Russian Hill (Thriller del FBI de Abby Kane 3) CAPÍTULO TREINTA Y UNO
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CAPÍTULO TREINTA Y UNO

Miré el reloj; eran las cuatro menos cuarto.

Había quedado en tomar un café con el Dr. Green en el Starbucks de Bush Street.

Me había enviado un mensaje preguntando si podíamos vernos el jueves por la tarde.

Green me caía bien y sabía que se había encaprichado de mí, pero en lo romántico, no era mi tipo.

Por otro lado, no quería seguir poniendo excusas.

Es un café. ¿Qué problema hay? Así que dije que sí.

Además, tener de mi lado al mejor médico forense de la ciudad no era mala idea.

Puede que necesitara algún favor de él en el futuro.

Green ya estaba dentro esperándome y me saludó con la mano desde una mesa en la esquina del fondo.

—Hola, Dr. Green. Es un placer volver a verle.

Se levantó y me retiró la silla.

—Por favor, esto es un encuentro personal. Tuteémonos, Abby.

Vale . Sonreí y tomé asiento.

—¿Puedo traerte algo?

Saqué del bolso mi lata de té de hojas sueltas.

—Agua caliente. Es que soy un poco adicta —dije encogiéndome de hombros. Noté que Green intentaba darle aire de cita a la cosa. Y lo era, pero no del tipo que él se había imaginado.

—Bueno, traeré unos pasteles para compartir.

Antes de que pudiera protestar, ya se había levantado y marchado.

Me quedé sentada en silencio, haciendo girar la lata entre el dedo índice y la mesa. Me pregunté de qué hablaríamos. ¿Caeríamos en lo previsible y hablaríamos del caso o del trabajo en general? ¿O me sorprendería con una conversación que no tuviera nada que ver con cadáveres?

Green volvió con un brownie de chocolate y una de esas barritas con frutos secos y cereales, junto con mi taza de agua caliente. Ya se había pedido un café grande antes. Preparé el té y cogí un tenedor. Era imposible que dejara un brownie de chocolate delante de mí sin probarlo. Ni hablar.

—He oído por ahí que te gusta boxear —empezó.

Vaya, eso sí que no me lo esperaba. No recuerdo haberlo mencionado.

—Así es. Mi padre me enseñó cuando era niña. Dejé el ring durante un tiempo, pero desde que me mudé a San Francisco, lo he retomado.

—Es una manera estupenda de mantenerse en forma.

—Por eso lo retomé, principalmente. También corro, pero el boxeo me da un entrenamiento más completo. ¿Y tú? ¿Qué haces para mantenerte en forma?

—Ojalá pudiera decir algo impresionante como muay thai, pero me temo que no. Me gusta el senderismo. Me encanta estar en la naturaleza. No solo es precioso, también es muy relajante.

—Totalmente de acuerdo. Intento llevar a la familia al Golden Gate Park siempre que puedo. Ya sé que no es lo mismo que hacer senderismo de verdad, pero cumple su función.

—Desde luego. Me encanta el parque. De hecho, vivo cerca.

A partir de ahí, la conversación fue saltando de un tema a otro.

En un momento dado, intercambiamos historias embarazosas de nuestra infancia.

Las de Green fueron especialmente divertidas.

Tenía padres hippies a los que les gustaba llevarlo de acampada los fines de semana a Bolinas con otras familias.

Dijo que había mucha desnudez, marihuana y música. Me reí con ganas.

—Dios mío, no puedo creer que tuvieras que aguantar eso.

—En aquel momento, pensaba que era normal —se rio—. No conocía otra cosa. Mis padres eran, y siguen siendo, nudistas empedernidos. Ese lugar divertido y mágico donde veraneábamos era una colonia nudista.

Nos reímos.

—Me gustaba nadar en la piscina y asar nubes en la hoguera por la noche. ¿Y tú? —preguntó.

—Mi madre pensó que era lesbiana desde los dieciséis hasta los veintiocho, el año en que me casé con mi difunto marido.

Ambos nos reímos mientras Green intentaba darme el pésame. Por suerte, no preguntó más al respecto.

Lo pasé bien con Green. Tuve la sensación de que podíamos hablar de cualquier cosa, y me sorprendió un poco cuando miré el reloj y vi que ya había pasado una hora. Le dije que había disfrutado mucho de la conversación, pero que tenía que volver a la oficina.

Seguíamos charlando cuando salimos de la cafetería y oí que alguien me llamaba. Me di la vuelta y vi a Kang caminando hacia nosotros.

—Kyle, ¿qué haces aquí?

—Di un paseo por Chinatown y decidí volver por Kearny Street.

—Conoces al Dr. Green, ¿verdad?

Kang miró a mi acompañante sin su sonrisa habitual.

—Green —dijo con un breve gesto de cabeza.

Green miró a mi compañero temporal sin la sonrisa que le había visto toda la tarde y respondió con la misma sequedad.

—Kang.

Creo que se conocen . La diversión se había esfumado y la tensión se había apoderado del ambiente. No sabía qué decir, así que me disculpé para ir al baño.

—¿Cómo conoces a Abby? —preguntó Green cuando se quedaron solos.

—Estamos trabajando juntos en un caso. Supongo que vosotros también, ¿no?

—Qué va, todo lo contrario. Esto es una cita.

Green sonrió de oreja a oreja y se metió las manos en los bolsillos.

Kang echó la cabeza hacia atrás. No se esperaba eso.

—¿Te ha comido la lengua el gato? Sí, no pongas esa cara de sorpresa. Abby y yo conectamos. Sé que estás pensando que no soy su tipo, pero que sepas que conmigo todo son risas y diversión.

Green había sacado pecho.

—¿Cuánto... cuánto tiempo lleváis...?

—¿Viéndonos? Bueno, veamos... —Green comenzó a contar con los dedos—. Esta es la tercera vez. No estoy mintiendo. Todo lo que he dicho es verdad. —La cosa va viento en popa. Voy muy en serio con ella, para que lo sepas. No estarás interesado en ella, ¿verdad?

—Somos compañeros en un caso. Eso es todo.

Kang apartó la mirada. No le había dado la impresión de que Abby estuviera con alguien.

Y pensar que había pasado la última media hora pensando en ella, incluso armándose de valor para invitarla a salir.

Kang pensaba que ella estaba fuera de su alcance, pero verla con Green...

bueno, no solo fue un shock; además le dio celos. Y que fuera Green no ayudaba.

Kang y el médico forense tenían historia.

Su relación había sido buena hasta que trabajó en el caso del Asesino Top Chef hacía unos años.

Fue entonces cuando Green conoció a la inspectora Leslie Choi y se encaprichó de ella.

Kang no creía que el sentimiento hubiera sido mutuo.

Aun así, Green desarrolló unos celos enfermizos por todo el tiempo que Kang y Choi pasaban juntos y lo bien que se llevaban.

A partir de entonces, la relación entre Kang y Green se había deteriorado. Esto era otro déjà-vu con Abby/Leslie.

—Sí, probablemente ella no estaría interesada en un tipo como tú de todos modos. Además, yo la vi primero. —Green arqueó las cejas mirando a Kang.

Cabrón engreído . Kang respiró hondo, obligándose a relajar el rostro.

Cálmate, Kyle. No estás saliendo con ella.

No te enfades porque otro tuvo los huevos de invitarla a salir mientras tú fingías que no te gustaba.

Se irguió cuan alto era para que Green se sintiera pequeño. —Dile a Abby que ya hablaré con ella.