Sígueme el juego (Desastres 4) 11 #2
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—Mira, carino, no te preocupes tanto por lo que él pueda descubrir.

Pero callar no es la respuesta. Al final, te va a tocar enfrentarte a ello, con o sin contrato de por medio.

Con él o con otro hombre. Tienes que dar un paso adelante.

Eres fuerte, ya lo has demostrado y además a la persona más importante: tú.

—Pero no estoy lista —le digo, mis palabras suenan más como una súplica que como una afirmación.

Julie sacude la cabeza, su pelo perfectamente peinado ni siquiera se mueve.

—Nunca se está listo para lidiar con el pasado, Riley. Pero te garantizo que lo que más te asusta es lo que te va a liberar. Y si ese chico te hace sentir algo, por Dios, no te quedes aquí lamentándote. Aprovecha la oportunidad que te está dando este acuerdo entre vosotros.

Me quedo en silencio, jugueteando con las manos, tratando de procesar lo que dice. Julie, como siempre, simplifica todo de una manera que me hace pensar que quizá está en lo cierto.

—Y, entre tú y yo —anade, con un brillo cómplice en los ojos—, un hombre como ese no se ve todos los días. Así que no te hagas la tonta. Si me lo cruzo por el pasillo, te lo advierto, puedo robártelo.

—¡Julie! —me río, negando con la cabeza, pero al mismo tiempo sintiendo que la tensión de la noche empieza a disolverse.

—Tómate el té —dice Julie, mientras me alcanza una taza humeante que había preparado previamente, seguro que esperando mi llegada—. Te ayudará a pensar con claridad. Y recuerda, nina: no tienes que tener todas las respuestas de inmediato. Solo deja que las cosas fluyan.

Bebo el té en silencio, sintiendo que las palabras de Julie empiezan a asentarse. A veces, sus consejos suenan como una broma, pero siempre tienen algo que me hace reconsiderar todo.

—Gracias, Julie —murmuro, finalmente, con una sonrisa agradecida.

—De nada, carino. Pero la próxima vez que ese muchacho te acompane a casa, asegúrate de no acabar sola en el suelo. ¡Qué desperdicio! Yo lo habría invitado a pasar, y ya te digo, con una buena excusa para que se quedara —dice con un guino exagerado.

Río, aunque sé que en el fondo, tiene razón. Y mientras me levanto y me despido, sus palabras siguen dándome vueltas en la cabeza. Tal vez sea hora de dejar de resistirme tanto.

Cuando cierro la puerta del apartamento de Julie, el eco de sus palabras sigue resonando en mi cabeza. No debo tener todas las respuestas de inmediato. Esa frase parece más fácil de decir que de poner en práctica. Camino hacia mi puerta, abro el cerrojo y entro en mi pequeno santuario.

El silencio me golpea como un muro. No hay nada más que el sonido lejano de la ciudad durmiendo.

Cierro la puerta y me apoyo contra ella, dejando que el peso de la noche me caiga encima.

Suspiro profundamente, tratando de liberar la tensión acumulada, pero en lugar de eso, me siento aún más atrapada en mis propios pensamientos.

¿Qué debería hacer?

Voy hacia el sofá y me dejo caer en él, hundiéndome entre los cojines como si pudiera desaparecer por un rato.

Pero ni siquiera el suave tacto de la tela es suficiente para calmarme.

Mis pensamientos vuelven una y otra vez a Dean.

A cómo me miró esta noche. A cómo me tocó, suave pero con tanta intención que casi me deja sin aire.

Todo esto debería ser solo un juego, un contrato entre dos personas que buscan algo que beneficia a ambos.

Pero la realidad es que desde el momento en que acepté esta farsa, he estado sobre una cuerda floja.

Dean Davis, el chico que fue mi flechazo en la infancia, está ahora más cerca de mí de lo que nunca imaginé posible, y estoy enredada en un lío emocional que no sé cómo desatar.

Me paso una mano por el cabello, tratando de despejarme, pero solo consigo enredarlo más. Todo esto, todo lo que ocurrió hoy en la gala, lo que sentí cuando me miró… No puedo simplemente ignorarlo. Y tampoco puedo ignorar lo que le dije.

«San Angelo».

