Ruthless Obsession (Despiadados 1) Capítulo 14 En vez de una boda, será un entierro. #4
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Capítulo 14 En vez de una boda, será un entierro. #4

Anatoly me sigue, manteniendo una distancia prudente. Sabe de sobra que, si no he estallado contra él todavía, es porque el milagro aún no se ha agotado.

Me detengo al final del corredor, lejos de oídos indiscretos, y me giro para encararlo. Mi pecho sube y baja con ligera dificultad, y mis nudillos siguen blancos por la tensión acumulada. Si supiera lo que es la ansiedad, diría que estoy a punto de tener una crisis.

Pero no. No es eso.

No he dormido, no he bebido ni he fumado todavía. Además, para mi jodida suerte, mi padre no se está muriendo del todo.  Es normal esta reacción. Es normal que, a estas alturas, mi paciencia sea un hilo a punto de romperse.

O Anatoly habla ya… o saco la Glock y empiezo a hacer mi jodido trabajo, como me han enseñado.

—Empieza. Te escucho.

Él suspira, ajustándose la chaqueta con esa parsimonia que solo quienes han sobrevivido a tres guerras pueden permitirse. Me sostiene la mirada y, en ese instante, sé que lo que va a decir no me va a gustar.

—Iván ya no está en condiciones de dar órdenes, Aleksei. Tú mismo lo has visto. Has oído al médico. La morfina no le permite ser un líder de verdad —empieza, sacando un cigarrillo—. Ese hombre que balbucea nombres de fantasmas ya no es el pakhan .

—¿Qué quieres decirme con eso, Cheryshev?

Sus ojos grises, curtidos por décadas de traiciones y estrategia, me analizan un instante antes de asestar la estocada:

—El Consejo ha tomado una decisión para evitar que la organización se desangre mientras él decide si morirse o no.

Da un paso hacia mí, bajando la voz lo justo para que solo yo pueda oírlo. Puedo anticipar sus palabras antes de que salgan.

—Te toca tomar el relevo, joven Volkov. Eres el o bshchak . Tienes que hacerlo.

—Llevo siéndolo desde hace siete años, Anatoly —respondo, firme, esperando que se deje de rodeos—. Llevo casi una década cubriéndolo, haciendo el trabajo sucio. ¿Qué cambia exactamente?

—Lo que cambia es que, desde ahora, a ojos de todos, el control de la Bratva recae sobre ti. Al menos, hasta que él decida que ha llegado el momento de morirse. Todos te deben lealtad absoluta. Sin excepciones.

Algo se contrae en mi pecho, comprimiéndome los pulmones.

—¿Por qué yo? ¿Por qué ahora ?

Él se encoge de hombros mientras saca el encendedor del bolsillo. Está prohibido fumar en esta planta por los problemas respiratorios del pakhan , pero el hombre que tengo delante ha decidido que eso ya no importa.

—No podemos permitirnos quedarnos sin liderazgo si Iván decide respirar unos meses más.

Entorno los ojos, sintiendo el peso de sus palabras recorrerme la columna. Entendiendo la estrategia a la que estos viejos han decidido aferrarse. A lo que están jugando conmigo.

—¿Es lo que mi padre pidió cuando aún le funcionaba la cabeza? —cuestiono, porque, le pese a quién le pese, sigue siendo la máxima autoridad.

—¿Importa? Es lo que la Bratva necesita ahora mismo.

Es lo que debe hacerse, sin más —sentencia, encendiendo el cigarro e inhalando una profunda calada que, al exhalar, llena el espacio de humo—.

Sin embargo, joven Volkov, no quiero que malinterpretes la situación.

No creas que esto te concede poder de decisión.

Para nosotros seguirás siendo un soldado que debe obedecer y hacer lo que se espera de él… al menos, hasta que llegue el momento .

—¿Y qué es exactamente lo que esperáis de mí?

—Es sencillo. Lo único que el Consejo espera es que te hagas cargo de todo aquello que Iván, por su estado, ya no puede atender.

