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Davis

E

l lunes llega como un torbellino. Después de un fin de semana lleno de reflexiones, nervios y una chispa de emoción que no puedo sacudirme, el día empieza con la rutina habitual del equipo.

Despertar temprano es parte de la vida de un jugador de fútbol profesional, y mientras me visto con mi equipación de los New England Patriots, no puedo evitar pensar en la conversación que tuve con Riley.

La idea de que ella pudiera estar en uno de esos asientos en el estadio mientras yo juego me llena de una mezcla de emoción y presión.

El Gillette Stadium se alza frente a mí, un coloso de acero y vidrio que ha sido testigo de muchas batallas en el campo.

La atmósfera es palpable, con la energía de los fanáticos que siempre se sienten en el aire.

El rugido de los seguidores, el olor de la comida callejera y las luces que titilan hacen que me sienta vivo.

Sé que en este ano estoy más motivado que nunca, después de haber estado tan cerca de conseguir el título de rookie

del Ano el ano pasado. Este es el momento, y quiero ganar mi primera SuperBowl.

El entrenamiento comienza con un calentamiento en el campo.

Mis companeros y yo realizamos ejercicios de estiramiento, y el ambiente está lleno de bromas y risas.

Mientras nos alineamos, escucho cómo me llaman «El Novato» o «El Texano».

Mis companeros son directos y siempre están listos para tomar el pelo.

—Oye, Davis, ¿estás listo para que tu chica venga a verte jugar? —bromea Travis, guinándome un ojo mientras ajusta su casco. Travis es el capitán del equipo y uno de los quarterbacks

más experimentados. A pesar de sus bromas, hay un trasfondo de preocupación en su tono.

—¿Chica? Solo es una amiga —respondo, tratando de mantenerme serio, aunque la mención de Riley provoca que mi mente divague hacia ella. No puedo evitar pensar en cómo se sonrió cuando me miró.

Los demás se ríen y hacen comentarios, pero el comentario de Travis me hace reflexionar.

¿Podré mantener a Riley alejada de la prensa?

Sabemos que están acostumbrados a verme en discotecas, rodeado de otras chicas, pero esta vez es diferente.

Este acuerdo que tenemos no es solo una farsa; significa que tengo que ser responsable.

Mientras pasamos a las prácticas de lanzamientos y recepciones, me esfuerzo por mantener el enfoque.

Sin embargo, los pensamientos sobre Riley siguen interrumpiendo mi concentración.

La idea de que pueda ocupar un asiento entre la multitud durante uno de los partidos me hace sentir un extrano cosquilleo de emoción y presión. ¿Cómo reaccionaría ella al verme jugar?

El Gillette Stadium se transforma en un lugar sagrado cuando pisamos el campo.

La hierba brillante y bien cuidada se extiende ante mí, y la línea de gol parece prometer oportunidades.

La intensidad del entrenamiento aumenta, y mientras realizamos los ejercicios, el entrenador Mike Broadbent nos observa con su mirada crítica, asegurándose de que cada jugador esté dando lo mejor de sí.

—¡Vamos, chicos! —grita el entrenador, su voz resonando por el campo—. No se comporten como marujas hablando de sus vidas personales. Quiero que se enfoquen en el juego.

Las bromas se detienen de inmediato, y todos nos alineamos, listos para ejecutar las jugadas. A medida que avanzamos, mis pensamientos vuelven a fluir hacia Riley y lo que significa tenerla en mi vida.

Los companeros de equipo empiezan a preguntar sobre mi “novia”, y aunque intento mantener una cara seria, me siento cada vez más expuesto.

—¿Qué pasa, Davis? ¿No te has atrevido a presentar a la chica? —pregunta Luca, mientras se prepara para la siguiente jugada.

—¡Claro que no! ¿Quién se atrevería a llevar a una chica normal a este circo? —responde Madoc, provocando risas alrededor.

En medio de sus bromas, hay un trasfondo de verdad. La vida de un jugador de la nfl es intensa y pública, y cada paso que doy está bajo el escrutinio de la prensa. Aun así, la idea de presentar a Riley me asusta un poco. ¿Qué pasará si ella se siente abrumada por todo esto?

Cuando el entrenamiento termina, nos reunimos en la sala de descanso. El ambiente es más relajado, pero la conversación sigue girando en torno a la farsa que hemos creado.

—Davis, ¿estás preparado para una relación seria, o simplemente estás jugando? —pregunta Travis, su tono divertido pero también inquisitivo.

