CAPÍTULO SESENTA Y SIETE
Me quedé paralizada, y el corazón se me salió del pecho y fue a esconderse debajo de la cama. ¿Cuánto tiempo llevaba escuchando? Le di un codazo a House para que dijera algo. Negó con la cabeza enérgicamente. De repente, a la parlanchina le había dado un rigor mortis en la boca.
Se giró hacia nosotras.
—Ya estás despierto —logré decir con toda la naturalidad que pude—. Eh, le estaba hablando a Tracy del festival en Chinatown.
—Ah, sí, el festival de música. Pienso ir.
—A lo mejor podemos quedar allí.
—Sí, sería genial, siempre y cuando nos dejen salir de aquí. Mandadme un mensaje cuando lleguéis las dos.
—Yo no puedo ir —soltó Tracy de golpe—. Ya tengo planes. Lo siento, pero Abby, deberías ir tú. Suena divertido.
Madre mía, la actuación en este numerito de Chica Enamorada de Chico es pésima. Imposible que se lo trague.
—Vale. Abby, parece que te toca aguantarme.
Pues sí, se lo tragó.
Justo cuando iba a proponer una hora, apareció el diablo, y tenía una voz chillona.
—¡Kyle!
En nuestra habitación entró contoneándose una belleza asiática: delgada, alta, con tacones de aguja, bolso Gucci, collar de perlas, pulsera de jade, labios pintados de ciruela, piel clara y una minifalda que más bien parecía una toalla de mano.
Llevaba un osito de peluche con un globo de «¡Que te mejores pronto! ».
Avanzó con pasitos diminutos mientras contoneaba los pechos sin sujetador bajo lo que tenía que ser la blusa más transparente jamás inventada en la historia de la humanidad.
—Qué penita verte aquí —gimoteó mientras las pestañas le batían con la fuerza y duración suficientes para generar energía eólica sostenible—.
¿Cómo está mi amochito? ¿Mi bebito se siente mejoch?
Luego empezó a hacer ruiditos de besos e hizo que el osito besara a Kang por toda la cara.
Y maldita sea si él no se estaba tragando el numerito entero.
Kang estaba en las nubes, muerto de risa con esa mujer mientras ella se acurrucaba contra él.
Solo cuando House carraspeó se separaron de aquella demostración pública de afecto tan excesiva que daba náuseas.
Kang levantó el brazo, señalando por encima del hombro de la mujer. —Suzi, te presento a la agente Tracy House y a la agente Abby Kane. Abby es mi compañera en el caso Cotton Candy.
Suzi se volvió hacia nosotras y esbozó una sonrisa de plástico que duró un segundo y pico antes de esfumarse. Extendió la mano. —Hola. Soy Suzi Zhang, la novia de Kyle.