Capítulo 29 #2
—Como cualquiera podría esperar de criaturas creadas para ser crueles, egoístas y malvadas…
el pacto no llegó al tercer milenio, Alastor fue el primero en romperlo.
Khaivel —su cuerpo se puso rígido ligeramente— lo descubrió y mandó a sus descendientes más cercanos a por ella, es decir, a nosotros.
—Yo tensé la espalda—. No sabíamos que Nyra también estaba inmiscuida y que sus hijos nos habían estado siguiendo.
Nosotros encontramos La Manzana de Lilith y ellos nos la robaron con la misma facilidad con la que le quitas a un bebé un chupete.
—¿Para qué quieren la serpiente? ¿No tienen cada uno de ellos una… envolviéndoles el corazón?
Velkan bajó la vista y se encogió de hombros.
—Cuanto más poder tiene uno, más anhela incrementarlo. Es para lo que Lilith los creó. Imponerse ante todo lo demás, incluso sus propios hermanos.
Me mordí el labio, pendiente de que mis respiraciones no se aceleraran al digerir todo aquello. Me ayudó mirarlo a él, su rostro cansado y cómo sus parpadeos parecían acariciarme con sus pestañas.
—¿Así que estamos persiguiendo a unos vampiros que van camino de entregarle un objeto sagrado a una Ancestral?
Reí. Con poca fuerza pero mucha locura. Como quien no se acaba de creer lo que está escuchando. Sin embargo, por la forma en la que Velkan me observaba, yo sí lo hacía. Le creía.
El muy egoísta me había metido en mitad de una búsqueda terrorífica, temible, peligrosa y que hacía que se me revolvieran las tripas. Que cada poro de mi piel se dilatara. Con miedo, temor, expectación y… curiosidad.
—¿Sueles ver mucho a tu padre?
Me avergonzaba aquella pregunta. No por su contenido, sino por lo que me había hecho evocarla. ¿Qué tipo de criaturas serían los Ancestrales? ¿Tan temibles como los describían en los escritos? ¿Tan repulsivos como para gritar del horror?
—Bastante.
—¿Cómo son los Ancestrales?
«Quiero verlos».
Tardó en responder. Bajó la mirada al hacerlo.
—Las criaturas más oscuras con las que podrías toparte.
Tragué saliva intentando digerir no solo sus palabras, sino las confusas sensaciones que me causaba. Una agitación que pocas veces notaba, siempre relacionada con ellos, con su existencia, su oscuridad.
Bajé la vista hacia las manos de Velkan, me atreví a pasar las yemas de los dedos sobre estas.
—¿Te duelen?
—Ya no.
Las cicatrices eran ligeramente rugosas, podía leerlas con los dedos y eso hice durante unos segundos mientras ambos nos manteníamos en silencio.
Con las piernas entrelazadas, la respiración calmada y tan solo el suave repiqueteo de lo que parecía ser lluvia en el exterior.
No podía verlo, porque en la habitación de Velkan no había ventanas, pero lo oía a la perfección a pesar de ser una llovizna tan suave como mis caricias sobre su piel.
Me había acostumbrado más de lo que me habría gustado a percibir con otros sentidos lo que la vista no me permitía ver oculto en la noche, en una vida ajena al sol.
—¿Cómo te las has curado tan rápido? Si parecía que se te iban a caer los dedos.
—Habría sido todo un inconveniente para ti.
Le golpeé el pecho, tan avergonzada como divertida. Quise alejarme de él arrastrándome hacia atrás, pero su cuerpo me siguió. La fuerza de mis muñecas flaqueó al moverme.
—¿Qué haces?
Sonrió con todos los dientes antes de estirar el brazo hacia la mesita de noche. De esta sacó un pequeño frasco que abrió. Derramó un poco del líquido de su interior sobre los cortes del dorso de su mano. Gruñó apretando los dientes al pasar los dedos por las cicatrices.
