CAPÍTULO SESENTA
De vuelta en la superficie, un enjambre de agentes de policía había tomado Portsmouth Square.
Reilly y su equipo ya llevaban un rato fingiendo inspeccionar la escena del crimen cuando se dio cuenta de que había pasado media hora desde su llegada.
Su intención era echar un vistazo rápido y marcharse, pero sin la agente a cargo del caso presente, eso no era posible.
Preguntó en voz alta, sin dirigirse a nadie en concreto:
—¿Alguien ha visto a la agente Kane?
—No se ha presentado, señor —respondió un agente que pasaba.
Reilly llamó a Abby al móvil, pero le saltó el buzón de voz. «¡Mierda! ¿Dónde estás? Se supone que esta operación es tuya». Se acercó a uno de los uniformados del Departamento de Policía de San Francisco que vigilaban el perímetro.
—¿Sabes si el detective Kang ha llegado o viene de camino?
—Que yo sepa, no, señor. Puedo llamar a la central para que intenten localizarlo.
—Gracias.
Reilly volvió adonde estaba aparcada la moto.
El equipo forense se afanaba en buscar huellas y fotografiar los alrededores.
La cabeza falsa seguía dentro del contenedor, aunque ahora, a la luz del día, Reilly distinguía claramente que era un accesorio de atrezo.
Cerró la tapa justo cuando sintió un golpecito en el hombro.
—Abby, ya era hora...
—Lo siento, te has equivocado de agente —la agente Tracy House estaba frente a él.
—Oh, pensé que eras... ¿Qué haces aquí?
—Abby me puso al corriente del plan. He venido a ver lo real que parece la escena del crimen. Estoy impresionada.
—Pues yo no. Abby no aparece por ningún lado. Se supone que debería estar aquí supervisando esta farsa.
—Si necesitas ayuda, puedo echar una mano.
—Gracias, agente. Te lo agradecería.
House señaló con la cabeza hacia un grupo de periodistas apostados fuera del área acordonada.
—Parece que alguien tiene que dar un comunicado falso a la prensa.
Reilly negó con la cabeza y apretó la mandíbula antes de ir a darle carnaza a la prensa.
House se acercó a la moto y echó un vistazo dentro del contenedor cuando un agente uniformado le dio un golpecito en el hombro.
—Disculpe que la moleste, pero ese otro agente —dijo, señalando a Reilly— me pidió que comprobara el paradero del detective Kang.
Quería informarle de que la central no ha conseguido localizarlo.
También quería comentarle que la furgoneta que requisó no ha sido devuelta.
Él no me pidió que lo comprobara, pero lo hice...
—Espera, ¿cómo que no ha sido devuelta?
—Debería haberse devuelto a primera hora de esta mañana, pero no ha sido así. Pensé que merecía la pena mencionarlo.
—Gracias. Y tanto que la merece.
Su mente empezó a trabajar a toda velocidad mientras notaba un vacío en el estómago. Algo no cuadraba. House sacó el teléfono y llamó a Abby mientras se dirigía hacia Reilly. No obtuvo respuesta.
—Agente especial Reilly —lo llamó, interrumpiendo su discurso ante los periodistas—, lo necesitan en la escena del crimen.
—Eso es todo por ahora. Les informaremos en cuanto tengamos más datos.
En cuanto se alejaron lo suficiente para que los reporteros no pudieran oírlos, Reilly susurró entre dientes:
—Gracias por sacarme de ahí.
—Señor, creo que tenemos un problema. Un agente del Departamento de Policía de San Francisco acaba de informarme de que la furgoneta que el detective Kang requisó para traer la moto nunca se devolvió esta mañana.
—¡Mierda!
Reilly detuvo a otro agente que pasaba.
—Agente Burns, ¿conoces al técnico de efectos especiales que hicimos venir?
—Sí, ayudé a coordinar su viaje.
—Bien. Quiero que compruebes si está en su habitación de hotel. Ya.
—No entiendo —dijo House—. ¿Por qué te interesa el tipo que hizo la cabeza?
—Porque fue con ellos anoche para terminar de prepararla.
Reilly respiró hondo mientras observaba la escena. Abby había preguntado si deberían llevar refuerzos, pero ambos habían concluido que la operación era tan sencilla que no hacían falta. «Tendría que haberlo previsto».
—¿Tenían que dar parte después de la entrega?
—Solo si por alguna razón no podían completarla —respondió Reilly—. Debería haber enviado un equipo a vigilarlos.
El agente Burns reapareció mientras guardaba el móvil.
—¿Tienes algo?
—La habitación estaba vacía y la cama no parecía haber sido usada.
—Agente House, reúna a todos los agentes disponibles y tráigalos aquí.
Unos minutos después, House regresó con otros seis agentes. De todo el grupo, era ella quien parecía más preocupada, y con razón. Para ella, Abby era mucho más que una simple compañera de trabajo. Reilly se acercó y le apretó el hombro en un gesto de apoyo.
—Oye, tú no asignaste a Abby a este caso; fui yo. No quiero que te eches la culpa, ¿de acuerdo?
House asintió mientras intentaba tragar el nudo que se le había formado en la garganta.
—Escuchen. Tenemos una situación: una de las nuestras, un detective del Departamento de Policía de San Francisco y un civil han desaparecido.
Reilly les puso al corriente de los detalles que acababa de conocer.
—Quiero que se establezca un perímetro de búsqueda partiendo de esta plaza y ampliándolo hacia fuera.
Además, emitan una alerta para localizar la furgoneta que usaron y que el Departamento de Policía de San Francisco y la Patrulla de Carreteras vigilen las carreteras y puentes de salida de la ciudad. Quiero...
Reilly se detuvo y levantó el pie derecho. Bajo la suela, vio un proyectil metálico y delgado de unos siete centímetros de largo, con aletas rojas en el extremo para estabilizarlo.
—¿Qué demonios...?
—Si no me equivoco —dijo House agachándose a recoger el objeto—, eso parece un dardo tranquilizante.
—Analicemos lo que haya en la punta y esperemos que no sea demasiado tarde.