Capítulo 1 Pide un deseo. #3
Las palabras brotan atropelladas de mi boca antes de poder procesar lo que significa toda esta locura:
—¿Mi mano? ¿La Bratva? ¿Qué estás diciendo? Yo no quiero casarme con un criminal, no puedo, yo no...
Hipócrita . Piensas igual o peor que alguien metido en la mafia rusa.
Mi corazón late desbocado, tanto que mis oídos se embotan por el ruido. Apenas logro escuchar lo que dice.
—Niña tonta… ¿Aún no sabes a qué familia perteneces? ¿De verdad? ¿Aún no entiendes lo que significa, en este condado, el clan Moretti y la Cosa Nostra?
¿Clan Moretti? ¿Cosa Nostra? ¿De qué mierda está hablando?
—¿Qué tiene todo eso que ver conmigo, zio ? —Ni siquiera pienso lo que digo—. ¿Es una broma o algo así?
Su sonrisa, cargada de burla, me confirma que no.
Y entonces mi pecho, que hasta hace un segundo subía y bajaba frenético, se detiene en seco.
—No, querida Liliana. No es ninguna broma.
Es más sencillo que eso. —Hace una breve pausa para mirarme directamente a los ojos—.
Tu padre te vendió. Prometió tu mano y lealtad a la mafia el día que naciste, y ahora necesitan la moneda de cambio que él les ofreció.
Así de sencillo. Debe de ser un honor para ti: eres crucial en esto.
Su mirada brilla con una emoción malsana, como si, por fin, aquello que tanto ansiaba estuviera completándose.
No. No, no, no. Mi padre nunca haría eso. Nunca me entregaría a alguien que yo no amo. Me educó para seguir mi corazón… ¿qué sentido tendría, entonces?
Ni siquiera logro asimilar lo que está ocurriendo. Mi boca se mueve sola, torpe, confundida.
—¿Crucial en qué?
—¡Crucial en todo, bambina ! Eres la oportunidad para salir de estos suburbios de mierda y poder operar en las Heights, en las Hills incluso, si jugamos bien nuestras cartas.
Su mano, llena de anillos toscos, me señala.
—Tú, con esa cara angelical y ese coño sin estrenar, eres lo único que él quiere, por algún jodido motivo que no me interesa. A cambio de ti conseguiremos un montón de chicas eslavas que vender y así devolverle a la Cosa Nostra el brillo que esos malditos soviéticos nos arrebataron.
—Pero, tío Enzo… —trago saliva con dificultad—. Tú tienes una empresa de textiles. Nunca te he visto fuera de ella. Tú no eres parte de la mafia, eres una persona normal. Tú eres…
Parpadeo, sintiendo cómo todo gira a mi alrededor. Ni siquiera logro terminar la frase. Hay tanta diversión en sus facciones que no puedo evitar pensar en lo peor.
¿Y si no está mintiendo?
Creo que voy a desmayarme. A vomitar. A caer de rodillas, esperando despertar de esta pesadilla.
—Yo soy la próxima mano derecha del capo de la Cosa Nostra, querida. El siguiente sottocapo, tras la muerte de tu querido papá.
Niego frenéticamente.
—¡No, no puede ser verdad! ¡Mi padre nunca se metería en estas cosas! Somos… gente normal. Somos…
—¡Niña tonta! Eres mucho más estúpida de lo que pensaba…
¡Somos de la mafia italiana, Liliana! ¡Despierta!
—carcajea—. ¿De dónde crees que sale toda la ropa que usas?
¿De dónde crees que sale la mansión en la que vives?
¿Piensas que fabricamos para Armani y Dior y que por eso somos millonarios?
Nunca fue un negocio legal. Ahora mismo, los Moretti lavamos el dinero que obtiene el capo de la droga que los putos rusos nos permiten traficar.
Creo que dejo de escuchar después de «millonarios» .
Ni siquiera tengo un coche propio. ¿Cómo vamos a ser ricos de verdad?
Miro mi vestido, largo, con vuelo por debajo de la rodilla, tan impecable y bonito. Sin embargo, es la primera vez que me fijo en él. Me lo he puesto sin pensar, sin cuestionarme nada, sin reparar en el color ni en la forma.
Nunca presto atención a la ropa que me dan; me limito a usarla, porque mi opinión no importa.
Quizá también se deba a que llevo siete años arrastrándome por la vida como un cascarón vacío, que no siente ni padece…
y, al parecer, incapaz también de percibir lo evidente, incluso cuando no se esfuerzan por ocultarlo.
¿Cómo he podido estar tan ciega? ¿Cómo no he visto la ostentación en la que viven?
Enzo sigue hablando, ignorando la rigidez de mi cuerpo:
—¿Por qué crees que te acogí realmente, Liliana?
Sabía que, llegado el día, sacaría provecho de la promesa que hizo tu padre al capo y me ganaría su respeto.
Estabas destinada a continuar el linaje Moretti, a ser una figura importante de la Cosa Nostra.
Pero, dada la situación actual, parece que serás lo que esos rusos locos quieran que seas…
al menos, mientras sigas viva. Quién sabe, tal vez hasta te dejen las piernas intactas para poder seguir sacando provecho de ti.
—¿Qué quieres decir?
—Quiero decir que, en cuanto empiecen a rodar cabezas y se perciba la traición, serás la primera en ser señalada. Y esa cabecita preciosa tuya será la primera en caer.
Su mueca cruel se ensancha cuando mis piernas fallan y, finalmente, caigo de rodillas en el suelo.
— Congratulazioni, futura signora Volkov . Vas a ser muy feliz… el tiempo que te queda.