18 #2
Llego al apartamento de Riley y estaciono, tomando un momento para respirar profundamente antes de salir del coche.
Me siento un poco nervioso, como un adolescente que se prepara para una primera cita.
Es solo una cena. Solo un contrato. Pero el eco de mis pensamientos se siente cada vez más distante.
Miro mi teléfono y envío un mensaje a Riley: «Estoy aquí».
Mientras la espera se siente interminable, me dejo llevar por recuerdos recientes.
La conversación, el beso, el acuerdo entre nosotros.
Me pregunto cómo se siente realmente. Me he vuelto un poco adicto a la forma en que ella me hace sentir, y eso me asusta.
Mis pensamientos se detienen en seco cuando la puerta de su bloque de pisos se abre y aparece.
Riley. Me quedo sin aliento por un instante.
Ella desciende las escaleras con una gracia que parece innata, cada paso que da me deja sin palabras.
Lleva un vestido azul que resalta su figura: el tejido ligero se cine a su cintura y se abre delicadamente hacia el suelo, mientras que su cabello rubio cae en suaves ondas que le enmarcan el rostro.
Sus ojos, azules como el cielo, brillan con una mezcla de nervios y emoción.
Me doy cuenta de que no solo estoy atrapado en el juego del contrato; estoy atrapado en esta mujer que se presenta ante mí como un verdadero torbellino.
Es pequena y parece frágil, pero en realidad hay una fuerza en ella que me atrae.
No puedo evitar admirar cómo cada detalle de su apariencia se junta para crear un efecto casi hipnótico.
Mis pensamientos se centran en su sonrisa mientras se acerca, y el mundo a mi alrededor parece desvanecerse. Estoy aquí, un corredor que ha pasado anos construyendo una imagen de dureza y fuerza, y sin embargo, en este momento, me siento vulnerable, casi expuesto ante ella.
—Hola —digo, intentando sonar casual, aunque mi voz tiene un ligero temblor.
—Hola, Dean —responde, y su voz suave diciendo mi nombre, llena de nerviosismo, hace que me estremezca.
La tensión entre nosotros es palpable. Sé que ambos sentimos lo mismo, pero las palabras se quedan atascadas en mi garganta. Este no es un juego. Ni un contrato. Cada mirada y cada palabra son más significativas de lo que estoy dispuesto a admitir.
Finalmente, decido dar un paso adelante. La llamada de Marlon y todo lo que se discutió me empuja a hacer esto.
—Entra —digo, extendiendo la mano hacia la puerta del coche.
Ella asiente, pero antes de entrar, me detengo un momento, mirándola con más intensidad. El vestido, sus ojos, su cabello... Cada detalle se queda grabado en mi mente. Y aunque estoy aquí para seguir con el contrato, la realidad de lo que siento por ella comienza a abrirse camino en mi corazón.
Con el corazón acelerado, abro la puerta y la invito a entrar. La cena no será fácil, pero el hecho de tenerla a mi lado me llena de una extrana combinación de emoción y miedo.
Cuando nos acomodamos en el coche, el silencio es denso. La tensión no se puede ignorar, pero mientras nos dirigimos hacia el lugar del evento, siento que cada kilómetro que avanzamos nos acerca un poco más a la verdad que ambos hemos estado eludiendo.
La carretera se despliega ante nosotros, pero mi mente no deja de vagar. ¿Cómo vamos a manejar esto?
Al entrar en la casa de Maxwell Grant, el dueno de los Patriots, la atmósfera es diferente.
La decoración es opulenta, con luces brillantes que iluminan la entrada y un vestíbulo que parece salido de una revista de alta gama.
Los invitados charlan animadamente mientras la música suave flota en el aire, creando un ambiente acogedor, pero a la vez intimidante.
Riley y yo cruzamos la entrada, y al instante, me doy cuenta de que la casa es el escenario perfecto para una noche como esta.
Aunque la gala fue nuestra primera aparición juntos, esto se siente más importante.
Aquí, el peso de las expectativas es palpable, y la presencia de la prensa anade un nivel adicional de tensión.
—Esto es... diferente —murmura Riley a mi lado, su voz llena de asombro mientras observa los lujosos adornos y la elegante decoración.
—Sí, definitivamente —le respondo, echando un vistazo a la multitud. La mayoría de los companeros de equipo ya están aquí, conversando y disfrutando de las primeras copas.
Reconozco a Travis y a su esposa, Sarah, que conversan con un grupo de personas cercanas. También veo a Madoc y a Luca.
Cuando nos acercamos al grupo, Travis me ve y sonríe, levantando su copa de champan en un saludo.
