Capítulo 41 #3
—No es una amenaza. —Sabía que estaba girada, mirándome la espalda. Pero, por muchas ganas que tuviera de darme la vuelta, no lo hice. No por ella, sino porque no quería que viera la mueca de desconcierto que me tensaba la mandíbula—. O sí, sí lo es. No vuelvas a hacerme eso nunca más.
Me levanté y me giré sin importarme la sorpresa en su rostro. Todavía sostenía los pantalones de pijama y su primer impulso fue taparse con ellos los muslos que en aquel momento no iba a pararme a mirar.
—¿Hacerte eso? —siseé con las pupilas clavadas en las suyas—. Si ahora te sientes culpable por lo que ha pasado, es cosa tuya. Pero no actúes como si no lo hubieras deseado tanto como yo.
—No lo hacía.
Rebufé con evidente ira.
—Genial, volvemos al punto de partida. ¿Quieres volver a fingir que no me deseas?
¿Que no hay nada entre nosotros? ¿Que no anhelas probar lo que se siente otra vez?
¿Que no quieres que te folle, Rina? Me parece perfecto.
—Contuve las ganas de elevar la voz, porque lo último que me apetecía era que creyera que aquella estupidez me afectaba mucho más de lo que lo hacía—.
Pero ten claro que vas a tener lo que me pides.
Como te dije anoche, tu petición será una orden. Espero que no te arrepientas.
Rina no habló, tan solo me contempló con un odio que no me merecía y volvió a darme la espalda.
Esta vez no me privé de mirarle el culo y cómo el borde del tanga se le entremetía entre las nalgas que horas antes habían estado frotándose desesperadas contra mí.
Reí por la nariz ante la absurdez de sus actos.
Y, enfadado porque estos me afectaran de aquella manera, fui yo quien le dio la espalda y se sentó en el borde de la cama mientras recogía todo lo que había dejado desperdigado por mi mesita.
—No eres tu madre —murmuré—. Pero sí llevas su apellido en lugar del paterno, cosa que le ha facilitado a los nuestros el encontrar información sobre ella: Aleshka Dankova.
—No la miré al percibir cómo se giraba tras mi espalda—.
Se registran gastos con su tarjeta de crédito en Praga, Karlovy Vary y Pilsen hasta hace dos meses atrás: supermercados, tiendas, hoteles, clubs, balnearios…
Los recibos eran mayoritariamente diurnos, así que seguía siendo humana.
Pero iban disminuyendo en cantidad, supongo que debido a que sus ganancias como prostituta de sangre no le daban para tanto.
—Exhalé con sorna por la nariz—. Sus movimientos terminaron de golpe aun teniendo dinero en la cuenta y no consta en su registro bancario que haya anulado su tarjeta, simplemente dejó de usarla.
Su último gasto fue en un hotel al que mañana uno de los nuestros irá a recabar información.
De momento sabemos poco más, solo que hasta hace nueve semanas estaba derrochando todo lo que tenía.
Teniendo en cuenta su historial, lo más probable es que finalmente la hayan matado o ella misma se haya pasado con el consumo de sustancias.
Miré por encima del hombro para encontrarme con los ojos de Rina. Ni una lágrima derramaban sus cuencas, solo un brillo de incredulidad y una furia que se reflejaba en las comisuras de sus labios.
—¿Cómo sabes todo eso? —susurró casi sin aliento.
—¿No era nuestro pacto? Tu colaborabas voluntariamente con la búsqueda y nosotros te ayudábamos a localizar a tu madre. No te diré que siempre cumplo mi palabra, porque sería mentira, pero sí sé lo que tengo que hacer para conseguir lo que quiero.
—¿Por qué no me lo has contado antes?
—Porque no sabes nada de tu madre desde hace más de medio año, pero ella estaba vivita y coleando, gastando todo lo que tenía y follándose a todo lo que podía hasta hace dos meses. No creía que fuera algo que debiera soltarte a la ligera.
Tragó saliva, clavó los ojos sobre la cama. Secos, no parpadeaba. Sus puños se apretaban con tensión, se mordía la mejilla con tanta ira que olía la sangre sobre su lengua.
—Aunque sí te parece bien desvelarme que mi madre me abandonó justo ahora, después de lo que ha pasado entre nosotros, para hacerme saber que te has estado preocupando por mí, porque eres un manipulador.
—Sí, totalmente. —Me encogí de hombros antes de ponerme en pie—.
Pero también te lo cuento justo ahora para que sepas todo lo que he recabado antes de ofrecerte quedarte en la aldea y alejarte de mí de una maldita vez.
Eloise está encantada de acogerte —escupí dirigiéndome a las escaleras—.
Te dejo unos minutos para pensarlo. Luego volveré a bajar para recoger mis cosas y Milo, Ratputín y yo nos iremos. Tú decides.
—¿Por qué iba a quedarme?
—¿Por qué no ibas a hacerlo? Una niña buena como tú estará mejor aquí.
No sonreí ni di ningún tipo de connotación a la frase que le hiciera pensar que bromeaba. Quería ver su cara, leer en ella lo que le pasaba por la mente. Pero tan solo me recibieron unos ojos que parecían haberse cerrado a mí con odio y culpa. Verdes y enfurecidos, como una tormenta en la selva.
No iba a dejar que su lucha interna me perjudicara.
Si quería quedarse, que se quedara.
Había tenido mucha vida antes de Rina y sin duda podía tener una después de ella.