29 Tráelo a casa
Ciudad de Ginza, Tokio, Japón.
Tres días después.
—Sasha Kozlov.—Kaname observó las imágenes del hombre sobre la pantalla frente a todos sus saiko koman .
Uno de ellos explicaba—. Es un militar ruso de treinta y ocho años.
Perteneció a la unidad élite rusa. Estuvo con los Spetsnaz alrededor de cinco años y después se unió al grupo Wagner.
Ha actuado en países como el Congo, Namibia, Sudán del sur y Venezuela.
Era mano derecho de Vitali Novikov hasta que ocurrió un hecho confuso que obligó a Sasha a darse de baja.
—¿Qué sucedió?—Kaname frunció el ceño.
—A este hombre se lo acusa de estar en medio de un triángulo amoroso con el hijo de Novikov, el cual, fue descubierto por Kozlov. Eso derivó en la muerte de Darío Novikov y en la desaparición de su amante, un ruso llamado Talo Petrov.
—Interesante.—Kaname se acarició el mentón— ¿Esta versión ha sido confirmada?
—Nadie la confirmó—señaló el hombre—, pero las sospechas son claras. El grupo Wagner se ha desplegado en busca de Kozlov. No es la primera vez que está rodeado de rumores acerca de su sexualidad.
—¿Cómo es que lo mantuvieron en el ejército? Ellos odian la homosexualidad.
—Hay un hecho sucedido en un colegio militar de Moscú. Kozlov y otro de los alumnos tenían un romance, dos instructores intentaron amedrentarlos, pero las cosas se salieron de control.
—¿Lo mataron?
—Se hizo pasar el hecho como un accidente para proteger a los instructores, años después ambos hombres fueron encontrados muertos.
—Kozlov.—Kaname sonrió.
—Nunca se comprobó, pero es lo más probable. No es un hombre para tomarse a la ligera. Tiene la fuerza, la destreza, el profesionalismo y está completamente loco.
—Entiendo.—Kaname lo pensó por un segundo. No iba a seguir exponiendo a su organización a las represalias y muchos menos, lejos de Japón. De pronto, todo tuvo sentido. Si no puedes contra el enemigo, únete con sus enemigos para destruirlo—. Comunícame con Novikov.
—¿ Oyabun ?
Kaname levantó la mirada. Los saiko koman estaban en silencio.
—Novikov me ayudará a capturar a mi sobrino y él tendrá su venganza.
—El grupo Wagner recibe directrices políticas, no es solo un grupo de mercenarios.
—Haz lo que te digo—replicó y el asesor asintió—. Del resto me encargaré yo.
—Enseguida, Oyabun .
El hombre hizo una reverencia y se marchó. El resto de los asesores lo observó.
—¿Algo que quieran decir?
—Está loco.
Fue inevitable, tarde o temprano, alguno permitiría que su temperamento emergiera.
—No—replicó Kaname en calma—, solo aseguro mi poder. Miko Subaru regresará a casa, le guste o no.
—Su venganza nos costará todo.
—¿Qué te puede costar a ti?—preguntó con un atisbo de diversión—. Yo soy lo único que queda de esta familia. Si muero, todo se perderá, así que, es lo mismo. No tengo miedo a la muerte, pero lucharé con uñas y dientes por mantenerme vivo.
—Miko Subaru es un sacerdote, jamás ha mostrado interés en la organización y es un mestizo.
—¿Sabes cuál es la diferencia entre ustedes y yo?—Kaname se puso de pie y caminó con sus manos en la espalda—. Ustedes presumen y yo asumo. El bastardo jamás luchó por el poder, pero eso no significa que no lo hará y menos ahora cuando tiene cerca a un aliado tan habilidoso.
— Oyabun , es solo un hombre.
Kaname negó ante la supina ignorancia.
—No es un hombre, es un asesino de élite.
***
Sasha veía una película mientras que Miko leía un libro. Ambos estaban en el sofá. Miko se mordió el labio y pensó en que casi parecían una pareja de verdad, casi.
—¿Me elegirías por encima de Dios?
—Sí, Sasha. Te elegiría sobre todo, incluso por encima de Dios, y esa es mi condena.
Le dio vueltas a la conversación con su amante después del crudo orgasmo. Se preguntó si Dios lo perdonaría por amar a un hombre, se preguntó si merecía perdón o si incluso estaba arrepentido. La respuesta fue un no rotundo.
Miko no se arrepentía. Le había agradecido a Dios su vida, le había pedido por sus feligreses, porque ellos carecían de la culpa de sus deseos egoístas, y, llegada la tarde, habían hecho el amor de nuevo como cada día.
Sasha, la bestia insaciable que se adueñaba y marcaba su cuerpo sin reparos, él, un pobre tonto que estaba viviendo un cuento que ni él mismo creía.
