Sígueme el juego (Desastres 4) 13
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Riley

E

stoy sentada frente al pequeno tocador de Julie, mirándome al espejo e intentando calmar las mariposas en mi estómago.

Decido venir a su casa para prepararme porque la idea de estar sola antes del partido me pone nerviosa.

Aquí, con Julie hablando sin parar de cómo ha cambiado el fútbol americano a lo largo de los anos, al menos me distraigo.

—Riley, carino, respira —dice Julie, apareciendo detrás de mí con una taza de té humeante en la mano—. Tienes que relajarte. Vas a un partido, no a una boda.

—Lo sé, lo sé... Pero no puedo evitar estar nerviosa —le respondo, intentando sonreírle en el espejo.

Julie deja la taza sobre la cómoda y me observa con una sonrisa comprensiva. Siempre tiene esa manera de hacerme sentir que estoy siendo un poco dramática, pero sin juzgarme. Hoy no es diferente.

—Carino, lo tienes todo bajo control. Es solo un partido, y si las cosas se ponen feas, recuerda que tienes piernas para correr. —Su comentario me hace reír, justo lo que necesitaba.

Tomo un sorbo de té, dejando que el calor me reconforte. Mientras termino de arreglarme el cabello, Julie me sigue hablando, asegurándome que todo estará bien, que solo es una oportunidad más para disfrutar de algo diferente.

—¿Ya sabes cómo vas a llegar? —pregunta, mirándome con curiosidad.

—Dean puso un coche para que me lleve. No sé si eso me tranquiliza o me pone más nerviosa... —admito, sintiendo una mezcla de emoción y pánico en mi estómago.

—Bueno, si eso te abruma, imagina que te llevan a una gala llena de críticos. —Julie sonríe mientras me da un pequeno empujón hacia la puerta—. Venga, que te esperan. Estarás perfecta.

Respiro hondo y me despido de Julie con un abrazo. Cuando bajo, el coche ya está esperándome. Es un vehículo negro brillante, lujoso y elegante, algo que me hace sentir aún más fuera de lugar. Me acomodo en el asiento trasero, y el coche comienza a moverse, llevándome hacia el estadio.

El Gillette Stadium aparece ante mí, imponente, y mi nerviosismo aumenta a medida que nos acercamos.

Hay algo casi abrumador en la inmensidad del lugar.

El tráfico alrededor del estadio es denso, y puedo ver a los aficionados agitando banderas, vistiendo camisetas de los Patriots, listos para el gran partido.

Cuando llegamos a la entrada especial para los familiares y amigos de los jugadores, un hombre de seguridad me abre la puerta.

Bajo del coche con el corazón acelerado.

Siento el aire fresco de la tarde golpearme el rostro mientras me acerco a la entrada, donde me indican que debo recoger un pase especial.

—Aquí tiene su pase, senorita —me dice un hombre con una sonrisa cortés, entregándome un pequeno cartón laminado que cuelgo alrededor de mi cuello.

La entrada al estadio es casi surrealista.

Me guían por una serie de puertas dobles y pasillos largos, y mientras avanzo, veo fotografías enormes de los jugadores en acción.

Los premios y trofeos están en vitrinas de cristal, como si fuesen monumentos sagrados, y mi mente divaga.

Me siento abrumada por la magnitud del lugar y la historia que parece envolverme.

Los pasillos están llenos de fotografías históricas, camisetas enmarcadas, y cada paso que doy me hace sentir más pequena. El eco de mis zapatos resonando en los pasillos vacíos solo aumenta mi nerviosismo. Me pregunto constantemente qué hago aquí.

Finalmente, llego al palco asignado a los familiares y amigos de los jugadores.

Abro la puerta y me detengo, incapaz de dar un paso más.

El espacio es amplio y acogedor, con sofás elegantes, una mesa con comida y una vista increíble del campo.

Sin embargo, lo que me deja sin saber qué hacer es la cantidad de mujeres que ya están ahí, riendo, charlando, y claramente acostumbradas a este ambiente.

Me siento fuera de lugar, como si estuviera en una película en la que no pertenezco.

Antes de que pueda retroceder o encontrar una excusa para salir, una mujer de cabello castano se acerca a mí con una sonrisa cálida.

—¡Hola! Tú debes ser Riley —me dice, extendiendo la mano—. Soy Sarah, la esposa de Travis. Él me ha hablado mucho de ti.

—Hola, sí, soy Riley. Encantada de conocerte —respondo, un poco abrumada pero aliviada por su amabilidad.

—No te preocupes, es normal sentirse un poco fuera de lugar al principio, pero te aseguro que te vas a divertir. Ven, te presentaré a las demás.

Sarah me toma del brazo y me lleva hacia el grupo de mujeres. Me presentan a las esposas y novias de los jugadores, y poco a poco, la presión en mi pecho comienza a disminuir. Aunque todavía me siento nerviosa, el ambiente cálido y las sonrisas amables me hacen sentir más cómoda.

—¿Es tu primera vez en un partido? —pregunta una de las mujeres mientras se sirve una copa de vino.

—Sí, nunca había estado en algo así. Es todo un espectáculo.