—Bueno, tú deberías saber algo sobre eso —le respondo, recordando que él tiene una familia. Es el capitán y quarterback

del equipo, y aunque le gusta bromear, es también el más serio y responsable del grupo.

— Touché

—responde con una sonrisa, sabiendo que está en el centro de la atención.

A medida que la conversación se desarrolla, no puedo evitar preguntarme si realmente estoy preparado para lo que esto significa. Con Riley, hay algo diferente, algo que va más allá de un simple juego. Pero ¿qué puedo hacer al respecto?

Cuando salgo del vestuario, el aire fresco del exterior me golpea y siento la necesidad de centrarme.

Debo encontrar la manera de hablar con Riley, de asegurarme de que estamos en la misma página sobre todo esto.

La farsa que hemos creado tiene que ser manejable, y no puedo permitir que se convierta en un problema para ninguno de los dos.

Mientras conduzco hacia casa, el ruido de la ciudad se siente como un susurro en el fondo de mis pensamientos. Quiero que esto funcione, no solo por mí, sino también por ella.

Con cada día que pasa, se siente más real, y aunque tengo miedo de lo que eso implica, sé que debo dar el siguiente paso. Esto no es solo un juego. Es nuestra vida, y tengo que cuidarla.

Al llegar a casa, mi mente está a mil por hora. Los recuerdos de la gala y la conversación con Riley me persiguen mientras me desplomo en el sofá. La adrenalina del entrenamiento aún corre por mis venas, pero no puedo evitar pensar en ella.

Tomando el teléfono, me siento un poco nervioso al escribirle. Después de todo, estoy intentando equilibrar esta farsa y, al mismo tiempo, no quiero que se sienta presionada.

«Hola, Riley. Espero que tu día haya sido bueno. Quería preguntarte si te gustaría acompanarme a un partido este fin de semana. Tendremos el palco para familiares y amigos. Sería genial verte allí».

El mensaje sale rápidamente, y me siento un poco ansioso mientras espero su respuesta.

Poco después, mi teléfono vibra, y su respuesta llega.

«Hola. Gracias por invitarme. Estaré allí».

Su respuesta es breve, pero eso no disminuye la emoción que siento al pensar en ella en el estadio. La idea de que esté allí mientras juego, ocupando uno de esos asientos en el palco, me hace sentir una mezcla de emoción y presión.

Los días avanzan rápidamente. El miércoles, el clima es perfecto, y mientras caliento junto a mis companeros en el Gillette Stadium, me concentro en la práctica.

El entrenador Mike Broadbent observa con su mirada crítica, asegurándose de que cada jugador esté dando lo mejor de sí.

La hierba del campo brilla bajo el sol, y el sonido de los cascos chocando llena el aire con una melodía familiar.

—¡Vamos, chicos! ¡Pongan más energía en eso! —grita el entrenador, su voz resonando por el campo mientras supervisa cada movimiento.

A medida que el entrenamiento avanza, mis companeros comienzan a bromear sobre mi relación con Riley.

—¿Qué pasa, Davis? ¿No te has atrevido a presentar a la chica? —pregunta Luca, mientras se prepara para la siguiente jugada.

—¡Claro! ¿Y qué tal si la traes a la próxima fiesta? —bromea Madoc, provocando risas alrededor.

En medio de sus bromas, hay un trasfondo de verdad.

La vida de un jugador de la nfl es intensa y pública, y cada paso que doy está bajo el escrutinio de la prensa.

Pero, por otra parte, no puedo evitar sentirme emocionado de que Riley forme parte de este mundo, aunque mi instinto protector se agite.

A medida que terminamos el entrenamiento, siento que he avanzado un paso más en mi carrera, pero la realidad de lo que podría pasar con Riley también me asalta.

La idea de presentarla en el palco durante el partido contra los Philadelphia Eagles me hace sentir una mezcla de emoción y presión.

Quiero que todo salga bien y que ella se sienta cómoda.

Cuando finalmente salgo del campo, el aire fresco me golpea y siento la necesidad de centrarme.

Debo encontrar la manera de hablar con Riley, de asegurarme de que estamos en la misma página sobre todo esto.

La farsa que hemos creado tiene que ser manejable, y no puedo permitir que se convierta en un problema para ninguno de los dos.

Con el paso de los días, el ritmo de la semana se intensifica.

Los entrenamientos son más exigentes, y cada sesión se siente como una prueba en la que todos estamos dispuestos a darlo todo.

La presión por el próximo partido contra los Philadelphia Eagles se convierte en el tema recurrente entre mis companeros.