—¡Davis! —grita, y eso llama la atención de todos en el grupo—. ¡Mira quién llegó! ¿Estás listo para demostrar que no solo eres un jugador, sino también un hombre de familia?
La broma provoca risas, y Riley se ríe suavemente, aunque puedo notar que se siente un poco incómoda entre los comentarios. No es solo una broma para mí; esto es parte de la imagen que hemos decidido proyectar. Ella está aquí, y mi corazón late con más fuerza mientras nos acercamos.
La esposa de Travis se vuelve hacia nosotros. Riley la conoció durante el partido, y me alegra ver como la saluda.
—¡Riley! —exclama con entusiasmo—. Me alegra que estés aquí. Ya estoy cansada de estar rodeada de ellos.
Riley sonríe, un poco sonrojada, mientras Sarah se coloca junto a ella dándole un beso en la mejilla.
—Gracias. Es genial estar aquí —responde ella, su tono un poco tímido, pero se siente bien en este entorno.
Madoc y Luca se acercan, bromeando sobre las últimas jugadas del entrenamiento, y a medida que avanzamos en la conversación, me doy cuenta de que Riley parece ir adaptándose más. Hay algo en su risa que me tranquiliza, y por un momento, siento que estamos haciendo esto juntos.
—Es bueno verte de nuevo acompanado, Davis —dice Luca, chocando la mano conmigo—. ¿Estás preparado para conseguir al fin el título de «Novato del ano»?
—Siempre —respondo, con una sonrisa que oculta un poco la presión que siento.
El grupo se ríe, y en ese momento, siento que Riley y yo estamos entre amigos. Pero a medida que la noche avanza, no puedo evitar preguntarme si esto es lo que quiero realmente. Quiero que Riley se sienta cómoda aquí, y más que nada, quiero que no se sienta presionada por nada.
A medida que el evento se desarrolla, los invitados comienzan a moverse hacia el comedor.
La casa está llena de una mezcla de risas y murmullos, y la calidez del ambiente hace que la tensión que sentía antes se disipe lentamente.
Sin embargo, cuando miro a Riley, me doy cuenta de que aún hay una chispa de nerviosismo en su mirada.
Es entonces cuando un grupo de periodistas entra, sus cámaras brillando y sus miradas curiosas escaneando a la multitud.
La realidad de que esto sigue siendo parte de un espectáculo me golpea de nuevo.
La farsa que hemos creado puede ser aceptada por nuestros amigos, pero la prensa no dejará de escudrinar cada detalle.
Las fotos, los rumores, todo eso sigue ahí. Quiero que Riley esté bien, y al mismo tiempo, me siento atrapado entre la necesidad de protegerla y el deseo de seguir adelante con este juego.
Un par de horas después, mientras disfruto de la cena, me encuentro pensando en lo que podría ser una noche normal, si no fuera por toda la presión.
Un momento de calma me da la oportunidad de hablar con Riley, y mientras el resto de los invitados conversan animadamente, nos encontramos sentados uno al lado del otro.
—¿Todo bien? —le pregunto, buscando su mirada.
Ella asiente, pero puedo ver la duda en sus ojos.
—Solo... no puedo evitar sentir que esto es un poco abrumador. —Su voz es un susurro, pero hay una verdad detrás de sus palabras que resuena en mí.
—Lo sé, y te prometo que no tienes que preocuparte por nada. Estamos juntos en esto. —Mis palabras son sinceras, y aunque sé que esto es solo un juego, me importa más de lo que pensé.
A medida que la noche avanza, la presión de la atención comienza a crecer. Las risas y la música llenan la habitación, pero el aire está cargado de una tensión que no puedo ignorar. Quiero que todo salga bien, que la prensa no se interponga en nuestro camino.
Cuando la cena termina, las luces se atenúan un poco, y la atención se centra en Maxwell Grant, quien se levanta para dar un discurso.
Mientras habla sobre la temporada que se avecina, me doy cuenta de que mis pensamientos regresan a Riley, a cómo ha cambiado mi vida desde que entró en ella.
Esta cena, este momento, es una nueva oportunidad, y me doy cuenta de que quiero aprovecharla.
Sin embargo, en medio de los aplausos y la ovación, hay una parte de mí que sigue sintiéndose inquieta. ¿Cómo se sentirá Riley en este mundo? ¿Podremos realmente superar el juego que hemos creado?
Y justo cuando mis pensamientos están a punto de desbordarse, veo a Riley sonreír a mi lado, y por un breve momento, el caos de la noche se disipa. Tal vez no tengo todas las respuestas, pero sé que quiero seguir explorando esto, aunque no sepa a dónde nos llevará.