Dionisio
Tiempo transcurrido desde el secuestro: 11 h 10 min.
Laura se besa con Camila. Vuelven a ella los recuerdos de la primera y única chica de la que se enamoró años atrás, con la que conoció por primera y única vez el sexo con una mujer.
La perdió por no haber aceptado que estaba enamorada de una persona de su mismo sexo.
Camila besa demasiado bien, y Laura cree que va a perder el norte sobre lo que tiene que hacer.
Logra recomponerse. Se separa de Camila y mira sonriendo a Dionisio.
Es un hombre mayor; no llegará a la sesentena, pero se nota que carga con una buena mochila de vida a sus espaldas.
Tiene el pelo blanco grisáceo, abundante y ondulado; barba de un día, como mucho, y ojeras de muchas noches.
Tiene una nariz fina y puntiaguda que, junto con una boca en la que conserva casi todos los dientes, le dan un toque interesante.
Camila es la que primero se le acerca por un lado de la cama.
Lo besa en la mejilla, en la frente, en el cuello, y Dionisio ronronea como un gato en celo.
Está convencido de que es su noche de suerte; Camila le ha dicho que le tenía preparada una sorpresa.
La hondureña es una de sus favoritas en el club.
No la primera, cuyo «honor» corresponde a la muñeca ucraniana de ojos grises que llegó hace tres meses.
Pero a Dionisio también le gusta la pelirroja de bote porque tiene mejores tetas y porque se mueve mejor.
Camila le quita la camisa, azul e impoluta, porque Dionisio es un tío de campo, pero es un tío limpio.
Huele bien; siempre que va al club, los viernes y algunos domingos, se ducha bien y se perfuma.
Y no con Barón Dandy o con Brummel, sino con Jean Paul Gautier, ese frasco que tiene forma de torso de hombre que tanto le gusta.
Es un putero limpio y correcto en el trato a las chicas. Pero putero al fin.
Laura aprovecha para quitarle los zapatos y el pantalón, también inmaculados.
Dionisio ha cerrado los ojos ante las caricias y besos de Camila en el pecho, y Laura duda si ha llegado el momento.
Camila despega los labios del torso del hombre, y se miran.
Es como una señal. Dionisio está desnudo a falta del calzoncillo, como si Camila hubiera tenido la consideración para con Laura: no tiene necesidad de presenciar los genitales del hombre.
Una décima de segundo después de que Camila se aparta, Laura se lanza sobre el pecho de Dionisio y lo golpea con fuerza en la boca del estómago.
Un puñetazo duro, seco y certero, tantas veces ensayado con su marido.
Un tipo de golpe que deja doblado a cualquier persona, incluso a gigantes de dos metros, de esos a los que llaman armarios empotrados.
Fácil, silencioso —el agredido no puede ni hablar— y efectivo.
Laura se pone detrás del hombre y le inmoviliza los brazos.
—Rápido; en mi bolso hay cinta americana —ordena a Camila.
La prostituta se baja de la cama, y hurga en el bolso de Laura. Después de unos segundos eternos, no encuentra la cinta.
—Aquí no hay nada, carajo.
Dionisio parece recuperar el resuello; tose, tose más fuerte. Laura lo suelta de los brazos y lo sujeta del cuello con el famoso mataleón, poniendo el antebrazo sobre su cuello, apretando fuerte y haciendo palanca con el otro brazo.
—En un bolsillo… date prisa. —Camila sigue rebuscando y, por fin, encuentra el bolsillo que le indica Laura.
Lo abre, y encuentra un pequeño rollo de cinta americana gris—.
Corta un trozo, y pónselo en la boca—. La hondureña está nerviosa; le cuesta encontrar el reborde de la cinta adhesiva.
Dionisio forcejea con Laura, pero está bien inmovilizado—.
Tráeme el rollo, joder… Camila se lo acerca, y Laura duda si soltar a Dionisio para despegar la cinta americana y amordazarlo.
No puede hacerlo; el hombre está cada vez más recuperado del golpe.
Podría pegarle otro pero, si lo suelta, teme que pueda gritar, y entonces el Johnny puede enterarse y estarían en un serio problema—.
Camila, mírame. Acerca la cinta a la luz de la mesilla y encuentra el borde de la cinta.
Ella obedece; después de un par de vueltas, lo encuentra y con sus uñas postizas consigue despegarlo.
Corta un trozo con los dientes y se lo ofrece a Laura, que con un gesto de cabeza le indica que sea ella quien le tape la boca a Dionisio.
El hombre la mira; con los ojos le está pidiendo clemencia.
Todavía no se ha recuperado del todo del golpe y está medio asfixiado por la llave de Laura, que mira a los ojos a Camila porque nota la duda en su rostro.
Asiente, y Camila obedece. Le tapa la boca, pero una patada del hombre consigue impactar en el vientre de la chica, que cae dolorida al suelo.
Entonces, Laura le suelta del agarre, abre sus manos y le pega con los dos cantos a la vez en los dos oídos.
La fuerza es tal que parece que le hubieran pegado un puñetazo por cada lado.
Dionisio se marea por el golpe, y se cae sobre la cama.
Laura aprovecha para quitar la cinta americana de la mano de Camila, que se está recuperando de la patada.
Coge el reborde de la cinta que, por suerte, ha quedado levantado, y le pone un buen trozo a Dionisio, tapando su boca.
Después le ata las manos a la espalda y hace lo mismo con los pies.
Laura lo agarra por las axilas y pide ayuda a Camila para que lo levante de las piernas. Lo tienden sobre la cama boca arriba.
Las dos mujeres respiran aceleradamente.
Camila se toca el estómago. Dionisio le ha dado una buena patada y le debe de doler mucho.
Laura la abraza; le da las gracias en susurros.
Ella no contesta; se ha metido en un lío del que no sabe cómo podrá escapar.
Laura le da un beso en la mejilla y, sin parar de agradecerle lo que ha hecho por ella, rompe a llorar.
Se separa, y busca su bolso, que ha caído al suelo en el forcejeo.
Cuando lo encuentra, mete la mano y la remueve hasta dar con algo.
Cuando lo saca y se lo enseña a Dionisio, este abre los ojos con miedo.
Laura porta en su mano el táser, el arma estrella del kit de supervivencia ideado junto a su marido.
Lo enciende, y el chisporroteo clásico del aparato asusta, no solo a Dionisio, sino también a Camila, que pega un respingo.
—¡Ay, la madre!
Laura la mira para que se tranquilice. Se acerca a Dionisio; le lleva el aparato a la cara. Lo apaga y lo desliza por su cuerpo hasta ponérselo debajo de los testículos.
—Ahora me vas a decir exactamente dónde está mi hija.