Ruthless Obsession (Despiadados 1) Capítulo 18 Los bailes nunca han sido lo nuestro #4
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Capítulo 18 Los bailes nunca han sido lo nuestro #4

—¿Y bien, solnyshko ? —pregunta, estirando las comisuras de los labios.

—Increíble —miento descaradamente, carraspeando para aliviar mi garganta—. Sabe… interesante. Tiene cuerpo.

Él empieza a reírse casi sin control, una carcajada limpia que le ilumina el rostro, y yo vuelvo a golpearle el brazo.

—No te rías de mí, Volkov.

La diversión se apaga un poco en sus ojos azules, sustituida por esa intensidad a la que a veces me cuesta sostenerle el pulso.

—No me llames por mi apellido, Liliana.

—¿Ah? ¿Te molesta? Pues a mí también me molesta ser tu chiste personal cada vez que intento hacer algo nuevo.

—No eres mi chiste… —murmura, y su voz baja, suavizándose—. Solo me pareces adorable. Eso es todo.

Joder. Adorable .

¿Hay una palabra peor en el diccionario para que te la diga el chico que te gusta desde el colegio? No sexy. No atractiva. No arrebatadora.

No.

Adorable .

Básicamente, acaba de meterme en la misma categoría que un cachorrito de Golden Retriever.

Épico.

Apoyo la barbilla en la mano y aparto la mirada, clavándola de nuevo en el cielo.

Por un segundo, a pesar de estar aquí con él, siento una punzada de nostalgia real por estar perdiéndome el último baile antes de la graduación. Había fantaseado mucho con este día. Con el vestido. Con las fotos. Y ahora lo he dejado pasar como si nada.

Aunque, siendo realistas, tampoco podía aparecer en el gimnasio del instituto del brazo de Aleksei Volkov. Si todo el mundo inventaba que estamos saliendo, se armaría la de Dios.

La última vez que ocurrió algo parecido, expulsaron a este loco durante tres días por darle una paliza a un tío que sugirió algo sobre nosotros. O, al menos, eso fue lo que me contó.

Y claro, ahora ya es adulto… No estudia con nosotros. Ni siquiera sé bien qué está haciendo.

Lo único que sé es que habría sido terrible. El otro chico llevó el brazo escayolado el resto del año y temblaba cada vez que Aleksei pasaba a su lado.

En fin .

Supongo que crecer también es esto: asumir que las cosas no siempre ocurren como te gustaría y que la vida real no es una película de Disney Channel .

Noto que los ojos se me humedecen un poco, un escozor estúpido que me da rabia, así que, para disimular, vuelvo a darle otro trago a la cerveza.

Esta vez, la sorpresa ya no me ayuda a contener el asco y una mueca me deforma el rostro sin que pueda evitarlo.

—Joder, qué asco —mascullo casi para mí misma, con un hilo de voz.

Pero él, que no ha dejado de mirarme ni un solo instante, me escucha perfectamente.

—Te dije que no iba a ser lo tuyo, solnyshko…  —dice, dejando su botella a un lado y acortando la distancia entre nosotros—. ¿Te pasa algo aparte de eso? No me mientas, por favor. Sé cuándo lo haces. Deja de hacerlo. No conmigo.

Aprieto los labios y clavo los ojos en los suyos. Está tan cerca que puedo oler su perfume. Parece extrañamente dispuesto, preparado para cumplir cualquier cosa que pudiera pedirle en este preciso instante.

La atmósfera se vuelve pesada, cargada de una electricidad silenciosa que me hace temblar.

¿Y si me la juego? ¿Y si le pido mi primer beso? ¿Lo haría?

Mis mejillas vuelven a arder y sacudo la cabeza con brusquedad, apartando la idea antes de cometer una locura.

No .

Últimamente me ha quedado bastante claro que él no siente lo mismo. Para Aleksei solo soy su amiga adorable . Y no voy a destrozar lo único que todavía tengo de él por culpa de un impulso estúpido.

—¿Bailarías conmigo? —pregunto.

Y me arrepiento en el acto, justo en el maldito milisegundo en que las palabras terminan de escapar de mis labios.

Me quedo completamente congelada, conteniendo el aliento y rogándole mentalmente a cualquier deidad que una ráfaga de viento se haya llevado mi voz lejos de aquí.

Aleksei me observa en silencio. El pulso me brama en los oídos mientras espero que se ría, que me suelte alguna burla o que vuelva a recordarme lo « adorable » o tonta que soy.

En su lugar, entorna esos ojos oscuros y desvía la mirada hacia el borde del tejado antes de volver a fijarla en mí.

—¿No crees que es un poco peligroso bailar aquí arriba,  Liliana ? —pregunta.

Hay una nota extraña en su voz, algo que no consigo descifrar, pero que me eriza la piel.

Suelto un bufido, intentando camuflar desesperadamente los nervios que me están destrozando por dentro bajo mi habitual tono borde.

—No, idiota —le espeto, desviando los ojos hacia mis botines—. Me refiero abajo. En tu habitación

Él se queda observándome durante un segundo más, con esa fijeza despiadada que consigue calarme hasta en partes de mi cuerpo que ni siquiera sabía que podían reaccionar.

El silencio se vuelve tan espeso que casi puedo escuchar el eco de mi propia propuesta flotando entre los dos.

Se pone en pie con un único movimiento fluido y se detiene justo en el borde del tejado, dándome la espalda mientras abre la ventana. Entra con rapidez y empieza a buscar su teléfono.

Desde el interior, al otro lado del cristal, llega el sonido torpe de sus dedos trasteando con alguna aplicación.

Y, de pronto, los primeros acordes de From Eden de Hozier , empiezan a filtrarse hacia el exterior.

Sonrío porque no sé cómo lo ha sabido, pero me encanta esa canción.

Aleksei vuelve a girarse hacia mí y me tiende la mano, con la palma hacia arriba, invitándome a abandonar el frío.

—Vamos dentro, solnyshko .

Permanezco sentada sobre las tejas un segundo más, mirando su mano, con el corazón golpeándome las costillas y la respiración atrapada en la garganta.

Estiro los dedos y rozo la calidez de su palma, dispuesta a cruzar esa línea.

Dispuesta a descubrir a qué sabe bailar con él  en la oscuridad de su habitación.