—Parece doloroso.
—No, qué va —siseó sin poder separar los dientes. Me habría reído de no ser por lo mucho que le brillaban los ojos del ardor—. Nada puede dolerme a mí.
—Sí, sí, ya lo estoy viendo… —Tragué saliva un par de veces, dudosa antes de susurrar—. ¿Quieres que te ayude?
Sus dedos frenaron, sus ojos me miraron bajo unas cejas enarcadas y un velo de sorpresa. No sé si quiso hacer un puchero de burla y se contuvo, o realmente las comisuras de sus labios se derritieron por un instante, antes de recomponerse y dedicarme una sonrisa.
—No me fío de ti, ternura, seguro que me clavas la uña entre los cortes.
—¿Por quién me tomas? —Le sonreí de vuelta.
—Por alguien más parecido a mí de lo que le gustaría.
Me senté sobre mis piernas ignorando sus palabras y le arranqué el frasco de las manos. Noté sus pupilas acariciarme mientras dejaba caer una gota del ungüento sobre la yema de mi dedo índice.
Le cogí una de las manos y retomé el camino de sus cicatrices con los dedos para ignorar el poder que ejercía sobre mi corazón, acelerándolo con tan solo unas palabras susurradas sin importancia.
«Por alguien más parecido a mí de lo que le gustaría».
Esta vez, el rostro de Velkan no se contrajo, su mirada se relajó.
Como si el escozor hubiera desaparecido ante mi tacto.
Suspiré, casi con alivio. Velkan no dejaba de escrutarme el rostro, casi con fascinación.
Un hormigueo trepaba desde la planta de mis pies, arremolinándose en mi pecho con incomodidad.
Era demasiado molesto lo mucho que me gustaba cómo me miraba.
—Al final te clavo la uña como sigas poniéndome ojos de cachorrito herido.
—Ahora mismo lo soy. ¿No te doy un poquito de lástima?
—Ninguna.
Dejé caer su mano y tiré de la otra para continuar con las últimas heridas. Aguanté una sonrisa de diversión. Cuando mis dedos bajaron hacia el interior de su muñeca, noté una de las heridas algo más irritada que las demás, pero nada preocupante.
—Por un momento pensé que se te estaban pudriendo las manos de lo asquerosas que las tenías —solté sin pensarlo mucho—. Pero le has ganado al veneno de esa serpiente. Asombroso.
—La serpiente no es venenosa. Me provocó los cortes, sí, pero lo que me los infectó… —Resopló frotándose la cara—. Por Lilith, con lo que te ha costado creerme, vas a dejar de hacerlo.
—¿Por qué?
Arrugó la nariz en una mueca de incomodidad que estuvo a punto de hacerme reír, si no fuera por las palabras que la acompañaron.
—Los Neblíes lograron robarnos porque atacaron junto a un grupo de vampiros que no había visto jamás en mi vida, y eso que he vivido mucho .
Su sangre podrida entró en mis cortes en mitad de la pelea y, bueno, el fluido negruzco empezó a comerse mi carne.
Aunque por suerte me he librado de convertirme en un vampiro zombi como ellos.
—Elevó las manos frente a mi cara y las miró con una sonrisa que nada tenía que ver con mi boca abierta.
—¿Velkan? —musité. Él asintió—. No quiero saber más hasta llenarme el estómago o me desmayaré.
Sonrió con un encogimiento de hombros. Dejó mis piernas frías cuando desenlazó las suyas para inclinar el cuerpo hacia la mesita de noche. Me devolvió la carta del servicio de habitaciones para humanos y él se quedó la… la otra.
—Hoy me pediré una taza de sangre extraída, así que puedes quedarte un rato más en mi habitación mientras desayunamos.
No me miró al murmurar aquellas palabras, así que, por suerte, tampoco pudo ver la sonrisa nerviosa que terminó de ablandarme los mofletes.