27 ¿Estás enamorado de él?
Ya no había forma de parar. Miko dejó de intentarlo y hacer cuestionamientos sobre su vida o su ética. Se encargó de disfrutar a ese hombre.
«Es un asesino».
Sí, lo era. Sasha jamás negó su esencia, pero luego estaba el otro lado, ese que Miko adoró probar. Era un amante perfecto.
Estaban en el piso de la cocina, se habían levantado hacía solo media hora y Miko lo montaba como al mejor semental. Llevaban diez horas de sexo. Habían dormido apenas una media hora, pero se sentían renovados. Sasha le pellizcó los pezones.
—Vamos, chinito. Quiero verte saltar.
Su entrada sobre estimulada se encontraba suelta desde la noche anterior. El pene húmedo y resbaladizo encajaba en su interior de una manera perfecta. No podía dejar eso, Miko fue dolorosamente consciente de que las puertas del infierno se habían abierto y ya no había formas de cerrarlas.
Sasha lo volteó en el piso y se posicionó sobre él, las embestidas se tornaron más rápidas y violentas. Miko sollozó de placer, su cuerpo se estremeció ante el toque, ante sus besos y chupetones, ante el cruel salvajismo que lo transformaba a él mismo en una bestia insaciable.
«Esto es vida».
Miko cerró los ojos y estalló entre ambos abdominales. El semen salpicó el abdomen, pecho e incluso los labios de Sasha y este solo lo chupó y lo saboreó sin dejar de embestir con fuerza.
—Sabes rico.—Sasha musitó sobre sus labios y los chupó—. Eres irresistible, chinito.—Miko lo abrazó con sus brazos y piernas.
El mercenario lo embistió con lujuria y posesividad.
Ese cuerpo debajo de él era suyo. Todo lo que sabía, se lo había enseñado él y el orgullo palpitó en su interior.
Se besaron de nuevo, está vez con lentitud, gozando el postorgasmo alucinante.
Un golpe en la puerta los sacó de la ensoñación. Los dos se observaron.
—Padre Subaru.
—¡Es Anastasia!—gritaron al unísono y se pusieron de pie.
—Voy en un minuto, amiga—señaló el sacerdote mientras buscaba su ropa y el semen corría por sus piernas. Puso los ojos en blanco. Genial.
Arreglaron la casa y a ellos mismos de la mejor manera posible. Miko se colocó la camisa gris y el alzacuello. Lo último que necesitaba es que su amiga viera los chupetones de solo minutos atrás.
Miko abrió la puerta con una enorme sonrisa. No es que fuera hipócrita, de hecho, después del polvo de Sasha, el sacerdote sentía como una especie de reseteo. Su cuerpo se llenaba de entusiasmo. Increíble todo lo que lograba ese hombre de treinta y ocho años.
—Buenos días, Ana.
—Padre Subaru.—La mujer lo abrazó e ingresó a la casa—.Traje strudel de manzana.
—Has alegrado un poco más mi mañana entonces.
—¿Sasha no ha llegado aún? Dijo que me ayudaría a organizar la semana.
Miko frenó una carcajada. ¿De verdad se había ofrecido a eso?
—Sí, hace un rato. —Miko mintió sin alternativas—. Creo que está en el baño.
Sasha se presentó en la cocina cinco minutos después. Saludó a Anastasia y desayunaron con la exquisitez que la mujer preparó.
Organizaron la semana con los voluntarios. Sasha aportó ideas y Miko sintió que todo era surrealista. Ese hombre había penetrado cada espacio de su vida, pero las mentiras, tarde o temprano, salen a la luz, sobre todo, si eres un mal mentiroso.
Miko se arregló el cabello y se sentó en su despacho para armar la lista de compras de la semana para la iglesia con el dinero recaudado. Anastasia le ayudó.
—¿Qué piensa hacer, padre?
Miko sonrió.
—¿Con qué?—El rostro de Anastasia era serio. La sonrisa divertida de Miko se desvaneció—¿Cómo lo supiste?
—Lo escuché cuando llegué a tocar la puerta.
No es precisamente sutil en sus gemidos.
—Miko se sonrojó. El hecho de saber que era tan desvergonzado y que nada le importaba cuando estaba en los brazos de Sasha, hizo que quisiera encontrar un hoyo y enterrarse allí por toda la eternidad.
Anastasia se acercó y le puso la mano en el hombro—.
