Sabía que pasaría Capítulo 14 #3
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Capítulo 14 #3

—Mateo, te pido disculpas —se excusó Archi, llevándose la mano al pecho.

—Contigo está todo bien. No tienes que preocuparte por nada —le aseguró Mateo.

Este entró en la casa y Archi le preguntó a Lola:

—¿Le contaste a tu hermano que ibas a enseñarme a nadar?

—Se lo iba a contar ahora.

—Todavía no sé en qué hora me convenciste para hacer esto.

—Porque me di cuenta desde el primer día de las caras de pánico que pones cuando recoges hojas en la piscina y necesitas aprender a nadar.

—No pongo cara de pánico. Lo controlo muy bien. Y sé flotar. No he tenido tiempo de aprender a nadar. En el instituto de mi barrio no había piscina y además he estado muy ocupado ayudando a mi madre en el bar. Soy el mayor de cuatro hermanos. Mi padre nos dejó cuando nació el pequeño.

—Llevo meses queriendo saber más de ti y en un momento me has contado media vida.

Archi sonrió y luego replicó:

—Tu hermano es majo. Llega a ser otro y nos monta un pollo tremendo.

—Seguro que lo entiende. No puedes estar sin saber nadar y yo te voy a enseñar.

Archi respiró hondo, la miró y luego dijo con una mezcla de resignación y rabia:

—Me vuelves loco.

—¡Y te encanta!

Lola le lanzó un beso con la mano, salió del agua, se puso un albornoz y unas chanclas y entró en la casa.

Mateo estaba esperándola con el móvil en la mano y le enseñó las fotos.

—¡Qué fuerte! —exclamó petrificada.

—Nicoleta tuvo que llamar a Michele.

—¿Nicoleta? ¿Pero tú la has visto? ¡Es un amor! Ella jamás te haría una faena semejante.

—Sergio tenía muy avanzadas las negociaciones, estábamos ya un tris de la firma. Y esto lo va a mandar todo a la mierda.

A Lola se le ocurrió algo de repente y soltó, muy segura:

—Yo lo puedo arreglar.

—Mejor quédate quietecita. No sé cómo lo haces, que cada vez que apareces se lía. O sí. Michele igual se pasa el día siguiendo tus movimientos. Es un psicópata.

—¡Cálmate y deja de inventar! La única forma de arreglar esto es que Julio me consiga una entrevista en algún programa y yo cuente la verdad del gorro de brócoli, de la falda, del porro y de todo.

—¿Qué quieres? ¿Matar de un disgusto a mamá y papá pensando que te pasas el día dándole al porro y a los gin-tonics?

—Yo se lo explicaré a ellos.

—Tú no vas a hacer nada. Julio dice que están a punto de desenmascarar a Michele.

—Eso no va a suceder jamás. Porque él no es el topo —aseguró Lola.

—Mejor no apuestes nada.

Mateo no pudo seguir hablando porque recibió la llamada de Irene y Lola aprovechó para ir a cambiarse de ropa.

—¡Mateo! —exclamó Irene, muy preocupada—. Milda acaba de mandarme las fotos nuevas. Estoy sin palabras.

—Nicoleta debió alertar al primo de que estaba allí y me han cazado otra vez. Y justo en el peor momento para hacerlo.

—Hay que frenar esto como sea. Y ahora vas a tener que ser tú quien ponga las trampas.

—Tú me dirás cómo.

—Vas a tener que ir a un sitio y que solo lo sepa una persona. ¿Quién sabía que ibas al mercadillo de Las Dalias?

—Dani, Julio y Sergio. A los tres les dije que iba a ir con Lola y contigo.

—Pues mañana vas a tener que ir a otro sitio y que solo lo sepa uno.

—Pero si es Michele. Es absurdo que perdamos el tiempo.

—Tampoco vamos a perder tanto tiempo. Vamos a hacer un descarte.

—¿Para qué? —insistió Mateo.

—Mejor pregunta por qué. Porque te estás jugando tu futuro. Es algo serio. Y debemos ser serios. Aunque entiendo que confíes en tu gente. Pero necesitamos más que nunca descartar.

—Haz lo que quieras. Yo sigo pensando lo mismo.

—Vayamos por orden alfabético. Empecemos por Dani.

—Ya ves, Dani. Mi hermano. ¿Cómo me la va a jugar? —inquirió Mateo, convencido.

—Limítate a decirle que mañana vas a ir un sitio a hacer algo muy loco.

—Irene: te agradezco lo que estás haciendo por mí. Pero esto es ridículo.

—Tenemos que descubrir quién te está vendiendo la piel. Así que llámalo y dile que mañana vamos a cenar al Parador y que allí…

—Te pediré la mano —le interrumpió Mateo.

—¿Qué? —preguntó Irene a la que estuvo a punto de caérsele el móvil de la mano.

¡Toda la vida diciendo que iba a casarse con él, y al día siguiente iba a pedirle su mano! Su mano falsa, pero su mano al fin y al cabo.

—¿No quieres que le diga que vamos a hacer algo muy loco? ¿Qué hay más loco que eso? —quiso saber Mateo.

Irene suspiró, disimuló como pudo, carraspeó un poco y contestó:

—Es perfecto. Cuéntale a Dani que vas a clavar la rodilla durante una cena en el Parador, en la tercera mesa del rinconcito del fondo. Una que da a un ventanal donde nos pueden retratar perfectamente. Si se publica la foto, ya tendríamos al topo.

—Tengo prensa que me sigue a todas horas —le recordó Mateo.

—Tú sabes quiénes son los que te siguen. Yo también. Dales esquinazo y te espero en el Parador.

—Esto es un despropósito en el que solo me interesa una cosa. ¿Pasaremos la noche juntos en el Parador?

—Por mí… —respondió Irene, con la voz temblorosa.

—Entonces mañana nos vemos allí.

Colgó.

Irene siguió con el móvil pegado a la oreja varios segundos más.

Acababa de aceptar pasar la noche con el hombre del que llevaba años enamorada, aunque solo fuera para tender una trampa…