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Davis

E

stoy tirado en el sofá, con la vista clavada en el techo y el teléfono en la mano.

Marlon ha sido una constante en mi vida desde que entré en la universidad, siempre sabe cómo manejar las cosas, pero esta vez, la sensación de incomodidad es distinta, podría escribirle y decirle que no quiero seguir con esto, que soy capaz de no volver a las andadas, ni siquiera lo querría ahora.

Me cuesta concentrarme, todo porque sigo dándole vueltas a lo que está pasando entre Riley y yo.

Todo esto comenzó como una jodida farsa. Un maldito contrato. No debería ser tan complicado, y sin embargo, lo es. Desde el beso en la puerta del vestuario, desde la forma en que nuestros labios se encontraron, todo se siente más real. Y me odio por ello. Esto no debería sentirse tan real.

El zumbido del teléfono me saca de mis pensamientos. Es Marlon, al parecer lo he invocado. No puedo evitar la sensación de que lo que venga a continuación va a ser el empujón que me falta para dejar de quedarme en este limbo de espera.

—Davis, ¿cómo va todo? —pregunta Marlon con su tono habitual, relajado, pero sé que hay algo detrás de su voz.

—Dime que no tienes nada demasiado jodido para mí, Marlon —le respondo, intentando sonar igual de despreocupado.

—Nada jodido, te lo aseguro. Al contrario, algo que deberías ver como una oportunidad, amigo.

—Puedo imaginarlo sonriendo al otro lado del teléfono—.

Esta semana será la cena organizada por Maxwell Grant, el jefe os quiere allí a todos.

Ya sabes cómo funciona esto: altos cargos del equipo, patrocinadores importantes, y por supuesto, la prensa va a estar ahí.

Eso no me sorprende. Maxwell Grant, el dueno de los Patriots no organiza cenas sin un propósito. En su mundo, cada movimiento es estratégico, y cuando la prensa está presente, todo se magnifica.

—Ya veo por dónde vas —digo, apretando el puente de la nariz. Sé exactamente lo que Marlon quiere decir.

—Sí, bueno, tu acompanante tiene que ser Riley. Es fundamental para seguir manteniendo la imagen de estabilidad que empezamos a construir. Ya sabes cómo están las cosas, Dean. La prensa te sigue cada paso, y lo que menos necesitamos es darles material para dudar de que todo esto sea real.

Mi mandíbula se tensa. Todo esto sigue siendo un maldito contrato, pero cada vez se siente menos como un simple acuerdo. Desde que Riley y yo empezamos esta farsa, todo ha ido cambiando. Las cosas no son tan claras como antes. Al menos, no para mí.

—Lo sé, lo sé —respondo, queriendo sonar indiferente, aunque no lo estoy—. Hablaré con ella.

—Perfecto. Ya sabes lo que tienes que hacer. Eso ya lo hablamos cuando firmaste el acuerdo con ella. No quiero que haya malentendidos.

—Sí, lo tengo claro —digo, frotándome la frente con la mano libre.

—Bien, hombre. Esto es importante. Solo asegúrate de que todo salga bien en esa cena.

La prensa va a estar muy pendiente de ti y de Riley.

Si haces las cosas bien, te aseguro que podríamos calmar los rumores sobre tus escándalos pasados.

Esto es una oportunidad para consolidar tu nueva imagen y nada menos que frente a tu jefe.

Es la oportunidad que llevamos tanto tiempo esperando.

Marlon cuelga, y me quedo un rato en silencio, pensando en todo lo que ha dicho. La imagen. El contrato. Todo esto era para salvar mi carrera. Y hasta hace poco, eso era todo lo que me importaba.

Pero ahora, Riley está ahí, en medio de todo esto, y ya no es solo una cuestión de imagen o de contrato. No puedo evitar sentirme atrapado entre lo que firmamos y lo que realmente quiero. Y lo que quiero, joder, no está tan claro como antes.

Es hora de llamarla.

Miro mi teléfono, y aunque siempre he sido directo y seguro en cualquier situación, esta vez siento una especie de nudo en el estómago.

No quiero sonar frío, porque sé que eso solo la alejará más.

Pero tampoco puedo dejar que todo esto se desmorone.

Respiro hondo y marco su número, sabiendo que en cuanto conteste, todo volverá a girar en torno a ese maldito contrato.

El tono suena una vez, dos veces... Finalmente, su voz suena al otro lado.

—¿Dean? —mi nombre en sus labios…

—Hola, Riley. —Me aclaro la garganta, intentando sonar lo más tranquilo posible—. Quería hablar contigo sobre algo. Hay una cena importante esta semana, organizada por Maxwell Grant, el dueno del equipo. La prensa va a estar presente, y ya sabes lo que significa... Nos toca aparecer juntos.

El silencio al otro lado de la línea se extiende, y por un momento, siento que me estoy ahogando. No sé si es porque estoy nervioso por lo que significa esta cena o por cómo suena todo esto ahora. Antes era fácil, pero ahora... no tanto.

Finalmente, ella responde, su voz suave pero decidida.

—Sí, lo entiendo.

