Capítulo 48
Velkan
–T e consolará saber que esa misma noche me la robaron a mí.
Le mostré las manos con unas cicatrices bastante más gruesas y visibles. Cicatrices que no habían cerrado hasta pasados muchos días de cuidados, días en los que la infección fue deshaciéndose poco a poco.
El Hijo de Alastor rio. Lo cierto era que no le había prestado atención a su voz hasta aquellas carcajadas, porque mis oídos estaban completamente centrados en el latido raudo de Rina, escondida en el dormitorio.
Había aprendido a mimetizar su pulso, relajándolo de manera voluntaria para ser escuchada lo menos posible. Pero aun así seguía siendo una humana increíblemente fácil de detectar para cualquiera, incluso para aquel vampiro que rebosaba furia por cada orificio de su rostro.
—Dile a tu padre que ha perdido el tiempo persiguiéndonos, Markus.
—Han sido los Hijos de Nyra, ¿verdad? No trabajáis con ellos, os la han robado… —Aplaudió—. ¿Cómo es sentir cómo te arrebatan algo tan valioso de tus propias manos? ¿Cómo es que te quiten a tu familia? —Ladeó la cabeza—. Ah, no, espera, tú todavía la tienes, pero no te va a durar mucho.
—Atrévete —masculló Milo, poniéndose en la misma posición amenazante que Vanessa.
—No eres tú por quien quiero empezar. —Sonrió enseñándome los colmillos. Inhaló con profundidad—. Qué bien huele por aquí… ¿Dónde está esa follavampiros que atendió mi llamada?
Me lancé hacia Markus sin darle tiempo a abrir del todo la puerta de la habitación en la que se escondía Rina.
Lo agarré del cuello con una furia ardiente, pero, antes de poder siquiera clavarle los colmillos, observé atónito cómo una estaca le atravesaba el pecho hasta sobresalir por su espalda, con la punta goteando sangre sobre mis zapatos.
El cuerpo del vampiro se desplomó en mis manos y lo dejé caer.
Me encontré de frente con una Rina acelerada, de ojos velados clavados en el cadáver entre nosotros, respirando al mismo ritmo atroz que mi corazón ante tan solo la posibilidad de que algo le ocurriera.
—Rina. —Su nombre salió de mi boca casi como un rezo.
Desvié la atención unos instantes hacia la maleta que tenía abierta y revuelta en el suelo.
Sabía que todo ese tiempo había llevado su estaca consigo, la misma que se había hecho rompiendo la pata de la silla la primera noche en el sótano.
La misma que ocultaba bajo la almohada. La misma con la que fingía amenazarme.
Rina la había empuñado sin un ápice de miedo, de duda, de culpa.
Sonreí, exhalando con un alivio que me vació el pecho de miedo.
—Por Lilith, ¿estás bien?
Pero cuando quise acercarme a abrazarla sus ojos me acuchillaron y se echó un paso hacia atrás. Me señaló con el dedo con una violencia similar a aquella con la que había empuñado la estaca.
—Tú eres el verdadero ladrón dijiste que habíais encontrado la serpiente y que os la habían robado, no que se la habías robado tú antes a los Hijos de Alastor. Me… Me has mentido.
—Rina, escúchame.
—¡Me has mentido! Responde, ¿sí o no?
Su corazón me obligaba a acallar mis palabras.
Asentí con una molestia sobre la piel que me hizo desear arrancármela a tiras.
—No era una mentira del todo.
Rebufó con la irritación ardiendo en cada poro.
—Ni se te ocurra tratarme de tonta ahora.
Me miró con un mar de pena que podía ahogarme en aquel momento. Tragó saliva antes de murmurar:
—La culpa es mía, por confiar en criaturas como vosotros.
—Siento no habértelo contado, fue algo bastante bruto y sangriento y no quería que supieras que…
—¿Que eres un puto monstruo? —Negó con el cuello tenso—.
¿No lo entiendes? —Señaló el cuerpo entre nuestros pies—.
¡Me importan una mierda los vampiros que hayas matado o vayas a matar!
Por Lilith, a estas alturas me dan completamente igual todas las cosas terribles que hayas hecho.
¡Como si no hubiera rellenado decenas de incidencias con tu maldito nombre, Velkan!
¡Sé la bestia que eres y no me asusta! ¡Te quiero así!
—Chasqueó la lengua y salió por la puerta, esquivando mi cuerpo como si rozarme pudiera herirla—.
Lo que me aterra es haberme entregado a ti de maneras que juré que nunca haría mientras tú solo me has utilizado y mentido .
Solo sigo siendo tu puta herramienta para llegar a esa serpiente, no te importo lo suficiente como para confiar en mí.
—Rina, eso no es cierto —intervino la voz de Milo.
—No, Rina nada.
Los tres la observamos agacharse sobre el cuerpo de Markus, arrancarle con demasiado esfuerzo la estaca del pecho y lanzarla al fondo de la habitación.
Luego cogió uno de sus brazos e intentó tirar de él para alejarlo de la puerta y sacarlo de la habitación, pero solo logró moverlo unos centímetros.
—¿Te ayudo? —susurré.
Volvió a clavarme los ojos, asintió con brusquedad y se quedó observándome con los brazos cruzados mientras apartaba con poco esfuerzo el cuerpo.
—El próximo vampiro que pretenda entrar en esta habitación será el siguiente en reunirse con Lilith. Iros todos a tomar por culo. Buenas noches.
Nos cerró la puerta haciendo temblar la casa.