Adrián?
—Roberto Martínez —corrige la subteniente.
—Ah, sí, es mi vecino. Yo vivo ahí —dice el hombre mientras señala un lugar indeterminado en la espesura de la noche—. Y claro, me he asustao al ver esta lumbre.
Vila examina la lumbre. Se trata de una pira que han hecho en un contenedor de desechos para el reciclaje.
—Un contenedor de compostaje —dice el cabo—. Creo que lo usan para crear su propio abono para el pequeño huerto que tienen ahí. —El policía señala un terreno a su derecha.
—¿Y qué se supone que han podido quemar? —pregunta Vila sin dirigirse a nadie.
Se produce un pequeño silencio.
—La niña cabe ahí dentro; eso está claro —contesta Rafael.
—Gracias por su respuesta —afirma Vila—. Ven conmigo, Virginia.
Los dos guardias se apartan para charlar a solas.
—¿Qué te parece? —pregunta el teniente.
—Que tiene pinta de orgía de pruebas.
—Ya.
—¿Va a venir el padre a prenderle fuego aquí a la niña?
—Complicado, la verdad.
—Alguien los quiere enmarronar.
—Y crean aquí un teatrillo como el de Córdoba, ¿verdad?
—Exacto.
Vila le hace un gesto y se vuelven para entrevistar a Rafael.
—¿Ha visto usted algo más aparte del fuego? —pregunta Vila.
—Ya lo creo —contesta.
—Rafael afirma que ha visto un coche irse a toda leche… —explica Nicolás.
—Es que los coches ahí en el camino derrapan y se escucha todo. Yo tengo mi sillón pegado a la ventana, usted sabe… —Virginia y Vila afirman bendiciendo la curiosidad/ansias de cotilleo del hombre.
—¿Reconoce el coche que vio?
—Sí.
—Me puede decir modelo y matrícula?
—Le puedo decir de quién es.
En ese momento, suena el teléfono del inspector Vila. Y su cara de extrañeza llama la atención de su compañera. El teniente asiente y niega. Finalmente cuelga.
—Del puesto de Cañamero.
—¿Qué pasa? —pregunta Nicolás.
—La brigada Donaire.
Nicolás abre los ojos, expectante.
—No son buenas noticias, cabo.
Los dos agentes de la UCO se miran. No tienen claro cuáles serán sus siguientes pasos.
—¿Quieren que les diga de quién es el coche o no? —insiste Rafael.
Vila asiente.
—Del mariquita ese.
Vila hace una mueca sin entender.
—Sí, hombre, el que estaba liao con mi vecino el Roberto, el padre de la niña…