Sacrílego (Prohibidos 1) 26 Lágrimas
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26 Lágrimas

Sasha sintió la calidez que lo arropaba cuando volvió en sí, cuando regresó a la actualidad y comprendió que seguía cerca de ese sacerdote que lo frustraba. Miko lo tenía abrazado y lloraba a su lado para variar. Era una especie de dique sin contención, al cual, nunca se le agotaban las reservas.

—Lo siento, lamento tanto que lo perdieras.

—Sí, yo también, aun así, no fue tu culpa, así que, deja de llorar. Tu complejo de salvador es irritante.

Miko se limpió las lágrimas y se apartó, fue cuando se percató de que los ojos de Sasha también estaban brillantes.

—¿Por qué no te permites llorar?

—¿Para qué?—Sasha se recompuso—¿Eso cambiará algo? ¿Mijail, de pronto, volverá a la vida? ¿Tendré la posibilidad de decirle te amo? Dime, ¿qué has arreglado con tus lágrimas? ¿Trajiste a tu familia de vuelta? ¿Tu mamá resucitó?

Sasha frenó su lengua, pero fue tarde. Su mirada fue hacia el piso. Miko volvió a mirar la cruz delante de él.

—Todo lo ocurrido me trajo hasta aquí, Sasha Kozlov.

El abuso de mi madre, su muerte, el desamor con la esposa de mi hermano, los consejos del padre Orlando, los asesinos que van y vienen en busca de mi sangre, tú, todo me trajo a este segundo en el que estoy frente a la cruz y reconozco la grandeza de Dios, reconozco mi grandeza y mi fuerza y reconozco que jamás tuve que herir a nadie para avanzar en la vida.

—Sasha miró sus manos. Miko se puso de pie y se persignó—.

Ojalá algún día te puedas ver como yo te veo, Sasha Kozlov.

Ruego a Dios por eso, por tu salud, por tu vida , por lo que harás cuando te vayas de aquí. Lo hago y jamás me arrepentiré de ello.

Miko caminó lejos del altar. Sasha se quedó allí ensimismado cuando sus ojos empezaron a humedecerse. Estaba llorando.

Las lágrimas recorrieron su rostro cual tormenta de verano. Sasha lloró por primera vez desde aquella mañana en que la vida de su amor se congeló. Fue incontrolable, las emociones que siempre estuvieron allí afloraron. Un río que se derrite con la llegada de la primavera.

El sabor del primer beso, su perfume, sus manos que lo recorrieron temblorosas la primera vez que yacieron juntos. Las conversaciones, las risas juguetonas y ,una vez más, las palabras no dichas cubrieron todo.

—Te amo. Te amo.—Sasha sollozó y se echó de rodillas.

Se cubrió el rostro y entendió las palabras de Miko.

Todo lo ocurrido lo había llevado hasta ahí.

Su corazón latió con más fuerza, un aroma a rosas inundó sus fosas nasales, y, de pronto sintió que no estaba solo, que, a pesar del dolor, nunca lo estuvo.

Se abrazó a sí mismo y lloró, pero el llanto ahora se tornó una amalgama de nostalgia y felicidad.

Estaba ahí, estaba vivo, respiraba, sentía, estaba sintiendo.

No era un pedazo de hielo como pensó, era un ser humano, uno por cuyas venas corría sangre tibia.

No era un reptil como lo habían llamado sus camaradas.

Ya no necesitaba serlo, no en ese momento en el que Dios lo encontraba y lo abrazaba.

***

Regresó a la casa dos horas después. Miko dormía en el sofá, Sasha se sentó a su lado. Estaba de costado, llevaba un pantalón corto y una camiseta sin mangas, solo estaba cubierto con una fina sábana. Sasha rozó un mechón de cabello que había caído sobre su frente y lo acomodó detrás de su oreja.

Los ojos de Miko se abrieron. Tragó saliva y volvió a cerrarlos.

—¿Qué haces aquí?—preguntó—. Es tarde.

—Recién llego.—Sasha admitió y lo besó.

Miko no buscó apartarse, sus labios se abrieron y recibieron la lengua de Sasha quien lo presionó con todo su cuerpo.

—Vete a dormir Sasha.—Miko pidió, pero el hombre no tenía planeado irse sin él.

—Acuéstate conmigo.

—Sabes que no puedo.

—Sí puedes, te necesito hoy. Vamos. No te hagas el difícil.

Miko rio y negó.

—Muy gracioso decirle eso a un sacerdote, al cual, dejaste cojo.

—Prometo ser más suave.

—No mientas.—Miko lo reprendió. Sasha volvió a besarlo.

Miko le devolvió el beso con hambre. Llevaba cuatro días luchando contra la tentación.

Lo deseaba más que nada. Era vergonzoso pensar en ello, pero era la verdad.

Miko le acarició la barbilla, tenía una barba incipiente.

Sus ojos estaban hinchados—. Estuviste llorando—afirmó y Sasha salpicó besos por la comisura de sus labios.

—Si, he llorado como jamás en mi vida.—Miko dejó que los besos se intensificaran. La boca codiciosa descendió hasta su cuello para plasmar chupetones en ella—.Te falté el respeto.—Sasha murmuró.

Miko dio un suspiro.