Las risas fluyen y las historias sobre las aventuras de ser parte de este mundo me hacen sentir parte de algo más grande.

Mientras conversamos, me doy cuenta de que, aunque esto es un acuerdo, estar aquí hace que todo se sienta más real, más oficial.

Dean y yo no somos una pareja de verdad, pero aquí, rodeada de sus companeros y sus familias, se siente diferente.

El sonido del estadio lleno de gente es un rugido constante que resuena incluso desde el palco.

Observar a la multitud desde aquí me hace sentir como si estuviera en un mundo diferente, uno donde no encajo del todo.

Pero mientras Sarah sigue conversando conmigo y las otras mujeres me hacen preguntas sobre cómo conocí a Dean, me doy cuenta de que no tengo que encajar perfectamente.

Solo tengo que hacer mi parte y seguir adelante con este juego.

Comienza el primer tiempo del partido y las emociones en el palco se intensifican.

Las mujeres se levantan para animar a sus maridos y novios, y yo me encuentro haciendo lo mismo casi sin pensar.

Mi vista se centra en Dean, que está en el campo, concentrado, moviéndose con una fluidez impresionante.

No puedo evitar sentirme emocionada al verlo en acción.

Hay algo magnético en su forma de jugar, en cómo lidera a su equipo y se conecta con sus companeros.

—Es impresionante, ¿no? —me susurra Sarah, mientras ambas seguimos el partido.

—Sí, es increíble verlo desde aquí. Todo se siente tan real —respondo, sin apartar la vista del campo.

El tiempo parece pasar rápidamente entre gritos y vítores.

Cada jugada, cada pase, es una montana rusa de emociones.

Estoy tan absorta en el juego que casi me olvido del motivo por el cual estoy aquí.

Pero entonces, una de las mujeres comenta casualmente sobre cómo estar en el palco hace que la relación con un jugador sea más oficial, y me doy cuenta de lo que realmente significa estar aquí.

No soy solo una chica más. Al estar aquí, Dean me ha integrado en su vida de una manera que nunca imaginé.

Con el final del primer tiempo, el ambiente en el palco se relaja un poco. Algunas de las mujeres comienzan a conversar nuevamente, y Sarah se gira hacia mí con una sonrisa.

—¿Qué tal te sientes? —me pregunta, viendo la expresión en mi rostro.

—Es... abrumador. Pero me siento bien. Me gusta estar aquí. —Mi respuesta suena sincera, incluso para mí. No esperaba disfrutar tanto de esta experiencia.

—Lo sé, al principio es mucho. Pero te acostumbrarás. Y créeme, una vez que te acostumbras, no querrás dejarlo. —Su mirada es cómplice, como si supiera algo que yo aún no he descubierto.

Mientras ella sigue hablándome de su experiencia siendo la esposa de Travis, mi mente sigue vagando. ¿Y si esto se convierte en algo más? ¿Y si, después de que termine esta temporada, no quiero que todo esto acabe?

El segundo tiempo del partido comienza con más intensidad.

Los jugadores parecen moverse más rápido, las jugadas son más tensas, y el ambiente en el estadio se vuelve más eléctrico.

Dean sigue dominando en el campo, y mientras lo observo, siento que hay algo más en juego.

No es solo el partido. Es lo que esto significa para nosotros, para lo que hemos creado juntos, incluso si es solo un acuerdo.

Mis pensamientos se interrumpen cuando Dean hace una jugada increíble, esquivando a dos defensores antes de lanzar un pase perfecto. Todo el estadio estalla en vítores, y me encuentro aplaudiendo y gritando junto con las demás.

—¡Eso es, Dean! —grita Sarah, animándolo, mientras me lanza una mirada de complicidad.

Yo solo sonrío, sintiendo que la conexión entre Dean y yo se hace más fuerte, aunque no haya palabras que lo confirmen. En el fondo, sé que esto va más allá del simple contrato que firmamos. Hay algo más, algo que empieza a crecer lentamente dentro de mí, y me asusta reconocerlo.

Cuando el segundo tiempo termina, el ambiente en el palco es más relajado.

La tensión del partido se disipa un poco, y las mujeres comienzan a hablar sobre la próxima fiesta después del partido.

¿Debería ir? ¿Es parte de este acuerdo también?

Todo se siente tan confuso, pero sé que tengo que seguir adelante.

Sarah me mira con una sonrisa mientras las demás se preparan para el tercer tiempo.

—No te preocupes por lo que venga después, Riley. Solo disfruta el momento. Todo lo demás se resolverá con el tiempo.

Sus palabras me reconfortan, y aunque aún me siento nerviosa por todo lo que está pasando, empiezo a permitirme disfrutar de la experiencia.

Mientras el partido avanza, siento que algo cambia dentro de mí.

Tal vez no esté tan fuera de lugar como pensé al principio.

Tal vez, solo tal vez, estoy empezando a encajar en este mundo.

Y mientras Dean sigue jugando, con la mirada decidida y la concentración que siempre lo acompana, me doy cuenta de que este momento es importante. No solo para él, sino también para mí. Y estoy lista para lo que venga.