11 Confinamiento
La risa de Martin fue un sonido que mitigó el miedo que abrumaba el ambiente de la salita del hogar del padre Subaru.
—¿Me estás diciendo que estás en una iglesia? Por Dios, eres increíble, hijo de puta, de verdad.
—Te dije que me las arreglaría—explicó Sasha—. Aquí me mantendré hasta recibir novedades tuyas, que, por cierto, espero estés moviendo tu culo para conseguir lo que te pedí.
—¿Vas a matar al sacerdote?
Sasha observó alrededor. Miko estaba en su cuarto, se había refugiado allí luego de dejar un plato de estofado para él en la mesa. Sasha devoró la comida. Jamás había probado nada tan delicioso, o tal vez tenía mucha hambre. Para el caso era lo mismo.
—No es la idea.—Sasha se sinceró—. Es un medio, pero mi intención no es eliminarlo.
—Claro, ya no matas personas buenas.
—Lo intento—replicó Sasha—, ¿eso se tomaría como un avance?
Martin se restregó la cara.
—Sasha, ese hombre está rodeado de feligreses, tarde o temprano te va a delatar.
—No lo hará, no si quiere mantenerlos a salvo de mí. Ya le conté cómo le fue al último que me traicionó.
Martin dio un profundo suspiro.
—Asef está molesto conmigo, ¿sabes? Piensa que regresaré a esta vida.
—Pues deberías—replicó Sasha—, me resulta imposible pensar en un tipo como tú fuera de este negocio.
—Es la mejor decisión que tomé en mi vida—confesó Martin—, mi primer esposo murió a causa de esto, me niego a perder a Asef por lo mismo.
Sasha se encogió de hombros.
—¿Hombres como nosotros tenemos alternativa?
Martin frunció el ceño.
—Siempre la hay, solo que debes tener un aliciente que te impulse a encontrar algo mejor.
Sasha dio un gran suspiro de incredulidad.
—Muy bien, príncipe encantador, ahora dime, ¿qué sabes?
Martin le sonrió.
—Charles Brandon está convencido de tu muerte, ni siquiera ha hecho nuevas investigaciones. Se ha tornado descuidado, será fácil llegar a él.
—Al fin algo positivo—replicó Sasha—, ¿qué hay del dinero? ¿Novikov?
—Bueno, empecé con la buena noticia, ahora viene la mala—señaló Martin—, me informaron que Novikov está en Alemania y se ha puesto en contacto con el gobierno para su colaboración. Están cerca, Sasha.
—Eso no servirá, Alemania no va a colaborar con ellos—afirmó Sasha y Martin se encogió de hombros.
—Quizás no le brinde el apoyo explícito, pero lo que puedo decirte es que hasta ahora no se han pronunciado en contra del accionar de tus camaradas en el territorio. Hay miembros de Wagner en Alemania, están en alerta por ti.
Sasha apretó el puño y lo llevó a su boca.
—¿Qué hay de mis documentos?
Martin negó.
—Debes tener paciencia.
—Martin, la puta madre—insultó Sasha—, tengo a estos hijos de puta que me pisan los talones, debo encargarme de ellos como sea, o de lo contrario me matarán, o lo que sería peor, terminaré en Rusia de nuevo y conozco de primera mano lo que le sucede a los que…
—¿A quiénes? ¿A los traidores? ¿Es casi justicia poética no es así?—indagó con sorna y Sasha le mostró el dedo medio.
—Pues métete la justicia poética por el culo—expresó con la ira que buscaba emerger—.
Novikov y Brandon van a morir y lo voy a lograr así sea lo último que haga.
Sé que mis días están contados, soy consciente de que este momento puede ser el último, pero mientras haya una parte de mí que pueda seguir, no voy a detenerme.
Martin frunció el ceño.
—¿Por qué no escapar directamente?—Martin se encogió de hombros y movió las manos—¿Por qué te empeñas en ir tras tu muerte?
—Novikov no dejará de perseguirme en lo que me queda de vida, y en cuanto a Brandon, es lo que corresponde. Me pagaron para asesinarlo, así debe ser.
—¿Es nada más que eso?
—¿Qué más habría, imbécil?
—No lo sé.—Martin presionó en el punto de molestia y dolor—. Tu eterna rivalidad con él cuando el tipo ya dio vuelta de página.
—Qué conveniente para él dar vuelta de página cuando ha ganado una batalla. Pues, ahora va a darse cuenta de que, si no arrancas la maleza de raíz, esta vuelve a crecer.
Martin negó.
