Sacrílego (Prohibidos 1) 20 Brutal
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20 Brutal

Un par de dedos se enterraron en el interior ardiente, Sasha se deleitó con la manera en que los músculos de Miko se relajaron para él.

—Nunca he estado con alguien virgen—dijo con un entusiasmo que hasta a él mismo le sorprendió, como si después de todos estos años encontrara un giro inesperado y placentero de la vida—. Mira cómo aprietas. Vamos, relájate así puedo entrar.

Una nueva falange golpeó, y Miko se estremeció, el dolor inundó su cuerpo.

Sasha le acarició la espalda con suavidad y lo folló despacio, los tres dedos extendían la entrada, el mercenario profundizó y Miko se arqueó, su culo estaba expuesto y listo para él, Sasha había encontrado su próstata.

Sacó sus dedos del cálido interior y los limpió en las sábanas, paso siguiente, vertió la vaselina líquida sobre su enorme pene y lo esparció con sus dedos de la base a la punta, el líquido cristalino era abundante, a tal punto que se derramaba sobre las sábanas que deberían cambiar después de eso.

Sasha esparció parte de la vaselina también sobre el coxis y las nalgas redondas blanquecinas que ahora poseían un color rosado intenso y tenían marcas de dientes en ellas.

El brillo en la piel lucía más erótico con la tenue luz de la lámpara de la mesa de noche.

Sasha apoyó el glande sobre la entrada y se deslizó al interior.

Miko jadeó, el aire escapó de sus pulmones, una mezcla extraña y deliciosa, el ardor se mezcló con el placer del cuerpo detrás de él, Sasha ingresó despacio, centímetro a centímetro, los músculos se relajaron y cedieron ante la intrusión.

Gimió ronco cuando estuvo enterrado hasta los testículos, todo su cuerpo envolvió como un manto al hombre debajo.

Miko adoró el contacto, la manera en que Sasha lo inmovilizó y se alojó en su interior, la respiración en su oído, los besos sobre su espalda y su cuello, todo se percibía intenso y devastador.

Miko descansó el lateral de su rostro en la almohada y dibujó una leve sonrisa de satisfacción en su rostro.

No quería que le robaran este momento, odiaba pensar en que esto que había encontrado sería algo que debería abandonar.

Sasha embistió, y un gemido agudo abandonó sus labios.

Sasha no fue delicado en absoluto, lo folló de la misma manera en que besaba y chupaba, violento e invasivo, profundo, dominante, un alfa total que mancillaba a su pareja sin miedo, ni duda. Sasha se estrelló contra las nalgas de Miko que se sujetó a la pobre almohada debajo de él.

—Miko—Sasha gimió, entretanto aceleró sus embestidas—, este culo me está volviendo loco.

Miko dio una risa entre la diversión y el placer.

Giró su rostro hacia el hombre detrás de él y lo besó, Sasha respondió el beso con ímpetu.

El mercenario follaba con cada fibra de su cuerpo, era implacable, una tormenta de fuego que lo desarmaba y le mostraba de qué estaba hecho, le reveló para qué estaba hecho y de todo lo que se había privado todos estos años sin saberlo.

La cama se meció hacia adelante con una fuerza abrumadora.

Las lenguas de los hombres danzaron en un festival de carne y pecado al que solo ellos dos estaban invitados.

No era como en sus fantasías, el verdadero Sasha Kozlov era incomparable, y Miko reconoció que la versión original era mil veces mejor.

—Ven aquí.—Sasha lo asió del pelo y Miko gimió, lo obligó a colocarse de manos y rodillas, pero ahora con sus imágenes puestas en el espejo de la pared opuesta.

Miko se congeló, quiso esquivar la escena, pero Sasha no lo permitió—.

Te quiero aquí, chinito. Quiero ver tus gestos al derretirte de placer cuando te embisto, me encanta tu cara, quiero verla así.

Las palabras sonaron como un panegírico, una alabanza hacia un ser, el cual Sasha todavía no podía creer que cayera en sus garras.

Sasha penetró el sensible cuerpo una vez más y Miko cerró los ojos desmoronándose en un jadeo profundo.

Sasha no le quitó la mirada de encima, lo asió del pelo, lo sostuvo de sus hombros, lo folló como le dio la gana y Miko se lo permitió, perdido en las sensaciones novedosas, en esa especie de dimensión paralela en la que había caído de una manera irreversible y brutal.

Las lágrimas, la saliva, el sudor fueron un cóctel que se derramó sobre su rostro extasiado, sobre esos ojos verdes y profundos que Sasha no podía dejar de mirar, la boca roja e hinchada se abría sin descanso.

Miko gimió con cada embestida que era más dura que la anterior.

Tal vez, esta era la forma retorcida en que Sasha iba a torturarlo, quizás era uno de esos juegos mentales en donde lo volvía loco.

Si era eso, pues felicitaciones, Sasha estaba teniendo una efectividad increíble.