No puedo evitar notar la frialdad en su respuesta, pero tampoco puedo culparla. Todo esto sigue siendo parte de nuestro acuerdo, aunque cada vez se sienta menos como un simple trato.

—Y... —agrego, sabiendo que es mi responsabilidad—, no te preocupes por los gastos. Ya sabes que todo lo que necesites, ya sea para la ropa, el maquillaje o la peluquería, corre por mi cuenta. Es parte del contrato.

—Está bien —responde, nuevamente siento esa distancia fría que se ha establecido entre los dos.

Quiero decirle algo más, algo que suavice la tensión entre nosotros, pero no sé qué. Las palabras se me escapan. En vez de eso, opto por mantenerme en lo que habíamos acordado desde el principio.

—Te pasaré a recoger el día de la cena —digo, mi voz algo más baja.

—De acuerdo —responde simplemente.

Nos quedamos en silencio unos segundos más. Un silencio que dice más de lo que cualquiera de los dos está dispuesto a admitir. Ambos sabemos que este contrato ya no es lo que era, pero ninguno quiere ser el primero en romper esa barrera. O tal vez es solo que no sabemos cómo hacerlo.

—Nos vemos el jueves, entonces —digo finalmente, rompiendo el silencio.

—Sí, nos vemos el jueves.

Cuelgo el teléfono y me quedo mirando la pantalla. Todo esto sigue siendo parte de un trato. Pero cada vez me siento más atrapado.

La llamada ha terminado y no puedo evitar sentir cómo el peso de la situación se hace más evidente. ¿Qué he hecho? Mi mente gira entre pensamientos contradictorios. He estado toda la manana en el entrenamiento, en el que el running back

tenía que demostrar que estaba listo para la temporada.

El rostro de Riley no se va de mi mente.

Su risa, sus ojos brillantes, y cómo me siento al estar cerca de ella.

Pero al mismo tiempo, me detengo a pensar en que todo esto comenzó como un contrato, algo simple y conveniente.

Ahora es como si ese contrato estuviera dejando de tener sentido, y las emociones que surgen son todo menos simples.

Cada paso que doy me recuerda que las cosas han cambiado. Me siento un poco perdido mientras subo las escaleras a mi habitación. ¿Desde cuándo mi vida se ha vuelto tan complicada?

Me miro en el espejo del bano, tratando de ordenar mis pensamientos.

Riley. En menos de un mes, ha pasado de ser solo un contrato, a convertirse en alguien que me hace cuestionar todo.

Esta relación, que en un principio parecía simple y conveniente, ahora es una montana rusa emocional.

Me afeito, pensando en cómo su presencia ha afectado mi vida. ¿Qué he hecho para merecer esto?

No debería importarme tanto. Siempre he sido el chico que disfrutaba de las noches sin ataduras, de las mujeres que venían y se iban.

Pero aquí estoy, atrapado en un contrato que en algún momento se ha convertido en algo más.

Un nuevo giro, una nueva realidad que no esperaba, y que ahora siento que no puedo manejar.

Mientras me visto, paso mis manos por la chaqueta, ajustándola en mi cuerpo.

Me miro de nuevo en el espejo, evaluando la persona que veo.

Un jugador de fútbol americano. Pero cada vez más, esa etiqueta se siente menos como una identidad y más como una máscara que llevo puesta.

La presión de las expectativas de los medios, la imagen que debo proyectar, todo esto se ha vuelto más pesado.

A medida que me pongo la corbata, recuerdo la última vez que vi a Riley, su mirada nerviosa y el brillo en sus ojos cuando hablamos sobre el contrato.

Aquel beso sigue resonando en mi mente, y no puedo evitar preguntarme si lo que sentimos fue real o solo parte del espectáculo que armamos para la prensa.

Joder, este juego es más complicado de lo que imaginé.

Salgo de la habitación y me detengo en la sala.

El lugar está tal como lo dejé, un ligero desorden de ropa y equipo, pero ahora me parece diferente.

A través de las ventanas, la luz del sol se cuela, iluminando las sombras de la habitación y recordándome que el mundo sigue afuera, sin importar las dudas que tengo en mi interior.

Sigo pensando en cómo mi vida ha cambiado desde que Riley entró en ella.

Ya no soy solo Dean, el jugador que sale con chicas atractivas.

Ahora tengo una «novia» que necesita una imagen estable y que, sin quererlo, ha hecho que mi corazón esté en juego.

¿Cómo he llegado a este punto? Estoy comenzando a sentir cosas por ella que nunca creí que experimentaría, y no estoy seguro de cómo manejarlo.

La idea de estar con Riley en la cena, frente a la prensa, en un evento donde todos esperan que actuemos como una pareja feliz, me da escalofríos.

Pero al mismo tiempo, esa idea me emociona.

No sé si es la adrenalina del evento o si hay algo más.

Un sentimiento que me atrae hacia ella, un magnetismo que nunca había experimentado antes.

Finalmente, me encamino al coche, el motor ruge bajo el capó. En mi mente, la imagen de Riley ocupa todo el espacio. El contrato sigue en pie, pero cada vez siento que cruzo una línea que no puedo deshacer. Y lo peor es que, al mismo tiempo, quiero cruzarla.