30 No te vayas
Miko se sentó en el piso del baño y se hizo un ovillo.
Lloró como hacía mucho tiempo no lo hacía.
Sasha no iba a quedarse, no lo elegiría por sobre la sangre.
Era un hombre de guerra y siempre iba a serlo.
Racionalmente Miko lo sabía, pero su corazón, su corazón idiota que había renunciado al mismo Dios por él, no supo qué hacer.
No quería mostrarle que esto le afectaba, después de todo, Sasha nunca le hizo promesas de amor eterno.
«¿Me elegirías por encima de Dios?».
¿Por qué le había preguntado eso si no pensaba renunciar a su venganza? Miko no entendía. Se puso de pie y se limpió el rostro. Salió del baño y caminó hacia la habitación en donde encontró a Sasha sentado en la cama. Observaba el celular y daba suspiros.
—¿Estás bien?
—Sí—replicó de inmediato—, estoy planificando los próximos pasos. Tengo un pasaje de avión a Ciudad del Cabo que sale dentro de cuatro horas.
Miko se limpió las manos sudadas en su pantalón corto, ese que se había quitado y le habían arrancado de la piel decenas de veces.
—¿Tan pronto?—preguntó con un hilo de voz y Sasha asintió con su vista en él.
—No me mires así, chinito. Tú sabías cómo sería.
Miko se derrumbó en llanto. Sasha apretó los puños con rabia y tristeza.
—Quédate conmigo.—Las palabras salieron de la boca sin pensar demasiado. Miko se montó a su regazo y lo abrazó—. Puedo abandonar esto por ti, puedo ser…
—¿Abandonar a tu iglesia? ¿A la gente que te necesita?—Sasha lo apartó con suavidad—¿Sabes lo que sufrirás con esa decisión?
—No me importa. Si me dejas, no voy a recuperarme.—El nudo en la garganta era tan intrincado que hizo que le dolieran hasta los oídos—. Tú me enseñaste cosas maravillosas.
Sasha rio sin humor.
—Te enseñé a follar, padre Subaru. Créeme, no necesitas un gran talento para eso, de hecho, puedes conseguir a alguien más si le agarraste el gustito.
Miko frunció el ceño.
—¿Qué estás diciendo? ¿Piensas que soy un cualquiera que me entregaría al primero que pase?
Sasha dio un suspiro y negó.
—No, no quise decir eso, solo…—Sasha lo apartó y se levantó—. Se terminó, padre Subaru. Puedes entenderlo o quedarte con la rabia, yo me voy.
Miko se limpió las lágrimas y Sasha se dirigió al baño. El sacerdote lo siguió. Se paró en el umbral de la puerta con sus manos en oración.
—Te amo, Sasha—confesó porque ya nada importaba de todos modos—.
Me he enamorado de ti. Soy capaz de todo por ti.
Renunciaría a mis votos, a esta vida, al mundo si es preciso, pero jamás dejaría de amarte.
Sé que no lo parece, sé que a lo mejor no he mostrado más allá mis intenciones, pero quiero una vida contigo.
No me importa lo que diga la gente, o toda la congregación eclesiástica. Te amo ¡Te amo, maldita sea!
Sasha apoyó sus manos en el lavabo. Su cabeza gacha, pensativo, pero decidido al mismo tiempo.
—Me la deben, Miko. No voy a renunciar ahora. Voy a asesinar al hijo de puta de Charles Brandon y después eliminaré a Novikov. No hay nada más que hablar.
—¿Por qué odias de ese modo a Brandon? Entiendo lo de tu jefe, pero ese hombre, ¿qué hizo?
—Me pagaron por asesinarlo y yo no dejo trabajos sin terminar, eso es todo.
—No—Miko dio un suspiro y se limpió las lágrimas—, hay algo más.
Sasha le dio una sonrisa de labios cerrados.
—Me encanta que todavía tengas la puta esperanza de comprender cómo funciona mi cerebro.—Algo se rompió en Miko en ese momento. Sasha se percató de ello, y supo que era mejor así. Pasó a su lado y le tocó el hombro—. Cuídate, padre Subaru. Buena suerte.
Miko no le respondió, solo se limitó a mirar al piso. Cuando la puerta se cerró detrás de él cayó de rodillas al suelo y se derrumbó en llanto.
***
—¿Quién es el mejor? ¿Quiero que lo digas, Sasha Kozlov? ¿Quién es el mejor?
—Cierra la boca y dime, ¿conseguiste todo?
—Martin Campbell no ha perdido su toque, hermano. Revisa tu correo, tienes un pasaje de ida y vuelta a Sudáfrica. La ubicación de tu querido teniente Brandon, y de su novio.
—Espera un momento, ¿Charles Brandon tiene un novio?
—Claro que sí, una cosita bella veinte años menor. Sí, lo de Sugar daddy al parecer se le da bien. Una vez que termines tu trabajo, deberás viajar a Suiza en donde te espera una nueva cuenta bancaria a la que serán transferidos tus fondos, al menos, los que no fueron congelados por tu jefe.
—¿Qué sabes de Novikov?
—Continúa apostado en Rusia, a la espera de novedades en torno a ti, al parecer te subestimé, ocultarte con el curita fue bastante bueno. Me imagino su felicidad al deshacerse de ti.
Sasha observó el boleto de avión mientras esperaba en la sala VIP del aeropuerto.
«Te amo, Sasha».
No había forma de que alguna vez se olvidara de Miko Subaru. Sasha se resignó a vivir con el recuerdo de la persona más bella y dulce que conocería en su vida. Martin había movido cielo y tierra para sacarlo de Alemania, para que él pudiera comenzar una nueva vida, pero ¿realmente deseaba eso?
«Ya tenías una nueva vida».
Sasha sacudió la cabeza. Una pareja de hombres se sentó frente a él.
Ambos estaban de la mano y hablaban muy cerca.
Sasha creció en un país en donde ser diferente se castigó con la muerte por muchos años, ahora eran tolerados, pero no necesariamente queridos.
Él mismo había lanzado desdeños sobre su pobre hermano menor cuando se enamoró de su entrenador.
Lo único que le quedaba era la venganza.
Era cerrar este capítulo y después pensar en qué haría por el resto de su vida.
La idea de una playa paradisiaca era buena, pero ¿acaso no había conocido ya el paraíso?
¿Acaso no lo había desechado como si no fuera nada?
Dio un suspiro y se concentró en su objetivo. Martin le había enviado toda la información necesaria para sus próximas veinticuatro horas. El plan era sencillo, infalible, Charles Brandon no lo esperaba. Lo mataría y este nunca se enteraría cómo pasó.
El altavoz anunció el embarque del vuelo. Sasha asió su bolso y la chaqueta. Las pertenencias que lo venían acompañando desde que toda esa locura comenzó, desde el momento en que pensó que deshacerse de Novikov y su amante era algo sencillo.
Una punzada de remordimiento atravesó su cuerpo.
—¿Es que eres incapaz de ver bondad?
—No estoy acostumbrado a recibir muestras de cariño o caridad. Tarde o temprano la gente muestra su verdadera cara.
—Nunca tendrás a nadie a tu lado si piensas así.
—No lo necesito, no me queda mucha vida después de todo.
«Adiós, chinito».
Sasha dio un suspiro profundo, y por un instante, el aroma a lavanda y menta invadió sus fosas nasales.
«Mío».