—Supongo que estás intentando pedirme disculpas a tu modo, pero no lo necesito.

—Qué bueno, porque no sé cómo pedir disculpas realmente. Nunca lo hice.

—El hecho de que lo reconozcas es un paso importante.

Sasha le devoró los labios una vez más. Miko gimió y se rindió a sus caricias y a esas manos que ya lo estaban desnudando.

«Prometiste guardar tus votos».

Una voz, una voz muy bajita le recordó el motivo por el cual estaba durmiendo en el sofá. Sasha levantó su camiseta y su boca se cerró sobre su pezón derecho, y luego sobre el izquierdo. Los retorcía con los dedos y no dejaba de observar a su amante quien se mordía el labio inferior.

—Estos me encantan.

Miko respondió con un gemido y frunció el ceño cuando succionó con fuerza.

Lo desnudó por completo. Su cabeza se perdió entre las piernas delgadas y tonificadas ,las cuales, se cerraron para mantener a su amante allí.

Miko se retorció, Sasha lo chupó como una paleta y el muchacho perdió la noción del tiempo.

Esto era lo más maravilloso que había probado en su vida.

Las manos de Sasha se sentían como si pertenecieran a su cuerpo.

El enorme hombre lo levantó y lo cargó en brazos hasta la cama.

Sus bocas no se despegaron. Su fuerza era excitante, el hecho de saber que ese tipo podía hacer lo que le placiera era un subidón que dejaba a Miko mareado.

Sasha lo arrojó en el centro de la cama y Miko respiró su aroma en las sábanas. Ya no había espacio en el que no estuviera presente.

—Date la vuelta.

Miko se mordió el labio inferior y obedeció.

La mesa de noche tenía el frasco de vaselina líquida sobre ella.

No había lugar a dudas que sucedería de nuevo.

Miko fue consciente en aquel momento, pero no se detuvo.

La boca de Sasha lo recorrió desde las pantorrillas hasta las nalgas y se enterró en ellas.

Miko dio un fuerte gemido y arqueó su espalda.

Sasha mordió y chupó sus nalgas. Nunca escatimó en todo el placer que daba, es como si el hombre disfrutara más dar en todo sentido de la palabra.

Miko se mordió los dedos de la mano y giró su cabeza hacia la zona donde Sasha trabajaba.

El mercenario asió la vaselina y la esparció sobre sus nalgas y su agujero.

Hundió un par de dedos y Miko se estremeció.

Las falanges se abrieron como tijeras y Miko empujó su trasero sobre ellas.

No tardó en dilatarse, Sasha no tardó en follarlo como quería.

Lo colocó de perfil, Sasha se sentó sobre sus talones.

Lo asió del culo y la cintura con potencia y lo embistió.

Un largo gemido abandonó la garganta de Miko que estuvo a punto de correrse en ese segundo.

A Sasha le ocurrió lo mismo. Habían pasado solo unos días, ¿cómo era posible extrañar tanto la cercanía de otro ser humano?

Es como si se hubiera ablandado, como si Miko fuera un refugio del cual no quería salir.

«No perteneces aquí».

Más de una vez al día el mercenario debía recordárselo, pero la soga se ataba al cuello con más fuerza cada día. Estaba atado al padre Subaru. Un hombre con el que jamás podría tener más que un polvo.

«¿Qué más pretendes de él?».

Sasha lo empotró con furia. Enojado con Miko y con él mismo, enojado por sus recuerdos y por lo que albergaba su corazón. Tenía uno, y seguía latiendo.

El vaivén violento, por momentos, se tornaba lento y profundo.

El canal lubricado se abría para él, sin restricciones.

Miko sollozaba de placer entre sus manos.

Sasha salió de su interior y se acostó de perfil, igual que su amante.

Rodeó su torso con un brazo y con su mano derecha guio su miembro al interior de nuevo.

Sus caderas tomaron impulso. Miko respondió sus embestidas con el mismo hambre.

Esta vez, Miko lo observó en medio de la brutal follada. Sus miradas se encontraron y el sacerdote entendió que había más, mucho más en esos orbes verdes grisáceos. Sasha lo besó con toda la pasión de su cuerpo, sus bocas, lenguas y dientes chocaron en un beso que ambos necesitaban.

La mano de Sasha fue al pene de Miko y lo masturbó al ritmo de las embestidas.

Miko gimió en su boca con entusiasmo y se vino en su mano.

Su interior se cerró y asfixió la verga de una manera cruel y deliciosa.

Sasha lo rebalsó. Gota a gota se derramó en el interior de ese hombre que, una vez que se entregaba, dejaba de poner objeciones. Eso le encantaba.

Sasha abandonó su entrada y Miko se giró hacia él.

Acarició su rostro y lo besó, limpiando sus lágrimas.

El mercenario frunció el ceño, cuando el sacerdote le sonrió en una mezcla de ternura y cálido placer.

Sasha entendió que debía marcharse de allí lo antes posible, porque de ningún modo podía haber llorado por un maldito orgasmo.

—No te asustes. Son solo lágrimas de placer.—Miko habló para espantar el miedo tatuado en los ojos del hombre.

—No tengo miedo.

Miko lo besó con hambre y lo volteó en la cama para posicionarse sobre él.

—Por supuesto, Sasha. Tranquilo, no diré nada más.