—Los hombres de Novikov están rondando, Sasha, te lo repito una vez más. Asegúrate de que el padre Miko mantenga la boca cerrada.
—Lo hará—aseguró Sasha—, es un hombre sensato a pesar del miedo. No habrá inconvenientes.
—Estás usando su celular, él que parece que ha perdido las últimas neuronas eres tú.
—El padrecito conseguirá un teléfono descartable, por ahora, esto es lo que tengo, o, tal vez, me quede con este.
—Si Novikov se entera de que te ayudó, sabes lo que va a sucederle a él. No tendrá piedad.
—Eso depende de ti, amigo.—Sasha señaló a la pantalla—. Muévete rápido y todo se solucionará. El padrecito hará de cuenta que nunca estuve aquí y yo obtendré mi venganza. Todos felices comiendo perdices. ¿No sería un final maravilloso?
***
El cielo se caía a pedazos esa noche. Era la primera noche que pasarían en Alemania, la primera de muchas, la primera de toda una vida. Miko se acurrucó en la cama que compartía con su hermano y lo abrazó con tanta fuerza que despertó a Dohko.
—Hey—Dohko, siempre maduro y protector, le acarició el cabello y dejó un beso en su frente—, son solo truenos, nada va a pasarnos.
—Extraño a mamá.
—Sí, yo también—el abrazo de su hermano se intensificó—, pero estamos vivos, y esa es nuestra recompensa. Mamá siempre lo dijo, mientras estemos vivos, mientras respiremos, vamos a encontrar motivos para avanzar.
Miko se hizo un ovillo en su cama envuelto en las sábanas y lloró por enésima vez. Vestía un pantalón corto blanco y una camiseta celeste sin mangas. Había dudado en quitarse la ropa, pero no tenía opción.
«Le perteneces».
Esa era la triste verdad. Escuchó la voz de Sasha proveniente de la sala.
«Un mes».
Debía estar bromeando, una broma macabra y cruel propia de un ser como él ¿Cómo soportaría un mes con Sasha a su lado?
Su rostro estaba adormecido, la mandíbula y el cuello habían tomado una coloración violeta que llamaría la atención de sus feligreses.
Iba a mentirles, por supuesto, pero ¿qué mentira no levantaría sospechas?
¿Cómo le explicaría a su amiga Anastasia el hecho de que ahora compartía su pequeño hogar con un gigante?
Las punzadas en la cabeza no se detuvieron pese a los analgésicos, Miko era incapaz de conciliar el sueño. Escuchó los pasos firmes sobre el piso de madera y la puerta de su recámara se abrió. Miko saltó de la cama, la mano derecha en su pecho. Sasha arqueó una ceja.
—¿Todavía despierto?—preguntó casual.
Miko tragó saliva cuando el tipo comenzó a desnudarse.
Lo primero que se quitó fue la camiseta negra.
Los ojos del sacerdote lo recorrieron, su piel blanquecina era una amalgama de cicatrices y tatuajes.
Había dos enormes hematomas del lado derecho, por su coloración eran muy recientes, además de heridas de arma blanca y de fuego.
Los ojos de Miko se encontraron con la mirada escrutadora de Sasha.
—¿Qué estás haciendo?—preguntó con un hilo de voz.
—¿No es obvio?—preguntó Sasha—. Ha sido un largo día. Voy a darme un baño y a dormir.
—No aquí.—Miko se negó—. Hazlo en el sofá.
—Mido dos metros con cinco centímetros, padrecito. No voy a entrar en el sofá, además, no quiero que se te ocurra la brillante idea de huir mientras estoy dormido, así que, voy a acostarme a tu lado, te guste o no.
—¿Es así como todo funciona para ti?—Miko se secó las lágrimas—¿Tomas lo que deseas, destruyes sin miramientos, sin pensar en nada más?
Sasha le dio una sonrisa de labios cerrados.
—Así es, chinito. Creo que lo has resumido bastante bien, pero, a diferencia de lo que tu mente cree, no tomo sexualmente a la fuerza a las personas, a menos claro, que eso les guste.
—Las mejillas de Miko se tiñeron de rojo—.
Solo para que tengas un poco de tranquilidad, súmale también que para nada eres mi tipo.
Te destruiría con solo una embestida, y me sirves más estando vivo en este momento.
Algo feo y agrio se asentó en el estómago de Miko, y lo peor es que no sabía expresar qué era lo más repugnante de todo lo dicho. El estúpido e irónico sentimiento de no sentirse elegido le molestó ¿Qué pasaba por su ridícula cabeza? ¿Es que de verdad esperaba que Sasha se sintiera atraído por él?