¿Por qué tuve que mencionar ese lugar? Sabía que era un riesgo, sabía que si él conectaba los puntos, podría empezar a hacer preguntas.

Preguntas que no estoy preparada para responder.

¿Y si empieza a recordar? Si hay algo que Dean no sabe de mí, es todo lo que me llevó a dejar ese lugar.

Algo que ni siquiera Julie conoce por completo.

Ella solo conoce fragmentos, lo suficiente como para entender que fue doloroso, pero ni siquiera le he dado todos los detalles.

Y ahora he dejado que Dean se acerque a esa parte de mí sin darme cuenta.

Me incorporo del sofá y me acerco a la ventana, observando las luces de la ciudad titilar en la distancia. Este apartamento, mi vida en Massachusetts, ha sido mi refugio desde que lo dejé todo atrás. Aquí he construido algo propio, lejos de las sombras de San Angelo, lejos de mi antigua vida.

Pero ahora, con Dean aquí, siento que esa distancia se está desmoronando. Que las paredes que construí para mantener todo separado ya no son tan fuertes.

Las palabras de Julie vuelven a mí: «No puedes esconderlo todo, Riley».

Tal vez tenga razón. Tal vez esta sea la oportunidad que necesito para dejar de huir.

Pero eso no significa que esté lista para enfrentar el huracán que podría desatarse si Dean descubre toda la verdad de por qué dejé San Angelo, de lo que viví antes de venir aquí.

Me dejo caer en el borde de la cama, sintiendo que el peso de todo esto es casi demasiado para soportar.

Mi habitación está a oscuras, pero la luz suave de la ciudad se cuela por las cortinas, proyectando sombras en las paredes.

Intento imaginar un futuro donde pueda estar con Dean sin mentiras, sin secretos.

Pero cada vez que lo hago, el miedo me asalta.

Sé que no puedo seguir así. Sé que este contrato, esta relación falsa, está empezando a transformarse en algo mucho más complicado. Y no puedo evitar pensar en lo que dijo Julie: «Un chico así no aparece todos los días».

Quizá tenga razón. Quizá sea el momento de dejar de resistirme tanto.

Me levanto, me acerco al espejo del bano, y enciendo la luz. Mi reflejo me devuelve una imagen agotada, pero también hay algo más. Algo que no puedo identificar del todo. ¿Es miedo? ¿Expectativa? ¿Deseo?

Todo esto me confunde más de lo que me gustaría admitir.

Tomo una bocanada de aire y me obligo a pensar con claridad.

No puedo seguir evadiendo la realidad. Dean está en mi vida ahora, y con cada interacción, cada roce accidental, cada mirada cargada de tensión, siento que estamos acercándonos peligrosamente a una línea que ninguno de los dos está listo para cruzar.

Pero ¿quiero cruzarla? La verdad es que, por mucho que intente negarlo, no puedo evitarlo. Dean ha sido el centro de mis fantasías durante tanto tiempo que ahora que está aquí, no sé cómo separarlo todo. Y lo peor es que no quiero. No quiero alejarme de él, aunque sé que esto puede terminar mal.

Me miro fijamente en el espejo, los ojos cansados, pero con una chispa que no había visto antes. ¿Qué es lo que realmente quiero?

Julie dijo que no debo tener todas las respuestas de inmediato, pero siento que, al menos, tengo que saber una cosa: ¿Qué quiero de Dean?

Y la verdad es que quiero más de lo que estoy dispuesta a admitir.

Más de lo que sería prudente pedirle. Pero no puedo volver atrás ahora.

No después de lo que sentí esta noche. Esto es solo el principio.

Con un suspiro, empiezo a desvestirme, quitándome el vestido que la estilista que mandó Dean eligió para mí, dejándome solo con unas bragas de encaje negro.

La tela suave se desliza por mi piel, y una vez que estoy desnuda frente al espejo, empiezo a desmaquillarme.

El agua tibia que uso para limpiar mi rostro me ayuda a sentirme más ligera, como si el maquillaje representara no solo la imagen que quiero mostrar al mundo, sino también las máscaras que he llevado durante tanto tiempo.

Luego de limpiarme, me cepillo los dientes, el sabor de la menta fresca me revive un poco.

Mientras miro mi reflejo, pienso en cómo me he dejado llevar por la noche.

En lo que siento por Dean y en lo que eso significa.