Sasha tenía su mano derecha enredada en los mechones negros, lo sujetaba con tanta fuerza y lo embestía con tal potencia que Miko hizo una pronunciada mueca de dolor.

Sasha, atento a cada gesto, soltó su cabello y lo levantó con sus brazos debajo de las axilas de Miko, lo enderezó en la cama, la espalda sudorosa y las nalgas se adhirieron al torso musculoso y perlado del hombre rubio.

No había espacio de separación entre ambos, eran uno y era mágico.

Las miradas de Sasha y Miko se encontraron a través del espejo, la mano posesiva de Sasha navegó sobre el torso blanquecino cubierto de su propia saliva y de los cardenales que había esparcido, mejor dicho, los que había marcado hasta ahora, no significaba que fueran los últimos.

Miko era un lienzo blanco y puro en el que Sasha arrastraría su pincel hasta que la pintura se agotara y no hubiera un retazo de tela sin tocar.

Miko llevó el brazo derecho hacia atrás y su mano cayó en la nalga redonda y perfecta de Sasha.

—Quiero más.—Miko susurró y Sasha estuvo a punto de carcajearse. Estaba pidiendo más, el hombre puro y casto que se sonrojaba con una mirada estaba pidiendo más.

La mano izquierda de Sasha lo asió del mentón y le devoró la boca, la mano derecha pasó de la cadera hacia uno de los pezones el cual retorció.

Miko gimió alto en la boca del mercenario.

Sasha lo envolvió en su cuerpo y lo que vino después fue incomparable.

Si hasta ese momento, todo se sentía abrumador e intenso, este Sasha se tornó un ser de otro mundo.

Una máquina de sexo que lo empotró de una manera descomunal.

Miko chilló de placer y se desmoronó sobre el colchón, hilo tras hilo de líquido preseminal empaparon las sábanas.

Miko apoyó sus codos entre las sábanas y se observó en el espejo.

Se mordió el labio inferior cuando notó que Sasha seguía sin perderse un detalle del encuentro. Salió de su interior y Miko protestó.

—Ponte boca arriba. Abre las piernas.

Miko obedeció, como un corderito manso que encuentra a su pastor, su guía en un camino desconocido.

Sasha se coló entre sus piernas, y Miko enredó las suyas a la cintura de su amante.

El hombre le profanó la boca, o quizás ambos se comieron a besos porque Miko, esta vez, respondió sin vacilaciones.

Las estocadas eran diferentes ahora, más íntimas, los besos y chupetones poblaron su torso, Sasha encendió el fuego en su boca y una barra de acero incandescente en la parte baja que Miko adoró tener en su interior.

Todo el miedo se desvaneció, la culpa se arrastró a un cajoncito donde Miko no la sacaría todavía. Sasha lo empotró con entusiasmo salvaje.

—¿Estás cerca?—Sasha preguntó sobre su boca.

—Sí, muy cerca.—Miko replicó y Sasha asió el pene resbaladizo entre ambos y lo hizo gemir.

—Siente esto, ahora tendrás un espectáculo inolvidable, padre Subaru.

Sasha lo masturbó siguiendo la velocidad de las embestidas, largo y duro, rápido y duro, una y otra vez.

Miko tembló debajo de él, todo su cuerpo estalló en un orgasmo que lo llevó a las estrellas.

Gritó su nombre como en un lamento o un alarido de victoria, nadie sabría qué connotación darle, pero fue impresionante.

Sasha cerró los ojos y gimió alto cuando se corrió, el semen se sintió como un río el cual pretendía rebalsar cada parte de Miko.

—Jesús.—Sasha era agnóstico pero su boca solo pudo pronunciar esa alabanza.

Miko mantenía sus ojos cerrados y el mercenario lo embistió lento y profundo, hasta que la erección desapareció, pero sus cuerpos siguieron unidos.

La respiración de Miko era agitada, su rostro iba de un lado a otro, Sasha chupó sus labios, luego su mandíbula, su cuello y se enganchó al pezón izquierdo el cual succionó. Miko se retorció.

—Sasha.

—Quizás tengas un poco de ángel, padre Subaru.

—Sasha señaló en la nube postorgásmica—.

Me acabas de llevar al cielo.—Miko no supo cómo responder, acarició el cabello y el mentón de ese hombre sobre él.

Algo en su interior había cambiado de manera irreversible.

Miko no podía fingir después de lo sucedido, él había accedido a todo lo que Sasha le hizo y lo había disfrutado—.

Te quiero follar de nuevo.—Sasha musitó en su oído antes de plasmar un chupetón en la zona—. Déjame tenerte una vez más.

Miko lo besó, solo lo besó. Buscó sus labios de manera desesperada y lo confirmó. Sasha tenía derecho a hacer lo que le placiera con él y no se opondría. El mercenario se separó de su cuerpo y la sensación de vacío embargó a Miko. El hombre estiró su mano hacia él.

—¿Sasha?—Miko sostuvo su mano.

—Ven, vamos a la ducha. Te voy a tomar allí.