Ruthless Obsession (Despiadados 1) Capítulo 17 Prometo explicarte toda esta mierda. #4
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Capítulo 17 Prometo explicarte toda esta mierda. #4

Petro me mira como si no entendiese a qué me refiero.

Puto soplapollas de mierda.

—¿Qué pasa con el incendio?

—Que acabas de intentar enterrarlo bajo una noticia ridícula que solo te importa a ti y a nadie más en esta sala —respondo, con una calma que iguala la suya—. Lo que dice mucho sobre quién  tiene interés en que no se investigue esta mierda.

Su mandíbula se tensa un milímetro.

Casi sonrío. Y, por el rabillo del ojo, descubro a Liliana esforzarse también para no hacerlo.

Dios, cómo me gusta que disfrute viendo a mi hermano humillado. Que lo deteste tantísimo.

—Nadie está enterrando nada, Aleksei. Estoy informando al Consejo de una petición legítima de nuestros futuros aliados. Si eso te incomoda, quizá deberías preguntarte por qué. ¿No, hermanito ?

Cherysev interviene antes de que pueda responder.

—En relación con esa petición, Petro… —Anatoly entrelaza las manos sobre la mesa con esa parsimonia que emplea cuando está a punto de decir algo que nadie quiere escuchar—, el Consejo considera necesario aclarar un asunto que parece haberse omitido tanto en esta conversación como en las anteriores.

La mueca desaparece del rostro de mi hermano, que se queda completamente inmóvil. Una que espera un golpe que ya conoce.

Lo escuché en el despacho. Sé lo que quiere hacer. Sé que escuchó a Anatoly decir lo que dijo.

—El acuerdo original con los Lombardy no te contempla como sucesor… —comienza Cherysev, sin apartar los ojos de Petro—. Contempla al próximo pakhan  reconocido por el clan, que, hasta la fecha, es Aleksei Volkov, tu hermano mayor.

Él no se mueve. Apenas parpadea y creo que hasta puedo escuchar el corazón de Liliana latiendo con fuerza a su lado.

—Lo que quiero decir con esto es que adelantar la boda sin resolver la sucesión interna no te otorga ninguna legitimidad. Al contrario. Podría invalidar el acuerdo y desatar una guerra con los italianos, un conflicto que lleva resuelto desde que tu hermano fue nombrado obshchak hace siete años.

El silencio que sigue es de los que preceden a los terremotos, a esos seísmos que no dejan en pie ni los putos cimientos.

Petro sigue sin moverse. No sonríe, como haría habitualmente.

No. Es demasiado inteligente para reírse con cinismo de algo así.

En su lugar, veo cómo aprieta la mandíbula y cómo sus dedos se clavan más en el hombro de Liliana, un gesto que me hace querer arrancárselos uno por uno, hasta que suplique por una clemencia que no pienso concederle.

Mis ojos recorren sus manos mientras imagino la tortura, pero entonces levanto un poco más la mirada y la veo. Mi sol ha dejado de mirar por la ventana.

Ahora tiene los ojos fijos en la mesa, con esa expresión que le conozco desde que era niña. La misma que aparece siempre que intenta procesar algo que acaba de destruir todo aquello en lo que creía, algo que ha cambiado el curso de su vida.

Como cuando, a los ocho años, le dije sin querer que Papá Noel no existía o cuando la rescaté del accidente de sus padres y se desmayó al enterarse de que habían muerto.

Joder . Ella todavía no recuerda esos hechos y temo que esta información también sea demasiado dura de procesar.

Maldición. Creo que está asimilando lo que soy dentro de la Bratva.

Lo que cree que eso significa. Y me parece que no está entendiendo por qué, si se supone que Petro no es nadie, no la he sacado de ese lugar donde la maltratan.

Observo cómo su pecho sube y baja con una cadencia distinta, cómo sus dedos se aflojan y vuelven a tensarse sobre el brazo del sillón, intentando encontrar un punto de apoyo al que aferrarse.

Está encajando piezas. Pero no sé si de la forma correcta.

Mierda, no sé cuánto ha entendido ni cuánto recuerda de lo que escuchó en el despacho y de lo que le dije mientras la masturbaba, pero las palabras de Cherysev acaban de impactar en ella con una fuerza que puedo apreciar incluso desde aquí, alterándole la expresión.

La miro un instante. Nuestras miradas se encuentran y pienso, como si ella pudiera escucharme:

Lo siento, solnyshko. Prometo explicarte toda esta mierda pronto.