—¿Qué estás pensando, chinito?
Sasha rio sin mirarlo cuando Miko se acurrucó en su regazo.
—Nada, solo tonterías.
—¿Qué clase de tonterías?
—Solo eso.—Miko se sonrojó. Sasha lo asió del cabello con fuerza. El sacerdote pensó en lo loco que estaba para acostumbrarse a los arrebatos agresivos del mercenario, pero quizás era la única forma en que sabía demostrar sus sentimientos.
—Eres un mentiroso patético.—Sasha lo besó antes de Miko le respondiera. El sacerdote gimió al borde de la asfixia, el hombre lo liberó y lo observó—. Chúpamela.
Miko abrió sus ojos con sorpresa, en lo que llevaban juntos, Sasha no le había pedido aquello.
La destreza en los orales del ruso era única, de todos modos, no iba a negarse.
Se retiró del regazo, se puso de rodillas y se colocó entre las piernas del tipo.
Sasha se bajó la cremallera. La única luz presente en el ambiente era la de la pantalla del televisor y el velador al lado del viejo sofá.
Sasha asió su enorme miembro y lo puso en la cara de Miko.
Este lo sujetó con ambas manos, era de color rojizo, la punta poseía un color más intenso y tenía una enorme vena que lo surcaba desde el glande hasta los testículos.
Era hermoso, diferente al suyo, pero bello.
Sasha estaba completamente depilado allí.
Miko saboreó la punta, jugó con ella y el líquido preseminal que salía a borbotones. Lo masturbó con ambas manos y Sasha tiró su cabeza hacia atrás, relajándose. Genial, estaba haciendo un buen trabajo. La lengua serpenteó ágil y divertida toda la extensión.
—Deja de jugar, chinito Métela en tu boca o yo lo haré.
Miko dio una risilla y obedeció. El trozo de carne caliente latió en su cavidad, el chico cerró los ojos y su cabeza descendió hasta que toda la extensión fue al interior. Los ojos de Sasha se abrieron y gimió.
—Por Dios, hombre, ¿es en serio?—Sus amantes siempre se quejaron de su enorme tamaño. Miko lo tomaba con gracia y deleite, como si lo hubiera hecho miles de veces. Ahuecó sus mejillas y Sasha percibió el pinchazo de placer.
Minuto tras minuto, Miko jugó con el glande, chupó a su gusto y succionó de una manera exquisita. Sasha le acarició el cabello, ¿por qué era tan perfecto?
—Estás hecho para tener mi verga en ti todo el tiempo.—Sasha afirmó con orgullo y posesividad—. Naciste para ser mío, chinito.
Miko gimió ante el halago y succionó con más fuerza.
Las caderas de Sasha se impulsaron hacia arriba y buscaron su liberación.
Miko acarició sus piernas y permitió que su amante usara su boca.
Sasha lo sujetó de la nuca y le impidió retirarse, pero Miko jamás tuvo esa intención.
El semen golpeó su garganta, gota a gota, el sacerdote se percató de que él también estaba duro.
Sasha aflojó su agarre, la boca se retiró y su amante se limpió la comisura de sus labios, perdido en el placer.
Sasha metió su pie entre las piernas de Miko y este gimió.
—Ponte de pie, quítate el pantalón, sube al sofá y móntame la cara.
Miko gimió de solo imaginarlo. Obedeció de inmediato. Se arrancó el pantalón corto que era lo único que llevaba, se trepó al sofá y apoyó un pie en un costado y el otro del otro lado, dejando a Sasha en medio. El mercenario apoyó su cabeza en el cabecero y abrió la boca.
—Dame leche.—Era un guarro asqueroso. Miko se avergonzaba de todo lo que decía, pero al mismo tiempo, lo excitaba. Miko obedeció, asió su miembro y lo puso en la boca, la cual lo devoró.
No duró mucho, fueron apenas unas succiones y un par de jaloncitos para que Miko se liberara.
Sus piernas trémulas hicieron que cayera sobre el regazo de Sasha quien limpiaba con su lengua los restos de la corrida.
Los hombres se besaron y compartieron su sabor.
Sasha lo abrazó y respiró en su cuello. Estaban cansados, pero de algún modo, nunca se saciaban.
El celular de Miko vibró sobre el extremo del sofá. Sasha lo asió y observó el número. Su rostro plagado de éxtasis se tiñó de preocupación, no de alivio.
—¿Quién es?—preguntó Miko que ya se había hecho la idea que Sasha nunca le devolvería su celular.
—Es Martin Campbell, mi contacto—explicó—, es un mensaje.
Miko tragó saliva y su corazón se aceleró.
—¿Te vas?
Sasha le dio un beso en la frente. Un beso diferente a todo lo vivido.
—Sí, padre Subaru. Es el momento de irme.