Russian Hill (Thriller del FBI de Abby Kane 3) CAPÍTULO CINCUENTA Y SEIS
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CAPÍTULO CINCUENTA Y SEIS

Con la Operación Comida para Llevar a solo unos días, decidí quedarme en casa y descansar.

Los viajes de ida y vuelta a la oficina habían retrasado un poco la recuperación de mi muslo.

Unos días de reposo me sentarían de maravilla.

Para mantenerme ocupada, seguí revisando la información de los Carlson.

Con todo lo que habíamos averiguado en los últimos días, estaba deseando descubrir si había algo más.

Me interesaba la lógica exacta que había llevado a los Carlson del acertijo a la respuesta y de ahí a la tarea de cada atracción.

Incluso con todo lo que habíamos averiguado, no lograba determinar cómo habían obtenido las respuestas.

Podía intuir la lógica que subyacía a cada acertijo, pero nada más.

Incluso nuestra búsqueda de la respuesta al quinto acertijo fue a ciegas; no teníamos ni idea de qué buscábamos ni de cómo lo conseguiríamos.

Quizás esa fuera la clave. El acertijo proporcionaba la información justa para que alguien descubriera la respuesta, pero no la suficiente para que otros la conocieran.

Cualquiera que intentara averiguar cómo habíamos obtenido nuestra respuesta a partir de la información críptica del juego jamás habría deducido que teníamos que mencionar el nombre del juego a alguien disfrazado de Qu Yuan mientras nos hacíamos una foto con él en el Festival del Barco Dragón.

Me hundí unos centímetros en la silla y crucé los brazos sobre el pecho. Cuanto más intentaba entender el funcionamiento del juego, más me daba cuenta de lo bien pensado que estaba para ocultar sus verdaderas intenciones.

Mientras repasaba los acertijos, algo me llamó la atención: no conocíamos los lugares que los Carlson habían visitado en el pasado, salvo la fábrica de galletas de la fortuna.

Aunque alguien llegara a la conclusión de que habíamos ido a las carreras de botes, no habría nada a lo que acudir. Era un evento, no un lugar.

Cogí el teléfono y marqué el número de Kang.

—Quedamos en la esquina de Grant con Washington.

—¿Qué hay en Chinatown?

—Con suerte, un golpe de buena fortuna.