Sacrílego (Prohibidos 1) 33 Charles Brandon
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33 Charles Brandon

¿Había algo peor que un asesino entrenado al cual no le temblaba el pulso? Sí, lo había. Un asesino entrenado, con físico y rostro de divinidad que gozaba de cientos de contactos y al cual todos querían en sus filas.

Ese era el maldito Charles Brandon, el hombre al que le ordenaron matar y Sasha falló.

El atardecer caía en Ciudad del Cabo. La playa estaba casi desierta, excepto por Charles, un muchacho rubio, el cual, por sus características, Sasha concluyó que se trataba de Bastian Driesen. Lo acompañaban un hombre y una mujer también rubios junto con dos bebés.

«¿De verdad tiene un novio?».

Sasha todavía estaba en shock. De todos los mercenarios, jamás esperó que Charles Brandon fuera gay.

Sasha estrechó los ojos y lo entendió. Conocía a ese pequeño hijo de puta.

Había estado presente en la última contienda con Brandon y su equipo.

Todavía recordaba la manera cómo había perdido.

Había contado con todos los recursos económicos y humanos para aplastar a Brandon, sin embargo, contra todo pronóstico, el idiota salió ganador.

—Tú también me has fallado, Sasha

—Todavía no termino con ellos.

—¿No? ¿Y si ya abandonaron el país?

—Es imposible con esta nieve. Ya te dije que son míos.

—¿Sabes qué? Estás fuera.

—¿Qué?

—Lárgate de mí vista.

—¿Me estás echando?

—Sí, amigo. Estás fuera.

—Te vas a arrepentir.

—Ya me arrepiento de haberte contratado. Ve a arreglar tus problemas familiares o a encubrir homicidios. A mí no me jodas más. No necesito inútiles aquí.

Dejan Klimovsky, el cliente que lo contrató, pensó que podría humillarlo sin más.

La muerte lo había alcanzado tiempo después.

Sasha tensó la mandíbula al recordar la manera en que trataron de matarlo a él meses después sus mismos hombres en colaboración con los enemigos.

Talo Petrov lo traicionó no solo sexualmente, sino a todo nivel.

«Sasha Kózlov, miembro del grupo paramilitar Wagner, fue encontrado muerto en un hotel de Leipzig, Alemania. Se presume que se trató de un ajuste de cuentas, dado que estaba involucrado en el asesinato de uno de sus superiores. Un gran escándalo sexual que salpica a las fuerzas rusas».

Las noticias falsas propiciadas por el grupo Wagner para despistar. Nada de lo que habían informado era verdad. Ni el lugar, ni mucho menos su fallecimiento. Sasha había esquivado la guadaña muchas veces, tenía más vidas que los felinos.

Ya nada de eso importaba. Era hora de terminar con lo postergado.

Brandon estaba condenado a morir ese día.

El viento sopló con fuerza, mientras Sasha estaba apostado a varios metros de la playa usando unos binoculares para captar las acciones que se venían produciendo desde hacía varias horas.

Brandon abrazó al joven y lo besó, este se trepó y enganchó sus piernas a su cintura y le sonrió.

Sasha apartó los binoculares y respiró profundo.

Él había tenido lo mismo hacía solo horas.

Podría tener lo mismo si no fuera un hijo de puta egoísta de mierda.

Los orbes verdes que lo miraron con resignación y angustia. Cada gesto de súplica removió las entrañas de Sasha.

«Es demasiado tarde».

Sasha había tomado una decisión y debía amoldarse a las consecuencias.

La vida lo puso en una encrucijada y eligió el camino fácil, el conocido.

Sasha era un experto en armas, en asesinar, en rastrear y cazar.

La otra opción le causó escalofríos. Regresó su vista a sus víctimas, a esas personas ajenas a lo que les sucedería.

El novio de Brandon tenía ahora uno de los bebés en sus brazos y lo acunaba, el pequeño tocó su rostro y comenzó a reír.

Brandon se acercó y ambos observaron los gestos del niño con ternura.

El exteniente le besó la mejilla y Bastian dejó un beso en los labios.

Sasha tensó la mandíbula, el odio por Brandon creció a pasos agigantados.

«Te envidio, ¿sabes? Envidio tu pureza, tu inocencia incluso cuando hablas con personas como yo.

Tus ojos diáfanos, ese verde incorruptible que puede dar paz y pasión ardiente al mismo tiempo.

Envidio tus lágrimas porque puedes llorar cuando sientes dolor, pero también cuando te invade el placer.

Envidio todas tus facetas, chinito. Eres un ser extraordinario».

¿Acaso no era envidia lo que lo invadía ahora? ¿No era ese sentimiento profundo que ardía en sus vísceras al saber que nunca tuvo opciones?

«¿Nunca tuviste opciones o nunca las quisiste?».

Sasha sacudió la cabeza, ¿desde cuándo su cabeza hacía preguntas tan imbéciles? ¿Cuándo se volvió tan sensible? ¿Es que acaso había tenido conciencia después de todo?

«La condición para tener una crisis de consciencia es albergar una, padrecito.

Créame cuando le digo que carezco de ella y, cuando observo lo que la conciencia les hace a las personas, agradezco por eso.

Mire lo que le hace a usted. Vive en preocupación, queriendo cambiar un mundo podrido.

El débil será devorado por el más fuerte, ni más ni menos.

Negarse a entenderlo es vivir en guerra con sus propios pensamientos».