«Es tu captor. Despierta de una vez, Miko».
—No dormiré contigo—replicó tajante y Sasha le señaló una silla de madera rota al lado de la cama.
—Pues te acomodarás ahí entonces, pero de esta habitación tienes prohibido salir sin mi autorización. ¿quedó claro?
—Eres un…
—¿Qué?—Sasha se acercó y se agachó para quedar de frente con el sacerdote—¿Te das cuenta de que eres un puto cobarde? Ni siquiera eres capaz de insultar por miedo a las represalias divinas.
—¡Ahhhhhhhh!—El golpe fue rápido. Miko le asestó un derechazo y se lanzó sobre el hombre que cayó en la cama. Sasha lo asió de la muñeca con fuerza, llevó su brazo hacia la espalda, lo volteó boca abajo en el colchón—¡Bastardo hijo de puta! ¡Malnacido infeliz!
—¿Ves que no era tan difícil, chinito? Si tienes ganas de insultar, puedes hacerlo.
Nadie te detiene, excepto tu tonta conciencia susurrándote que, si eres tú mismo, vas a ser castigado—El aire se quedó en los pulmones cuando Sasha lo aplastó debajo de él—.
Siempre me pregunté quién confiesa a los curitas boca sucia como tú.
Miko gritó con toda su fuerza. Sasha rio y lo giró para colocarlo boca arriba.
El sacerdote pataleó y el hombre se posicionó entre sus piernas.
Miko estaba indefenso. No tenía oportunidad frente a un hombre de puro músculo y poder.
Sasha exudaba masculinidad en cada poro.
El sacerdote absorbió su aroma que ahora formaría parte de él.
Su perfume, una mezcla de maderas y sándalo, salvaje y persistente como su maldito captor que se mezclaba en un equilibrio perfecto con un suave aroma a tabaco.
Estaba expuesto frente a un hombre que no dudaría en tomarlo como se le diera la gana.Había dicho que no era del tipo que abusaban, pero ¿cómo creerle después de jactarse de todas sus acciones?
Una cosa era cierta, Sasha tenía la fuerza física para hacer lo que le placiera.
Una leve caricia con la punta de los dedos sobre su mandíbula y descendió sobre el cuello adornado por un color violáceo.Sus ojos verdes grisáceos lo recorrieron con un hambre voraz. Los dedos se deslizaron hacia abajo y serpentearon sobre el pecho cubierto por la delgada camiseta.
—¿Me tienes miedo padre Subaru?
—Sabes que sí.—Miko confesó con su respiración agitada. La sangre brotó del labio de Sasha. No quería pensar en las consecuencias de su osadía.
—¿Por qué me temes?
—¿Qué sentido tiene para ti esta conversación?—preguntó enojado.
Miko se estremeció cuando el dedo índice hizo círculos sobre el pezón. No lo estaba soñando, ese hombre estaba ahí.
—El miedo es un arma tan magnífica como impredecible. Un ser humano con miedo puede rendirse ante ti o atacarte. Nunca sabes qué hará. Nunca terminas de conocer la naturaleza de un animal que se siente acorralado.
—Te gusta que la gente te tenga miedo.Tienes el sadismo a flor de piel.
Sasha dio una risilla. Las charlas con el padre Subaru le parecían de lo más cómicas.
—Me gusta la combinación de miedo y excitación. Cuando te vuelves consciente de que puedo usarte para aterrorizarte o para el placer. Dime, ¿para qué quieres que te use?
El corazón de Miko se saltó un latido cuando la lengua de Sasha lamió sus labios.Su voz se extravió ante el contacto y las lágrimas rodaron por sus ojos. Ese hombre lo lastimaría más de lo que ya lo había hecho.
—¿Acaso no lo has decidido ya?—La voz de Miko se quebró y Sasha la dio una sonrisa ladina.Se movió a un costado y se apartó. Quedaron uno al lado del otro en la enorme cama que , en ese momento , para Miko parecía la litera de un ratoncito que debía compartir con un gato grande y hambriento.
—Ya duérmete, padrecito. Es tarde. —Sasha se colocó de perfil, su rictus serio—. Si vuelves a golpearme me vas a conocer, te lo garantizo. No te gustaría verme enojado.
Una vez que dijo sus palabras se dio media vuelta y se acomodó en su lugar de la cama.
Los ronquidos llenaron el ambiente casi de inmediato.
Miko se enfocó en el techo. Su cuerpo continuaba temblando.
Puso las manos en el centro de su pecho y le pidió a Dios fuerza, la fuerza necesaria para soportar todo lo que viniera.