Capítulo 14
Velkan
–P or muchos descendientes de Alastor que me cargue por el camino, vendrán más en nuestra búsqueda. Creen que seguimos teniendo la serpiente nosotros y no descansarán hasta hacerse con ella.
Pocas veces podía percibir en Milo la tensión que emanaba en aquellos instantes. Por la forma en la que repiqueteaba en el suelo de mi habitación con el pie, supe que su siguiente pregunta nada tenía que ver con los vampiros que nos seguían la pista, sino con presencias mucho más poderosas.
—¿Crees que los demás ya lo saben? —Tragó saliva con disimulo.
—Seguimos vivos, nadie más ha intentado alcanzarnos, así que me parece prueba suficiente de que por el momento tan solo tenemos que preocuparnos de los Hijos de Alastor, que quieren encontrarnos, y de los Hijos de Nyra, a quienes tenemos que encontrar.
Por no mencionar los malditos vampiros de sangre corrupta que tienen como mascotas, que aún no sabemos de dónde han salido y a estas alturas casi prefiero fingir que no tengo las heridas de las manos en descomposición por su culpa, hasta que recuperemos la serpiente.
—Crees que… padre…
—Confía en nosotros. —Le puse la mano en el hombro y asentí—. Los Hijos de Khaivel serán los vencedores. —Me relamí los labios con una sonrisa.
Milo me dio un suave empujón en el hombro con la sombra de una sonrisa. Se alejó unos pasos y empezó a andar lentamente por la habitación con las manos apoyadas en los costados.
Miró de reojo mis manos.
—¿Por qué comercializar con esa sangre, cuando podrían quedársela para ellos solos y jugar con ventaja? ¿Y si…? —Sus ojos se movían con velocidad—. ¿Y si esas criaturas son Hijos de Nyra infectados? Vampiros completamente transformados.
—¿Insinúas que son zombis? —Reí por la nariz y elevé las manos frente a mí, dándoles la vuelta una y otra vez para analizar cada uno de los cortes—.
Aunque esa teoría me daría un final bastante desagradable, sería asombrosa si fuera cierta.
—Dejé caer los brazos a ambos lados—. Pero creo que el origen de esos vampiros es mucho menos divertido.
Los pasos de Milo se detuvieron mientras me dirigía a la cómoda frente a mi cama y abría el segundo cajón.
—He encontrado algo en la biblioteca —murmuré sacando el libro—. Algo que, bueno, ya sabía, pero que quería comprobar. —Pasé las páginas en busca de aquel fragmento—. Quería asegurarme de que… me estaba equivocando.
Milo se acercó con precaución, abriendo mucho los ojos.
—La mitad de las cosas que hay aquí escritas son tan solo fábulas, el folclore del vampirismo. —Reí por pura inercia, para quitarle tensión a sus hombros—. Creía que no perdía nada comprobando una de ellas en concreto, la del origen de los vampiros y sus linajes. No sé si deduces por dónde voy…
Tan fornido y temible, a Milo había pocas cosas que le intimidaran tanto como el respeto que le causaba hablar de los primeros Hijos de Lilith.
Los Ancestrales.
—Lee esto.
Le pasé el libro abierto y observé cómo sus pupilas se afilaban al pasar sobre cada frase, cada palabra que le acercaba a…
—Drakon. —Aquel nombre en su boca sonó como una respiración ahogada—. «Carne calcinada, aliento imperecedero, alma corrompida».
—Esa sería la descripción perfecta de los vampiros nauseabundos que me atacaron.
Milo negó con vehemencia, los ojos entrecerrados y la frente completamente arrugada, esbozando una mueca de desconcierto.
—Eso es imposible, no existe descendencia de Drakon. —Tragó saliva—. En todos los escritos, el duodécimo Hijo de Lilith está muerto, quemado y enterrado a manos del resto de Ancestrales, de sus hermanos y hermanas. Quemado y enterrado. Quemado. Y. Enterrado .
—En muchos escritos también dicen que los vampiros no podemos reflejarnos en los espejos y a mí me encanta follar mirándome en ellos.
—No me jodas, Velkan. Sabes perfectamente que la muerte de Drakon no es un mito.
—Golpeó con tanta fuerza las páginas con el dedo índice que podría haber borrado la tinta—.
Si estamos metidos en esta búsqueda es precisamente porque sabemos que no lo es.
Drakon le arrancó el corazón a Lilith, y por ello acabó muerto, quemado y enterrado.
—Más golpes sobre el libro—. Muerto, quemado y enterrado.
—Golpe, golpe y golpe—. Muerto, quemado y…
—Sí, lo he pillado.
Me apreté el puente de la nariz y esta vez fui yo quien recorrió toda la habitación con pasos grandes y frustrados.
—Drakon está muerto, de eso estamos seguros —murmuré—. Pero no podemos negar que todo apunta a que esos bichos son demasiado parecidos a como se simboliza la corrupción de Drakon…
—¿Insinúas que tuvo descendencia antes de morir?
Resoplé, apoyando las manos en las caderas.
—Insinúo que tenemos que ponernos las putas pilas y alcanzar a los Neblíes y sus vampiros ponzoñosos antes de que sea demasiado tarde.
Porque Drakon estará muerto, pero los demás Ancestrales no.
—Inspiré hondo—. Y es cuestión de tiempo que todos quieran hacerse con lo que una vez perteneció a Lilith.