Saciar a la bestia (Saciar a la bestia 1) Capítulo 47
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Capítulo 47

Velkan

T odo se tiñó de sangre.

No podía pararme a pensar, mis colmillos salieron sin avisar, las pupilas se me afilaron como aguijones y ni siquiera me dio tiempo a ver el color de ojos del primer Hijo de Alastor que alcancé y estampé con furia contra la mesa, haciendo volar los papeles que había sobre ella.

De una de las manos de Miloslav colgaba un fragmento de columna vertebral, utilizó las vértebras aún unidas por el ligamento para meterla por la tráquea de uno de los asaltantes que todavía no había terminado muerto sobre el suelo a manos de Vanessa, quien se lanzaba a la yugular de todo el que trataba de esquivarla como una pantera rabiosa.

Sonreí con una exhalación de gozo al partirle el cuello a otro de ellos. Al que se lanzó tras él le atravesé el tórax con el puño, sacándole el corazón por la espalda.

La sangre empapándome la cara, la boca y las manos me divertía de una manera que pocas cosas podían igualar. Me relamí con gusto antes de coger una de las gruesas patas partidas de una de las sillas y lanzarla directa al último que entró por la puerta.

Noté un golpe en la parte trasera de la cabeza que provocó que me tambaleara por una ínfima milésima de segundo que de nada le salvaría de mi acometida.

Se separó de mí con una velocidad inesperada antes de que mi mano lo alcanzara.

—¡Tú! —Sus gritos arrastraban espuma a la comisura de sus labios. Sus ojos se movieron hacia Milo antes de volver a mí—. ¡Vosotros! ¡Bestias inmundas!

Vanessa, unos pasos detrás de mí, gruñó sacando los colmillos. Oía su respiración tan rauda como sus latidos, menos controlados de lo habitual en un vampiro tan entrenado como ella. Le indiqué con un gesto suave de la mano que no se adelantara, Vanessa me miró con reproche.

La expresión de Milo era distinta, miraba al último de los Hijos de Alastor vivo en aquella habitación con un interés extraño. Avanzó un paso lento hacia mí, y ante el gesto el hombre gritó:

—¡Vosotros habéis masacrado a todo mi clan y pagaréis por ello!

Enarqué las cejas y elevé una de las comisuras con desagrado. Abrí los brazos, señalándole toda la sangre que empapaba el suelo.

—Teniendo en cuenta que habéis entrado en esta casa de unas formas un tanto violentas, debíamos actuar en consecuencia. ¿No crees?

—¡No hablo de ellos! —Escupió sangre, dejando los dientes manchados al descubierto—. ¡Nos asaltasteis sin piedad! ¡Tuve que ver cómo arrancabas el corazón de quien era mi familia!

—¿Puedes ser más específico? Temo decirte que me he encontrado en esa situación más de una vez.

Me tensé, listo para atacar cuando aquel vampiro furioso movió los brazos hacia mí… y me mostró las manos.

Sus cicatrices no tenían nada que ver con las mías, tan solo eran unas ínfimas líneas blancas que demostraban que había sufrido unos pequeños arañazos que probablemente le cicatrizaron con mucha más rapidez que mis heridas.

Sus ojos azules, quebrados como dos grietas en un iceberg, nos observaban con ira.

Porque él no se había topado con los vampiros de sangre infecciosa, pero sí conmigo.

Porque él había estado allí la noche en la que Milo y yo asaltamos a los Hijos de Alastor en la Iglesia de Nuestra Señora ante Týn.

La noche en la que les robamos la serpiente.