Russian Hill (Thriller del FBI de Abby Kane 3) CAPÍTULO CINCUENTA Y UNO
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CAPÍTULO CINCUENTA Y UNO

Kang aceptó escucharme a la mañana siguiente. Sabía desde el principio que me adentraba en un campo minado de negatividad, pero necesitaba que Kang se sumara al plan. Si a eso le sumamos que le había arruinado cualquier posibilidad de dormir bien esa noche, bueno…

Me senté en una mesa en la acera frente a la panadería La Boulange en Columbus Avenue.

Hacía un día precioso, sin niebla pero todavía fresquito para llevar chaqueta.

Ya tenía mi té infusionándose en una taza grande cuando divisé su figura alta destacando entre los peatones.

Lo saludé con la mano hasta que me vio. Su amplia sonrisa alivió la tensión que sentía en el pecho.

Quizá había esperado una pelea donde no la había.

—Gracias por venir.

Le deslicé su café negro mediano de siempre mientras se sentaba.

—No hay de qué.

Agarró la taza y se la llevó a los labios, pero me mantuvo la mirada mientras bebía. Luego apartó la taza lo justo para hablar.

—Y gracias por el café.

Dio otro sorbo antes de dejarla y frotarse las manos.

—Fresquito, ¿eh?

—Un poco. Mira…

Kang levantó una mano.

—Abby, estoy dentro.

Se me abrieron los ojos de par en par.

—Puedes cerrar la boca. Es algo bueno.

Tardé un momento en ordenar mis ideas y articular una respuesta.

—Genial.

Fue todo lo que pude decir.

Kang se reclinó y apoyó el pie sobre el muslo. Supe entonces que todo iba bien y que habíamos retomado el rumbo.

—Tengo curiosidad.

Dudé un segundo, aunque no creo que lo notara.

—¿Qué te hizo cambiar de opinión? Anoche parecías tan… no sé, negativo.

Bajó el pie a la acera y se alisó la pernera del pantalón.

—La verdad es que confío en tu criterio. No creo que hubiera cerrado este caso si no hubiera trabajado contigo.

—Venga ya.

Me incliné y le di un empujón juguetón.

—Los dos trabajamos en este caso.

—Gracias. Te agradezco que me incluyas, pero sé reconocer a alguien listo cuando lo veo.

Mi amplia sonrisa me permitió dar un sorbo largo al té, que prolongué más de lo habitual. No tenía respuesta, y notaba cómo me subía el calor a las mejillas.

—Sobre este juego —dijo Kang—. ¿Cómo crees que se desarrollará?

—Cuando los Carlson mataron a ese músico, desbloquearon la Atracción Cinco, probablemente enviando fotos o vídeo del resultado final.

Sé que el acertijo no se resolvió porque la tarea aún no se ha revelado.

Propongo que nos hagamos pasar por Jerry y Vicki Carlson y juguemos como se supone que hay que jugar.

—Anoche hablaste de una persona detrás de este juego. ¿Cómo sabemos que no conoce el aspecto de los Carlson?

—No lo sabemos, pero si conseguimos resolver el acertijo sin alertar a los sabuesos, todo bien. Calculo que, en el peor de los casos, el tipo corta todo contacto y desaparece, y volveríamos al punto de partida.

—¿Y si tenemos éxito?

—Seguimos jugando y vemos adónde nos lleva.

Vi a Kang apretar los labios antes de fruncirlos de lado a lado.

—Podríamos estar metiéndonos en una emboscada.

—Tomaremos precauciones.

—¿Cuándo empezamos?

Abrí el bolso.

—Ahora. He cargado el juego en mi portátil.

Arranqué el programa. Apareció el mapa del mundo y los encabezados de las Atracciones. Hice clic en la Atracción Cinco y vimos cómo el pergamino animado se desenrollaba para revelar el acertijo.

Cientos de dragones agitan las aguas. Encuéntralos y encontrarás tu pista.

—¿Ese es el acertijo? —preguntó.

—Sí. No tengo ni idea de por dónde empezar.

Kang lo repitió en voz alta varias veces. Yo ni siquiera tenía algo que sugerir. Estaba completamente perdida sobre lo que podría significar.

Kang alzó la mirada hacia mí.

—Esto es mucho más difícil de lo que esperaba.

Respiré hondo.

—Retrocedamos un momento. Sabemos que la forma de los asesinatos está vinculada a la ciudad, así que el acertijo probablemente también. ¿Qué relación hay entre dragones y San Francisco?

—Chinatown.

Kang se incorporó. Se le había encendido la bombilla.

—Están por todas partes.

—Hay dragones danzantes en el Año Nuevo Chino —añadí.

—Es mayo, pero…

Kang levantó el dedo índice. Tenía la boca entreabierta.

—Ese no es el único festival con dragones.

Mantuvo esa pose un momento más, dándole vueltas al asunto y dejándome en ascuas.

—¡Eso es!

Se golpeó el muslo repetidamente.

—¿Qué? Dime.

—Hoy es el primer día del quinto mes del calendario lunisolar chino.

—¿Eh?

—Es el mes del Festival Duanwu, el Festival del Barco Dragón, donde compiten botes decorados como dragones.

—Cientos de dragones agitan las aguas —dije.

—Eso es exactamente lo que parece la carrera.

Le di un puñetazo amistoso a Kang en el brazo.

—Tu conocimiento friki de todo lo chino está dando sus frutos.

—¿Mi qué?

—Nada. ¿El festival? ¿Dónde? ¿Cuándo?

Kang sacó el móvil.

—No sé por qué no se me ocurrió antes. He ido muchas veces. Se celebra en Treasure Island, y hay literalmente cientos de estos botes surcando la bahía ese día. Es todo un espectáculo. Tiene que haber una web.

Tocó la pantalla varias veces y esperó.

—Lo tengo. La carrera es este sábado.

—Parece que los Carlson tienen planes.