Saga secuestros: Toda la colección. Libros 1-6 La estación de tren abandonada #2
17%

La estación de tren abandonada #2

En ese momento, un Mercedes surge de la oscuridad que hay detrás de los edificios de la estación de tren, y arrolla a César. Adrián no es capaz de esquivarlo y también recibe el impacto. La brigada Donaire conduce el coche, que se estampa contra el BMW en el que Greydis chilla.

Edgar forcejea con el perro y trata de coger su arma.

Laura no lo permite, y le da una patada en la cara al policía que, después de gritar de dolor, se rehace y consigue girarse sobre sí mismo.

Se pone de rodillas, y empuja a Magno, que a su vez impacta en las rodillas de Laura.

Ella se desestabiliza, y cae al suelo. El animal suelta la mordida porque se golpea con el asfalto del andén.

La brigada sale del coche con su arma en la mano.

César, desde el suelo, dispara sin darle tiempo a reaccionar.

La bala le atraviesa el hombro izquierdo y le parte la clavícula.

La guardia da media vuelta sobre sí misma, cae de culo y se apoya sobre la rueda del Mercedes para no caer a plomo al suelo.

Adrián ha conseguido levantarse, y se aproxima a César, que lo ve venir y le apunta con el arma.

Pero el pupilo llega antes y patea al mentor en el brazo que sostiene la pistola.

La USP Compact vuela por los aires. Adrián patea la cabeza de César, que se protege con los codos.

En cuando puede, se abraza a las piernas de Adrián y consigue desestabilizarlo.

Lo tira al suelo y es el mentor ahora el que se monta sobre el pupilo y comienza a golpearlo en la cara, en la cabeza y en el pecho a una velocidad que solo ha podido aprender, precisamente, de Adrián.

Laura aparta como puede a Magno, que aplasta sus rodillas; el animal parece aturdido y ladra. A su lado, Edgar se lleva la mano a la axila y atrapa su arma y la saca. Laura consigue sacar el táser y rozar levemente el pecho del policía. Recibe una pequeña descarga que le hace soltar la pistola.

—Hija de puta —protesta y le da un manotazo a la mano en la que Laura porta el táser, lo que hace que también salga despedido.

Laura pega a una patada a la pistola y consigue alejarla unos metros.

Pero no se da cuenta de que otra patada va dirigida a su propio mentón.

Estaba tan pendiente del arma de Del Valle que no la ha visto venir.

La patada ha sido en mal lugar, cerca de la mandíbula, en la zona de KO.

Un buen golpe en diagonal ahí manda a la lona hasta al mismísimo Muhammad Ali.

Y la patada de Edgar ha sido fuerte y certera.

Magno se limita a dar vueltas nervioso; está aturdido, como Laura, desorientado.

Como Laura, asustado; como Laura. Edgar consigue levantarse y llega hasta la pistola.

Adrián encaja los golpes de su mentor como lo haría un boxeador que quiere que su oponente se agote.

Se protege vagamente con las manos y con los codos.

Cuando César se confía y se levanta en busca del arma, le pega una patada en la rodilla y se la rompe.

El dolor es tal que Puente se marea, pero se resiste a caer.

Avanza un par de pasos y, antes de que el dolor lo paralice, se lanza en plancha hacia la pistola, que está muy cercana.

Cuando está a centímetros de alcanzarla, Adrián, que ha podido levantarse, la patea y la manda lejos de su alcance.

Edgar se agacha a coger su pistola. Se fija, entonces, en Silvia.

Está muy cerca, sentada en el suelo; parece inerte, pero él se da cuenta de que solo está herida y de que lo mira a los ojos.

Se atreve a sonreírle. Toma el arma y e intenta darse la vuelta para disparar a Laura, que se ha levantado con la intención de salir corriendo.

Pero a Edgar no le da tiempo a girarse y a levantar su pistola.

Porque recibe dos impactos de bala: uno en la cadera y otro en el cuello.

La brigada Donaire usa su Beretta de forma certera.

Del Valle cae y, cuando impacta contra el suelo, la pistola se dispara.

La bala roza la cabeza de Laura, que está arrodillada buscando su táser.

Se asusta y se agacha. Edgar está malherido, pero la pistola sigue en su mano.

Tiene un velo rojo delante de sus ojos, pero cree identificar algo que se parece mucho a una mujer.

Dispara de nuevo, y la bala vuelve a rozar a Laura.

Ella encuentra el táser y sale corriendo, encorvada, con miedo a que otra bala la alcance.

Llama a Magno en su huida, y el animal la sigue.

Antes de perderse en el camino de vuelta al coche, mira hacia atrás.

Hay un tercer disparo, pero esta vez es, de nuevo, la brigada Donaire, que mete una tercera bala en el costado de Edgar, bala que le atraviesa un pulmón y que hace que ya no pueda apretar más el gatillo.

Laura apenas distingue qué ocurre; no ve a su marido y no se va a parar a esperarlo.

Adrián se arrastra, y consigue coger el arma. Se levanta y apunta a César que, dolorido, intenta levantarse.

—Adrián —dice, arrodillado, levantando una mano, pidiendo perdón.

—¡Cabrón de mierda! —responde él.

—Sabes que nunca te hubiera hecho daño.

—Por eso me has apuntado a la cabeza, ¿no? —contesta apoyando el arma sobre su propia sien.

—Tenía que hacerlo: el perro tenía a Edgar.

—¿Dónde está la información del tipo?

—En el maletero del coche, en una carpeta.

—¡Hijo de puta!, ¡es mi hija, mi hija!

—Adrián, no tienes ni idea de quién es Edgar Del Valle.

—Es tu puto socio, hijo de perra.

—Coge la información; yo la he conseguido. Me he jugado mucho por ti.

—¿Y cuando das vuelcos con Edgar no te juegas nada? ¿No te la juegas traicionando todo lo que juraste proteger?

—No lo entiendes, no lo entiendes. Edgar…

—El tal Edgar está muerto, gilipollas.

La brigada Donaire ha conseguido arrastrarse hasta ellos y les anuncia que acaba de ejecutar a Del Valle.

—¡Silvia!

Adrián corre en busca de la brigada, y trata de levantarla. Pero advierte la gravedad de su herida. Tiene un gran manchurrón de sangre en todo el hombro izquierdo, espalda y pecho.

—No me jodas, mi brigada. No me jodas.

—No es nada.

—¿Cómo has llegado hasta aquí?

—La Guardia Civil no es tonta. —Ella intenta sonreír—. Te instalé una aplicación para seguirte. —Él sonríe—. Desde el club hasta aquí no ha sido difícil seguiros sin llamar la atención. —Adrián tiene ganas de abrazarla—. ¿Tienes la información del tipo de la foto?

—Creo que está en el coche.

—Muy bien, entonces pégale un tiro a este hijo de puta y lárgate de aquí. O se lo pego yo mismo.

—Y una mierda… yo no me voy sin ti.

—Sí. Tú te vas ahora mismo. Me traes el móvil, y yo llamo a una ambulancia.

—Pero ¿estás loca?

Silvia sonríe; le acaricia la cara. Sonríe como solo se sonríe a alguien que te pone tan nerviosa como Adrián la pone a ella.

—Sí.

Adrián abre la boca sin saber qué decir. Pero César se abalanza sobre él, y lo tira al suelo. Se quedan enfrentados el uno al otro, cara a cara.

—Lo siento, Adrián —dice César.

—Yo también —responde Adrián.

Un disparo resuena en la estación abandonada; se anota la segunda muerte al cómputo de la noche.

Y la noche solo acaba de comenzar.