Capítulo 7 #3
—Por supuesto que nada de fiestas, ni de discotecas, ni de afters , ni de conciertos, ni de salidas de madrugada, ni de alcohol en la mano, ni de entrar en sitios raros.
Tenéis que mostrar que lleváis una vida tranquila, de pareja sólida y estable.
—Sergio cogió la copa, dio un sorbo de agua y siguió enumerando actividades—: Hablo de preparar comida sana en casa, paseos, deporte, lectura, playas discretas, restaurantes elegantes, pero no escandalosos, compras muy puntuales en mercadillos con encanto, alguna foto cariñosa y poco más.
A Irene el corazón de nuevo se le aceleró de imaginarse haciendo todas esas cosas que ella encontraba apasionantes.
Sin embargo, Maica apoyó la barbilla en la mano y preguntó con guasa:
—¿Van a fingir que son pareja o dos opositores a registradores de la propiedad que se han tomado unos días de descanso?
Sergio la ignoró y siguió detallando su plan perfecto para limpiar la imagen de su representado:
—Lo del deporte es muy importante. Y sería muy conveniente que os vieran practicándolo juntos.
Maica miró a Irene a punto de troncharse de risa y repitió:
—¿Has dicho que Irene tiene que hacer deporte?
—Puedo intentarlo —aseguró Irene, convencida.
—La última vez que intentaste correr, dijiste que el pulmón izquierdo no te respondía.
—Eso fue un chiste.
—Un chiste, pero te tumbaste en el banco y me pediste que siguiera sin ti.
Sergio tomó nota mental y propuso en su lugar:
—Entonces, algo suave. Una caminata a primera hora.
—¿Quieres matarla? —replicó Maica, escandalizada—. Si se pasa el día caminando de aquí para allá buscando cosas estúpidas para sus clientes caprichosos. El mejor deporte para ella sería algo tipo petanca.
Irene estaba dispuesta a todo, menos a salir en la prensa jugando a la petanca como si tuviera cien años.
—No voy a practicar la petanca.
—Es muy de vida tranquila —bromeó Mateo.
—Estoy hablando muy en serio —dijo Sergio.
—Ya, pero es que dices cada cosa… —murmuró Maica, entre resoplidos.
—¿Tú siempre interrumpes? —le preguntó Sergio.
—Solo cuando alguien está diciendo cosas mejorables.
Sergio hizo como que no la había escuchado y siguió hablando:
—Bueno, pues si lo del deporte se os hace muy cuesta arriba, que os vean leyendo en sitios tranquilos.
—Eso le va bien, porque Irene lee mucha romántica —apuntó Maica.
—Pero también puedo coger un ensayo sobre macroeconomía. No tengo problema.
—Lo de la romántica nos viene bien —aseguró Sergio—. Da imagen de chica normal, romántica y tranquila.
—Yo me alegro de ser todo lo contrario —comentó Maica, muy orgullosa—. Prefiero los muebles viejos a los hombres.
Sergio ladeó la cabeza y comentó tras echarse el pelo hacia atrás:
—En este particular… estamos de acuerdo. Me pasa algo parecido con las mujeres.
—¿Las prefieres viejas? —inquirió Maica, mordaz.
—Las prefiero lejos cuando complican demasiado las cosas, que es siempre.
Maica lo miró como apiadándose de él y exclamó espantada:
—¡Qué frase tan triste para alguien con los zapatos tan caros!
Sergio comprobó la hora en el móvil como si el comentario no hubiera tenido ningún efecto, Irene pensó que ahí pasaba algo y Mateo bajó la vista para ocultar la sonrisa.
Acto seguido, Sergio terminó de rematar el plan:
—Tenéis que ser la pareja más aburrida del mundo. Una pareja sana, discreta, estable y sin sobresaltos. Dos personas que comen bien, duermen pronto, hacen planes tranquilos y no salen en los titulares por motivos bochornosos.
Maica bufó, alzó las cejas y comentó con una sonrisa enorme:
—Lo veo complicado. No llevan ni un día y ya han revolucionado un Mercadona, a una señora de Toledo, a una panda de italianos y a medio TikTok.
Sergio respiró hondo, porque muy a su pesar la amiga rarita de la novia falsa tenía razón y dijo:
—Por eso mismo empezamos mañana.
—Ah, que lo de hoy no cuenta —dijo Maica, con guasa.
—Hoy no conocían el plan. Pero ya sí. Mañana empieza el aburrimiento —sentenció Sergio.
Irene miró a Mateo intentando disimular que mañana empezaba lo que llevaba deseando tanto tiempo.
Y Mateo la miró a ella, pensando en la suerte que había tenido de encontrar a una chica tan adorable que aceptaba de buena gana el patético plan de su representante.
—Por mí, perfecto —asintió Mateo, serio.
—Por mí también.
—¿Lista para ser la novia de Mateo Rivelles? —preguntó Sergio.
—Llevo toda la vida preparada para esto.
—¿Cómo? —inquirió Sergio.
—Porque soy así. Soy de natural servicial —aclaró Irene.
—Ah.
—Y en Villas Sol y Luna puedo dar rienda suelta a este afán de servicio que tengo.
Maica tuvo que morderse los labios para no troncharse y luego farfulló:
—Os deseo suerte.
—Gracias —replicó Sergio.
—No hay de qué. Es solo un pésame anticipado por todo lo que os vais a tener que aburrir.
Sergio esbozó una sonrisa mínima, casi imperceptible, pero Maica la vio y él también se dio cuenta de que la había visto.
Y, por primera vez, ambos se miraron durante unos instantes como dos personas que acababan de encontrar a alguien capaz de devolverles los golpes.
Mientras, Irene solo podía pensar en que, si aburrirse implicaba pasar tiempo con Mateo Rivelles, estaba dispuesta a convertirse en la mujer más aburrida de toda Ibiza…