Es un juego, me recuerdo, pero la verdad es que no sé si puedo seguir tratando todo de esa manera.

Con un último vistazo en el espejo, decido que necesito una ducha.

Abro el grifo de agua caliente y me dejo envolver por el vapor mientras el líquido cae como una lluvia cálida, y cierro los ojos dejando que cada gota me acaricie la piel.

Este momento de soledad y tranquilidad me permite reflexionar.

Bajo el agua, pienso en Dean. En su risa, en cómo se ve cuando se concentra, en la forma en que sus ojos brillan cuando me miran. Nunca pensé que podría estar tan cerca de él. Pero ahora, con cada recuerdo de nuestra interacción, siento cómo la tensión crece en mi interior.

Mi mente se detiene en el momento en que me tocó la mejilla. Su mano, firme pero suave, fue un roce que me encendió por dentro. Estoy atrapada entre el deseo y el miedo. Lo quiero, pero también me aterra lo que eso podría significar.

Con cada pensamiento, el agua caliente sigue cayendo, y de repente, me encuentro imaginando cómo sería si él estuviera aquí, en esta ducha conmigo. La idea me hace estremecer, y una oleada de calor recorre mi cuerpo.

En un impulso, comienzo a tocarme, mis manos recorriendo mis propias curvas, sintiendo cada pliegue, cada parte de mí que siempre he mantenido oculta.

Con cada roce, me imagino a mí misma bajo su mirada, a su cuerpo al lado del mío.

La fantasía crece, y con cada segundo, el deseo se vuelve más fuerte.

Susurros de su nombre escapan de mis labios, y aunque no hay nadie más en la habitación, el sonido parece reverberar en el aire. Dean. Su nombre resuena en mi mente mientras me dejo llevar por la necesidad de liberación.

Mis dedos exploran más allá de lo habitual, creando un calor que se intensifica en mi interior.

Siento cómo la presión se acumula, y cada toque me hace más consciente de lo que estoy haciendo.

Mis labios se entrecierran mientras mis dedos se mueven con más firmeza, buscando ese punto de placer que me haga volar.

Las imágenes de Dean, su sonrisa, su mirada intensa, me envuelven por completo. El mundo exterior se desvanece, y lo que existe en este momento soy solo yo y la necesidad que crece cada vez más. Esto no es un juego, me digo, mientras el éxtasis comienza a apoderarse de mí.

Con un último empuje, un grito se escapa de mi boca, y la oleada de placer me inunda, llevándome a un lugar que no sabía que necesitaba. Mi cuerpo tiembla mientras me dejo llevar por el orgasmo, y en un instante de claridad, pronuncio su nombre, Dean, como si él fuera el único en este momento.

Con la respiración entrecortada, me quedo apoyada contra la pared de la ducha, sintiendo cómo las gotas de agua caen sobre mi piel aún caliente.

El silencio de la habitación me rodea, y en ese momento de calma, me doy cuenta de que he dejado atrás un peso importante.

Tal vez, después de todo, no puedo seguir huyendo de lo que siento.

Después de unos minutos, me aclaro, dejando que el agua fría me despierte. Me lavo el cuerpo, sintiendo cómo el agua se lleva no solo el jabón, sino también la confusión y el miedo que han estado anclados en mí.

Una vez que salgo de la ducha, me seco con cuidado, dejando que la toalla absorba cada gota de agua de mi piel.

La suavidad del algodón me abraza y me recuerda que, a veces, puedo darme permiso para ser vulnerable.

Me pongo el pijama, una camiseta de tirantes y pantalones cortos que me hacen sentir cómoda, y me miro en el espejo una última vez.

Riley, la chica que ha huido y se ha escondido, ahora está lista para enfrentar lo que venga. No debo tener todas las respuestas, pero sé que hay algo que quiero descubrir. Y, mientras me dejo caer en la cama, los pensamientos sobre Dean comienzan a llenar mi mente de nuevo.

Tal vez manana sea el momento de dejar de resistirme tanto. Tal vez sea hora de empezar a abrazar lo que siento, porque, al final, ¿quién sabe? A veces, los suenos pueden cumplirse.

Y con esa idea en mente, me dejo llevar por el sueno, dejando que la tranquilidad de la noche me envuelva, esperando que manana sea un nuevo comienzo.