Russian Hill (Thriller del FBI de Abby Kane 3) CAPÍTULO TREINTA
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CAPÍTULO TREINTA

Kang repasaba sus notas en silencio cuando Sokolov se sentó en el escritorio de enfrente. —¿Qué hay de nuevo, jefe?

Kang se ajustó la corbata antes de recostarse y dedicarle toda su atención. —Hemos avanzado, pero no lo suficiente como para creer que lo tenemos controlado y estamos cerca de resolverlo.

—La Asesina del Algodón de Azúcar. Lo vi en las noticias. Pegadizo.

—Eso fue cosa de Abby.

—¿Abby? ¿Ya os tuteáis? —Sokolov arqueó las cejas, subrayando su curiosidad.

Kang descartó con un gesto la insinuación de que había algo más que trabajo entre él y Abby. —No es lo que piensas. Somos amigos. No hace falta tanta formalidad.

—Amigos... —Sokolov frunció el labio inferior mientras asentía, con una sonrisa cada vez más amplia.

—Sí. Amigos. Ya sabes, como tú y yo.

Sokolov soltó una carcajada.

—¿Qué? —Kang se encogió de hombros con las palmas hacia arriba.

—Vaya excusa más floja. —Sokolov entrecerró los ojos—. Te gusta esa mujer, ¿a que sí?

—¿No tienes pescado seco que comer?

—Te conozco desde hace mucho, amigo mío. A este ruso no lo engañas —dijo Sokolov dándose golpecitos en el pecho.

—No sabes de qué hablas.

El detective calvo bajó la cabeza y clavó la mirada. —Soy como la KGB. Lo sé todo.

Kang no quería seguir hablando de Abby. —¿Cómo va tu grupo de trabajo?

La voz de Sokolov recuperó el entusiasmo. —He reunido un buen equipo, cinco hombres en total. Conseguimos alquilar una oficina pequeña en Inner Richmond como base de operaciones.

Kang lo miró sorprendido. —¿Cómo lo conseguiste?

—Caso importante. No hice preguntas cuando el capitán lo propuso.

—¿Cuál es el plan de ataque?

—Nos centramos en reconstruir la lista de implicados y empezar la vigilancia. Ya veremos adónde nos lleva. —Sokolov se recostó en la silla con las manos detrás de la cabeza—. ¿Cuánto te falta para encontrar a esa mujer del algodón?

—No mucho —dijo Kang, todavía jugueteando con la corbata.

—¿Sigues creyendo que ella mató a nuestras dos víctimas?

—Buena pregunta. Estoy más convencido de que mató a la excursionista. O se confirma o no.

—Quizá deberías enfocarlo desde otro ángulo. El capitán espera que se resuelvan ambos casos.

Esta vez, Kang no detectó en los ojos de Sokolov el tono juguetón de antes. Su compañero, como siempre, era alguien con quien pensar en voz alta. Por mucho que le gustara trabajar con Abby, tenía la obligación de avanzar en sus dos casos.

Kang se levantó. —Voy a dar un paseo. Necesito despejarme.

—Ando escaso de tiempo —dijo Sokolov—. Pero si necesitas algo...

—Te aviso.

Kang salió de la comisaría y se dirigió hacia Chinatown. Un paseo por su zona favorita de la ciudad nunca lo decepcionaba, y solía ayudarle a desentrañar sus casos. Pero ese día, también se preguntaba si le serviría para aclarar los sentimientos que había empezado a tener por Abby.