Que lo hagas para demostrar que puedes llevar el título…

y mantenerlo. Y eso, Aleksei, incluye la boda de tu hermano.

Tú la organizas, tú la pagas y tú garantizas que los Lombardy queden satisfechos con el trato. ¿Fácil, verdad?

Un pitido agudo me anula el oído y el mundo se reduce al humo del cigarro de Anatoly, quemándome los pulmones por dentro, como si acabara de tragar algo más  que la nicotina que el viejo insiste en escupir.

Está quieto, mirándome, esperando cualquier reacción que me desacredite. Si grito, si me muevo o si saco el arma, se acabó todo para nosotros. Se acabó todo para Liliana.

Lo contengo. Hago lo único que sé hacer: no hago nada.

Solo pienso en que Nikolai tenía razón. Otra vez.

Ese cabrón es un imbécil, pero lee la política mejor que nadie. Sabía que, si Iván no moría hoy, era porque había algo más. Y lo cierto es que no me creo que esto sea solo una idea de esos viejos decrépitos.

Sé cómo piensa un Volkov. Y sé que mi padre llevaba tiempo planeando esto.

Un último juego.

Una mierda que manda todo lo que Yuri, Arkady y yo habíamos preparado directamente al carajo.

Siento unas ganas enfermizas de echarme a reír, de forma histérica, ante lo irónico de la situación. Pero me contengo. Solo las comisuras de mis labios se elevan en un gesto que no llega a mis ojos.

—¿Y si no? ¿Me mataréis y le dejaréis la Bratva  a Petro? ¿De verdad?

—Eso es lo que tu padre dejó escrito en su testamento. Su última voluntad —responde, exhalando el humo con parsimonia—. Claro está, solo si tú no cumples con lo que se espera de ti.

—¿Y desde cuándo tenemos en cuenta aquí los deseos de un muerto en vida?

—Tienes razón, joven Volkov… —inclina la cabeza, apenas un gesto—. ¿Por qué será que ahora sí?

Puedo leer entre líneas. Entiendo que la mejor jugada para mí —y para todos— es asumir el mando ahora. Veo con claridad que este viejo me respeta más que al gilipollas que sigue dentro, rezando para que Iván tarde más en morirse y así poder cerrar ese acuerdo político de mierda.

No puede ser tan gilipollas. No me lo trago. No puede pensar de verdad que eso va a salvarle el culo…

Tiene algo más preparado.

—Iván también dijo que, cuando él muera, podemos matarnos entre nosotros sin consecuencias —digo casi de forma retórica, hablando para mí mismo—. Que el mejor ganaría… y se llevaría el puesto.

—Así es, joven Volkov —confirma, aunque solo estaba pensando en voz alta—. Quedó reflejado en el último documento. Es oficial.

—Entonces… ¿quién cumpliría con los Lombardy  si lo mato? —pregunto, aunque ya insinué esto mismo aquella noche en el despacho—. Dilo claro. No quiero rodeos.

Sus hombros se alzan en un gesto leve antes de que una sonrisa casi imperceptible asome en sus labios.

—Lo que se haga lo decidirá quien se siente en el trono de forma definitiva. Una vez Iván esté muerto, sus órdenes también se enterrarán. Ya sabes cómo funciona. Nuevo pakhan , nuevas normas.

—O sea... que el siguiente pakhan  será el que se case con Liliana.

—En efecto, joven Volkov. Eso es lo que se estipuló en el contrato matrimonial.

Esas palabras solo confirman una cosa.

En cuanto Iván muera, nadie se opondrá.

Podré hacer lo que quiera. Será mi deber hacerlo. Si espero, si juego bien mis cartas, enterraré sus órdenes. Enterraré a mi hermano. Y, sobre las cenizas de toda esta puta mierda, reclamaré lo que me pertenece desde el mismo momento en que puse un pie en esta ciudad.

Eso que siempre he necesitado… y que siempre me han negado.

Liliana dejará de ser una moneda de cambio para los Lombardy y su estúpida paz entre mafias.

Será algo más.

Será la mujer del pakhan .

Será mía .