El maldito Miko Subaru y su cuerpo irresistible, las sonrisas dulces y las lágrimas de tristeza por el mundo que lo rodeaba. Ese bastardo era el culpable de lo que le estaba acaeciendo. Debería matarlo cuando todo terminara, sacarlo de su sistema de una vez y para siempre.

Sasha estaba recostado sobre las dunas de arena a la lejanía. Tenía su rifle preparado, los guantes, su chuchillo favorito con la imagen de la sirena, todo estaba listo para completar su misión. Había cruzado el mundo para llegar allí, ¿por qué estaba dudando?

Las horas se diluyeron como arena entre los dedos.

Sasha se encontró en la misma posición por horas, hasta que la pareja y los bebés se marcharon y ellos decidieron regresar a su hogar que estaba a algunos metros de la playa.

Sasha tomó su visor nocturno y descendió por las dunas, atravesó la playa en esa noche sin luna y llegó a una de las murallas de la mansión de Brandon.

Se escuchaba una suave música en el interior.

Sasha observó las cámaras de vigilancia y se apresuró a escalar el muro.

Se montó sobre la pared, y se descolgó sobre uno de los árboles de uno de los jardines que daba a la piscina.

Un aroma a comida casera llenó sus fosas nasales.

El patio contaba con varios metros, había seis reposeras, una piscina tamaño olímpica que tenía una pequeña cascada.

Había una puerta de cristal que cubría una de las paredes.

Sasha observó que el patio estaba unido a la cocina en donde Brandon cocinaba.

Bastian se encontraba en el sofá que estaba en sentido opuesto a la reposera, estaba cruzado de piernas y solo llevaba una bata por lo que parecía, tenía una tablet en su mano y se reía de algún vídeo.

Sasha se detuvo al comienzo de la piscina. El sonido de la música y la tranquilidad le impidieron al muchacho percatarse de que estaba siendo observado. Sasha tragó saliva. La imagen de su Miko riendo, leyendo alguna tontería, entretanto disfrutaba de la paz de su pequeño hogar.

«Hogar que tú le robaste y mancillaste para luego huir».

Tarde se dio cuenta Sasha de que poseía una conciencia y que ella le estaba jugando una mala pasada. La vista de Bastian fue hacia el hombre, sus miradas se encontraron y la comparación con Miko se hizo más fuerte en su corazón. El miedo y la sorpresa surcaron cada gesto.

—¿De verdad las personas hacen toda esta tontería?

—Las personas hacen lo necesario para sentirse bien y encontrar su camino.

—Claro, entonces si yo vengo y le cuento que soy casado y me tiro a toda la ciudad, ¿usted sería capaz de guiarme por el camino correcto?

—No puedes salvar al que no desea ser salvado, intento aconsejar, pero cada ser humano tiene lo que se llama libre albedrío. Son sus decisiones las que van a generar determinadas consecuencias.

El muchacho se estremeció, miró hacia el interior de su hogar, pero Brandon estaba concentrado en el manjar que preparaba. Sasha apuntó, la perplejidad inundó su rostro, pero no se amedrentó, ni bajó la mirada.

—Cariño, ¿te parece si le agrego roquefort a…?

Bastian observó a Brandon quien se encontró con la mirada de Sasha. El agua corría en medio de ellos, la cascada era un sonido incesante que, en lugar de traer calma como hacía solo unos minutos, creaba tensión.

—Charles.—Bastian habló con un hilo de voz.

—Tranquilo—dijo Brandon y estrechó la mano para que fuera hacia él.

Bastian, sin dudar un segundo, se acercó a él. La seguridad, la confianza enojaron a Sasha. No había dudas en el rostro del joven, ese hombre moriría por él y para protegerlo ¿Qué mejor venganza sería asesinarlo?

—¿Qué haces aquí?—La voz de Brandon fue dura.

—Voy a terminar mi trabajo—replicó Sasha mientras apuntaba a Bastian. Brandon lo colocó detrás de él.

—El trabajo terminó y tú perdiste.—Brandon recordó—. No es mi culpa que hayas escogido el bando equivocado.

Sasha chasqueó la lengua, fue el momento en que se percató de que estaba temblando.

«Ojalá algún día te puedas ver como yo te veo, Sasha Kozlov. Ruego a Dios por eso, por tu salud, por tu vida , por lo que harás cuando te vayas de aquí. Lo hago y jamás me arrepentiré de ello».

Miko confió en él de la misma forma que ese muchacho se entregaba a Brandon. La diferencia es que Brandon le había demostrado que daría todo por él, incluso lo que no tenía, mientras que Miko confió con su corazón limpio y recibió migajas.

—¿Lo amas?—Sasha preguntó a Brandon acerca de su amor y este lo abrazó con fuerza.

—Más que a mi vida.

Sasha rio sin humor, ¿para qué se molestaba en hacer preguntas de las cuales ya conocía las respuestas?

—¿Morirías por él?

—Sin dudarlo.

—No, Charles, por favor. —Bastian habló y fue para pedirle a su amor que no arriesgara su vida por él. Brandon lo acarició y lo tranquilizó. Las lágrimas corrían por las suaves mejillas.

—¿Matarías por él?

Charles tragó saliva.

—Haría arder el mundo por él.

Sasha elevó el rifle y los dos amantes se abrazaron a la espera de su ejecución. Brandon enfrentó su sentencia sin bajar la mirada.

—Muy bien—Sasha acarició el gatillo—, que así sea entonces.