Saciar a la bestia (Saciar a la bestia 1) Capítulo 26 #3
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Capítulo 26 #3

—Prueba —lo reté, arrepintiéndome en cuanto pronuncié la palabra, porque noté la punta de los dedos de Velkan traspasar el agujero que había rasgado y acariciarme de arriba abajo sobre la tela de mi ropa interior.

Me apreté contra ellos. Sujeta de su cuello, no apartaba la mirada de sus ojos.

Volvió a acariciarme y esta vez temblé cuando el frío de su guante se coló por el borde de la tela y me acarició los labios.

Gemí y me presioné de nuevo contra él. Notaba la lengua pesada; tragué saliva para intentar deshacerme de los últimos resquicios de cordura que trataban de poner coherencia a mis actos.

Ya no la tenían.

Los dedos de Velkan volvieron a hacerme temblar, esta vez centrándose en aquel punto que me reblandecía los huesos. Aquello era una tortura y, por mucho que odiase reconocerlo, necesitaba que diera un paso más o empezaría a sollozar.

—No te imaginas lo que te haría ahora mismo —ronroneó contra mi oreja—. No comprendes lo mucho que estoy aguantando por no arrancarme los guantes para notarte caliente y mojada contra mi puta palma.

Los guantes.

Velkan no iba a tocarme con las manos heridas.

Iba a gritar de la ira cuando sacó la mano de debajo de mi falda, aunque me frenó con un suave beso en la mejilla y, recogiendo una de mis manos, volvió a adentrarse bajo el vestido.

—Pero voy a enseñarte un poco de lo que un día te haré. Porque pasará, ternura, y te encantará, te lo prometo —me amenazó con un velo oscuro afilándole las pupilas.

Dirigió mis propios dedos hacia el borde superior del tanga. Nuestras manos bajo la tela me obligaron a elevar las caderas ligeramente para que Velkan pudiera empujar mis dedos hacia mi interior.

No fui capaz de aguantarle la mirada cuando empezó a controlar mi mano con la suya, haciendo que me masturbara frente a él. Que me masturbara sobre él.

Negaba contra su cuello, reprochándome a mí misma lo que estaba haciendo, la línea que acababa de cruzar.

Podía pedirle que parara, sabía que Velkan lo haría de inmediato.

Pero no quería que lo hiciera, y en su lugar solo pude sujetarme a él y gemir.

—Qué olor tan dulce… ¿Seguro que no es por mí? —Sacó mis dedos, húmedos y calientes, para que me frotara por el exterior—. A ver, enséñame dónde te gusta más.

Le mordí el cuello y ahogué un grito cuando volvió a dirigirme los dedos a mi interior con brusquedad.

No podía más, aquel placer no era suficiente.

La respiración ahogada de Velkan contra mi pelo solo me provocaba más, haciendo que lo relamiera entero como si yo fuera el animal depravado a punto de consumir a su presa.

—Eres perfecta para mí.

Velkan acompañaba mis movimientos de cadera con la mano que no tenía entre mis muslos, abarcando mi culo por completo.

—Hueles tan bien… —Inhaló con profundidad entre mis mechones—. Estoy seguro de que sabrás aún mejor, joder. Mataría a toda criatura de este antro solo por meterme tu coño en la boca, Rina.

Me ruboricé tan avergonzada como extasiada.

Percibí cómo más palabras perversas se acercaban a su lengua, pero se calló para oír algo que parecían discutir con sutileza aquellos hombres, que ahora solo me molestaban, entrometiéndose entre nosotros.

Estaba tan perdida en Velkan que hasta ese instante no me había percatado de que una de las mujeres abarcaba con la boca abierta el miembro del más barbudo, mientras este hablaba como si no tuviera a una mujer haciéndole una felación.

Aquella imagen perversa, sucia y desagradable… solo aumentó mi excitación y me odié por ello.

«Puta enferma».

Velkan me observaba con una sonrisa. La comisura de su boca me llamaba, así que trepé por su mentón, acercándome más a sus labios con cada beso. Me separé de él para mirarlo a los ojos cuando su aliento estaba tan cerca como para alimentar el mío.

—¿Qué es lo que realmente quieres, ternura? ¿Saber lo que se siente al besar a un vampiro o al besarme a mí?

Velkan me pasó la lengua como una serpiente por el labio inferior. Debí de poner los ojos en blanco, porque por un segundo no vi nada.

«A ti», estuve a punto de jadear.

Nuestros mentones se rozaban, igual que el resto de nuestros cuerpos.

—¿No quieres responderme o es que no eres capaz?

Con los dedos aún en mi interior, me movía hacia la mano con la que me dirigía, el frío de su guante parecía deshacerse contra el calor de mis muslos. Quería más, necesitaba más.

—Mi chica buena… ¿Quieres saber lo que se siente al follarte a un vampiro o a… Milo?

Todo mi cuerpo se tensó, el ardor bajo mi piel se heló al instante, transformándome en una estatua de piedra. Dejé de mover los dedos y los saqué cuando noté la mano de Velkan salir de debajo de mi vestido con dolorosa velocidad.

—¿Qué?

Me cogió por las caderas con un tirón controlado, ahogué un grito cuando se puso de pie y me sacó en volandas del reservado.

En cuanto pasamos las cortinas me encontré con los ojos de Milo .

—Están aquí —murmuró este antes de abrir las fosas nasales tanto como los ojos. Alternó la mirada de desagrado entre mis dedos y los guantes de Velkan—. No me lo puedo creer. No puedo dejaros solos, joder.

—¿Quién está aquí? —murmuró Velkan con un tono seco y neutro, bajándome con suavidad hasta que mis pies tocaron el suelo.

—Los Hijos de Alastor vienen a por nosotros.