Usted no sabe mentir, padre Subaru. Eso es bueno en la mayoría de los casos, pero esto es un problema.
Lo intuí desde el primer momento. Sus ojos tienen un brillo especial cuando está a su lado, y a él le sucede lo mismo.
Miko frunció el ceño.
—Sé que está mal, he luchado toda mi vida por dar el mejor ejemplo, y ahora solo soy un promiscuo.
La mujer se humedeció los labios con tristeza.
—¿Está enamorado de él?
Miko negó.
—No, no lo estoy, es solo carnal. Es físico, su boca, la manera en que me besa y todo mi cuerpo se estremece. Una sensación desconocida, peligrosa, pero irresistible. Me hace temblar, me llena de una alegría inenarrable.—Anastasia comenzó a reír fuerte. Miko frunció el ceño—¿Qué es tan gracioso?
—Padre Subaru lamento decirle que sí lo está. Está muy enamorado y ni siquiera se ha dado cuenta.
—No digas eso, por favor no lo digas.
Anastasia dejó de reír y tragó saliva.
—Usted ya lo sabía, solo que estaba en negación.
—De por sí es malo enamorarse siendo un cura, pero encima él, eso es suicida.
—¿Por qué dice eso?
Miko juntó sus brazos en el escritorio y descansó su rostro en ellos.
—Él no es un buen hombre. Tiene un pasado muy duro, pero terrible al mismo tiempo.
Sasha le advirtió que toda persona que conociera toda la historia corría peligro, así que, no daría mayores detalles.
—A usted le hace bien de maneras inimaginables. Yo creo que tan malo no debe ser.
Miko se echó hacia atrás en la silla y afirmó sus codos en los reposabrazos. El corazón estaba a punto de salirse de su pecho.
—¿Vas a informar esto?
Anastasia negó con firmeza.
—¿Cómo cree que haría algo así, después de todo lo que nos ayudó a mí y a mi esposo?
—No puedo pedirte que mientas por mí, porque Dios te pedirá cuentas por tus acciones de manera individual. Es tu conciencia, Anastasia.
—Dios sabe que es un buen hombre y que no está haciendo nada malo.
Miko comenzó a reír.
—He roto los votos que juré preservar toda mi vida.
Le hablo a la gente de redención cuando yo estoy condenado, confieso a personas y me atrevo a aconsejarles.
Soy un hipócrita, Anastasia. Me miro al espejo y soy incapaz de ver más allá.
Entonces, cuando decido que esto no debe continuar, Sasha aparece y mi seguridad vuela por los aires.
—Tiene que ser cuidadoso , más que nunca.
—¿La gente ha comenzado a hablar?
—No, están entretenidos con otros chismes, pero, en algún momento, se enfocarán en usted o en Sasha. No es justo que pierda todo por alguien que, de seguro, pasado unos meses, se irá.
—Menos que eso.
Miko sintió el vacío que llenó su estómago.
Sasha se iría pronto. Solo esperaba la llamada de su amigo para partir y hacer lo que mejor sabía.
Los Yakuza no habían regresado, pero solo era cuestión de tiempo.
Aparecieron cuando él era apenas un bebé, luego a sus cinco años y ahora una vez más ¿Qué los detendría cuando ya conocían su paradero?
—Huele a él todo el tiempo. Ese fue el primer indicio.
Miko pestañeó ante la afirmación de la mujer.
—¿Cómo dices?
—Usted no se da cuenta, pero hay mujeres como yo, a las cuales, no se les escapa nada.
Su aroma ha dejado de ser suyo. Está impregnado por una colonia y un aroma a cigarrillos que jamás percibí hasta que Sasha entró en su vida.
Debe cuidar los pequeños detalles, esos son los que destapan los grandes secretos.
Miko se olfateó y reconoció que Anastasia tenía razón.
—Lo tendré en cuenta.
—Usted nunca se ha permitido ningún placer de este mundo, padre Subaru. Ahora, solo ha comenzado a entender que, incluso siendo un ángel, está con los pies en la tierra.
—Sasha genera cosas en mí que no sabía que existían. Deseos que nunca salieron a la luz.
Anastasia sonrió.
—Lo dicho, está enamorado.
—No es posible, no puedo enamorarme de él.
Anastasia puso los ojos en blanco a su lado.
—Ojalá pudiéramos decidir a quién le entregamos el corazón, padre Subaru, sin duda, la vida sería menos dolorosa.