En el vestuario, las conversaciones giran en torno a las jugadas y las estrategias.

Todos saben que este es un juego crucial y que debemos salir a dar lo mejor de nosotros.

Sin embargo, la presión de la temporada no es lo único que me tiene ocupado.

La idea de que Riley esté en el palco durante el partido me da un propósito adicional.

Quiero que vea la pasión y la dedicación que pongo en cada jugada.

Al finalizar una sesión particularmente intensa, nos reunimos para hablar sobre lo que hemos aprendido y lo que podemos mejorar. El ambiente es ligero, lleno de bromas y camaradería, pero al mismo tiempo hay un sentido de determinación palpable.

—Davis, ¿tienes nervios por que tu novia te vea jugar? —bromea Madoc, mientras se reclina en su silla, cruzando los brazos con una sonrisa burlona.

—¡Cállate! —respondo, aunque una parte de mí se siente algo nerviosa. Es la primera vez que alguien cercano a mí estará en un partido. Nunca había compartido mi vida personal con nadie del equipo, y ahora, con Riley, todo se siente diferente.

Travis, al escuchar la broma, se vuelve hacia mí.

—Deberías aprovechar que tienes a alguien que te apoya en las gradas. Eso puede ser un gran impulso. La gente puede sentir la energía de tu chica y cómo te motiva.

Asiento, dándole un giro positivo a la conversación. Esa es la verdad. Aunque la atención de los medios puede ser agobiante, el apoyo emocional de Riley es un recurso que no sabía que necesitaba.

Después de la reunión, mientras voy al aparcamiento, mis pensamientos regresan a ella.

Quiero que se sienta cómoda y segura en el palco, lejos del bullicio y la presión de las cámaras.

La última cosa que quiero es que le parezca que es un espectáculo.

¿Cómo puedo protegerla de todo eso mientras me concentro en el juego?

Esa noche, mientras me preparo para dormir, miro por la ventana y dejo que mis pensamientos se deslicen hacia los momentos que hemos compartido.

La risa de Riley, la forma en que se sonrojó cuando me miró…

Todo eso me hace sentir una conexión más profunda.

Sé que estamos creando algo significativo, y aunque no estoy listo para definirlo, siento que vale la pena explorar.

Durante el siguiente entrenamiento, el ambiente es aún más intenso. La presión del próximo partido se siente en el aire, y el entrenador Mike Broadbent se asegura de que todos estemos concentrados. No hay espacio para distracciones, y mientras corro, me empapo de la energía de mis companeros.

El estadio, en su majestuosidad, se convierte en un símbolo de nuestras aspiraciones. Las gradas vacías están llenas de potencial, y la idea de que el próximo domingo estarán llenas de aficionados me llena de adrenalina.

Cuando el entrenamiento concluye, mis companeros comienzan a hablar sobre el partido. Quiero sumergirme en la conversación, pero en el fondo, me preocupo por cómo se sentirá Riley entre toda esta locura. ¿Le gustará el ambiente? ¿Cómo reaccionará al ver a miles de personas animando?

—¿Qué pasa, Davis? ¿Te has olvidado de nosotros? —pregunta Travis, interrumpiendo mis pensamientos.

—Nada, solo estoy pensando en el partido —respondo, tratando de sonar casual. Pero la verdad es que hay mucho más en juego aquí.

—Claro que sí. Recuerda que tienes que dar lo mejor de sí para impresionar a tu chica —dice Madoc, y todos estallan en risas.

Río con ellos, pero la risa no puede ocultar la presión que siento. Mi mente está dividida entre el deseo de jugar bien y la necesidad de proteger a Riley de este mundo que puede ser abrumador.

A medida que el día del partido se acerca, mi enfoque se agudiza. Entrenamos duro, cada movimiento, cada jugada cuenta. La adrenalina es el hilo conductor que me empuja, y a cada instante, el recuerdo de Riley me da fuerzas. Estoy listo para hacerla sentir orgullosa.

Los entrenamientos son una danza entre la camaradería y la presión. El equipo es como una familia, y aunque las bromas vuelven a surgir, sé que todos estamos en la misma página. Este es un momento crucial para mí, y con cada día que pasa, la emoción crece.

Con cada jugada, la anticipación aumenta.

Quiero que el partido sea no solo una victoria en el campo, sino también una oportunidad para que Riley vea la verdadera esencia de lo que hago.

Y en el fondo, sé que este juego es más que fútbol.

Es sobre construir algo significativo, sobre enfrentar la presión, y sobre descubrir lo que realmente significa tener a alguien a mi lado.