Aparto los ojos de los suyos cuando Petro recupera la compostura con una rapidez que reconozco a la perfección. El egocentrismo vuelve a encajar en su sitio como si nada se hubiese alterado. Como si no acabaran de decirle que el título no tiene pinta de ser suyo.

—El Consejo tiene razón en señalarlo —dice con una imparcialidad que, dada su arrogancia, debe de estar costándole un esfuerzo sobrehumano—.

La cuestión de la sucesión interna es un asunto que debe resolverse, pero Iván ha prohibido cualquier acción hasta su muerte y los tiempos no esperan.

Mucho menos los Lombardy, que ya empiezan a dudar de la Bratva.

—¿Te han dicho eso? ¿De verdad? —pregunto, escéptico, tratando de no mirar la expresión mortificada de Liliana.

—No, pero está claro que, si Iván muere antes de que haya una resolución definitiva, el vacío de poder será mucho más peligroso que cualquier desacuerdo interno. Dos más dos, hermanito . Matemáticas básicas.

Aprieto los dientes con fuerza, deseando coger el bolígrafo y desgarrarle la tráquea con él.

—¿Qué propones, entonces? —inquiere Artyom, interesado.

—Propongo ignorar los deseos de mi padre, cuya voluntad política ya descansa en paz, y resolverlo de una vez por todas, como se ha hecho siempre.

Yo dije exactamente lo mismo hace cinco días y, para sorpresa de nadie, la respuesta sigue siendo la misma. Cherysev niega con la cabeza, con sus nervios de acero casi quebrados por la audacia de este subnormal.

—El consejo rechaza la petición. El pakhan sigue vivo y lo que propones es una traición al clan.

Petro levanta las manos, intentando eximirse de toda culpa.

—¿No es más importante la sucesión ahora? Había entendido eso, por eso intentaba aportar una solución… No como otros, que solo hacen preguntas tontas.

—Eso… —interviene Nikolai, pese a que no debería hacerlo—. Eso es exactamente lo que alguien que acaba de quemar un casino querría que creyésemos. ¿Nadie se da cuenta? ¿O es que todos os estáis tragando sus pantomimas?

—Silencio, Dragunov —replica Artyom—. Aleksei se hará cargo de los gastos de la reconstrucción. Tu territorio será restaurado.

—¿Crees que me importa una mierda el territorio? ¡Me importan los muertos!

—Los enterraremos como es debido. Cálmate, Dragunov.

—Vale, bien. ¿Y eso en qué soluciona el problema político que tenemos?

—inquiere Niko, arriesgando el pescuezo y hablando sin que nadie consiga controlarlo, ni siquiera Misha, que lo agarra de la camisa para intentar frenar sus esfuerzos por acabar muerto—.

¿Por qué dejáis que cambie de tema sin respondernos?

¿Eh? ¿Es que es el más chulo de su barrio? ¡Joder, abrid los ojos!

Anatoly inspira profundamente y se levanta de su asiento. Por un momento, creo que va a ejecutarlo, pero entonces responde:

—El consejo lo estudiará y tomaremos una decisión.

—Entonces… ¿No todos estamos viendo lo mismo?

Petro me mira con una rabia asesina latiéndole en las pupilas. Sé que, si nos diesen un cuchillo y nos dejasen a nuestra suerte, ambos iríamos a degüello sin dudarlo un segundo.

Ojalá pasara.

Pero no. En su lugar, esboza una sonrisa falsa y dice:

—Cuida de ti y de tus hombres, hermano… Las acusaciones sin pruebas son peligrosas. Sobre todo cuando vienen de alguien a quien el Consejo todavía no ha coronado como pakhan .

Me recuesto en la silla, respirando con fuerza.

Me he cansado de esta mierda.

—La reunión ha terminado —digo, mirando a Cherysev—. Anatoly. Mañana. Sin invitados.

La última palabra va dirigida a Petro. Y él la entiende.

Se pone de pie con esa calma suya, tirando de Liliana como si fuera un perro. Ella se levanta sin oponer resistencia, pero, en el preciso instante en que pasan junto a mi silla, nuestras miradas vuelven a encontrarse.

Un segundo.

Suficiente para estar a punto de hacerme perder el control.

Casi lo hago, porque en ese instante veo todo lo que no puede decirme en voz alta.

Joder, necesito hablar con ella ya.

—Nikolai, empieza a organizar el plan « Rusia ». Ahora.