CAPÍTULO CATORCE
Como trabajábamos para diferentes agencias policiales, tenía sentido que cada uno llevara la voz cantante en sus propios casos y siguiéramos compartiendo información a medida que la obtuviéramos, hasta que algo en uno de los tres casos indicara que debíamos cambiar de enfoque.
Tenía que admitir que Kang no parecía idiota, ni tampoco Sokolov.
Mi impresión era todo lo contrario. No se parecían en nada a los dos detectives con los que me había tocado trabajar en un caso en Detroit.
Me despedí de Kang y Sokolov, sin estar segura de en qué me había metido, y salí del edificio.
Mi siguiente parada era la oficina satélite de Oakland, donde estaba destinada la agente Tracy House.
Quería escuchar su opinión sobre el crimen y ponerme al día un poco.
Hacía tiempo que no nos veíamos. La llamé para avisarle de que iba de camino y me sugirió que quedáramos en el Starbucks a la vuelta de la esquina: el aire acondicionado de la oficina estaba estropeado.
House llegó antes que yo y había conseguido una mesa al fondo, lejos de la mayoría de los clientes. Me saludó con la mano y sonrió mientras me acercaba, y me dio un abrazo cuando llegué a la mesa.
—Te he pedido agua caliente —dijo, deslizando un vaso de papel hacia mí.
—Gracias.
House sabía que me gustaba un té verde especial que siempre llevaba conmigo. Quité la tapa del vaso y dejé caer una pizca en el agua. Tapé el vaso para dejarlo reposar un poco antes de dar un sorbo.
—Te agradezco mucho que te tomes el tiempo de hablar conmigo sobre el caso —comencé—. Sé que tus informes son detallados y...
—No te preocupes —dijo, agitando la mano—. Lo entiendo perfectamente. Yo soy igual. ¿Qué quieres saber?
—Cuéntamelo todo tal como lo viste.
House me relató aquella mañana del sábado sin omitir ningún detalle, mientras yo escuchaba y bebía mi té. Solo cuando terminó le hice mi primera pregunta.
—Entonces, ¿no crees que el cuerpo fuera trasladado allí?
—Yo también me lo pregunté, pero hice una búsqueda perimetral poco después de encontrar el cuerpo y no encontré ningún indicio de que lo hubieran arrastrado, ni siquiera un rastro de sangre. Todos los fluidos corporales estaban concentrados en el lugar donde yacía el cuerpo.
—¿Y no viste a la víctima hasta que llegaste al claro?
—Correcto. De hecho, entré en el claro por la parte de atrás.
Iba por el sendero Fern Creek en dirección sur, hacia Muir Woods, pero me desvié sin querer.
Así fue como di con esa zona. Si me hubiera quedado en el sendero, no lo habría encontrado.
Aunque algún excursionista habría olido la descomposición días después. ¿Crees que alguien dejó el cuerpo allí?
—En realidad no. Solo estoy descartándolo, supongo.
Las piezas del rompecabezas empezaban a encajar.
Piper conoció a su asesino en algún momento después de salir del albergue.
Si se dirigió directamente al edificio del ferry, eso dejaba una ventana muy pequeña en la que podría haberse encontrado con alguien.
Si me centraba en esas pocas horas, acabaría por acorralar al asesino.
—Sé que la chica salió del albergue sola, así que tuvo que encontrarse con alguien en quien confiara lo suficiente como para ir de excursión juntos.
House se inclinó hacia delante en la silla.
—Así que los posibles puntos de encuentro son los puertos de salida y llegada del ferry, el trayecto por la bahía y el parque.
—Hay un lugar más. Antes interrogué a una chica que trabaja en el albergue. Dijo que Piper había mencionado una tienda que vendía algodón de azúcar orgánico.
—¿Orgánico? —House puso cara de asco.
No la culpaba. A mí también me parecía un poco ridículo.
—Parece que ya sabes lo que tienes que hacer —dijo House, haciendo el gesto de escurrir algo con las manos.
Fruncí los labios antes de hablar.
—Me pregunto si conocía a su asesino de antes o si lo conoció durante ese viaje.
—Lo más probable es que fuera un hombre, y muy encantador —dijo House—. Piper era guapa, seguro que recibía mucha atención, y el tipo adecuado podría haberla hecho bajar la guardia.
—Además, viajaba sola. Los viajeros solitarios suelen estar abiertos a hacer cosas con otros viajeros.
House asintió.
—Quizá se juntaron para ahorrar dinero. ¿Cómo llegaron al parque desde Sausalito? ¿En autobús? ¿En taxi?
—La chica del albergue mencionó un autobús, pero no creo que fuera por ahorrar dinero. Conoció a alguien que le gustó y decidieron ir juntos a Muir Woods.
—Diría que quizá la muerte fue accidental y que esa persona está huyendo por miedo. Pero vi esa hacha —House hizo una pausa—. Parecía bastante intencionado —dijo finalmente.
—Desde luego. Ni siquiera creo que el asesinato fuera un impulso. Creo que el asesino vio a Piper y decidió que sería su víctima. —Puse a House al corriente de lo que había averiguado en la oficina del médico forense.
—Así que tienes a un tipo que ha matado antes. Le gustan las chicas altas y guapas. Si quieres, puedo hacer una búsqueda a ver si encontramos otras chicas altas y guapas que hayan aparecido muertas, con hacha o sin ella.
—Eso me vendría bien.
—Me parece lógico —dijo House mientras daba un sorbo a su café con leche.
—Lo extraño es que nadie ha dado ninguna información. No tengo testigos, lo cual es raro teniendo en cuenta que el guardabosques que me llevó al lugar dijo que el sendero era muy transitado.
—Son los malditos medios. A menos que la noticia sea sensacionalista o un tema candente, no le prestan atención. Apuesto a que la mayoría de la gente que estuvo allí ese día ni siquiera sabe que anduvieron caminando cerca de un cadáver.
En eso le daba la razón a House. Necesitaba conseguir que el caso Taylor recibiera algo de atención mediática. Alguien tenía que haber visto algo.
—Tengo una hacha, y eso es todo. Según los de forense, encontraron mucho ADN de la chica pero nada que indicara la presencia de otra persona, aunque sabemos que no se dio un hachazo ella sola.
—No —asintió House mientras se recostaba.
—Hay algo más —dije mientras rascaba el vaso con la uña. Le conté a House lo de los dos homicidios de Kang y su teoría del coleccionista.
—¿Cuál es la conexión? ¿La coincidencia temporal?
—Eso, y la idea de que el asesino de Piper ya ha matado antes.
—Pero dijiste que a la mujer le quitaron un dedo y al hombre le arrancaron los dientes. Piper no tenía ninguna mutilación evidente. ¿El forense encontró algo?
—No. Ahí es donde falla la teoría. A menos que…
—¿Qué? —dijo House, dejando la pregunta en el aire.
Pensé en lo que Kang había dicho, en que su tipo era un coleccionista. Tenía que haber algo más, algo más grande que llevarse partes del cuerpo. Y entonces caí en la cuenta.
—A menos que no se trate de coleccionar, sino de escenificar.
Dientes de oro dejados en una batea. Puesta en escena.
Según el informe, encontraron a la mujer sentada en un banco.
¿Podrían haberla colocado así? Una excursionista asesinada en un claro precioso en lugar de escondida entre la maleza.
Quizás se trate de la presentación. De una actuación.
House respiró hondo mientras sopesaba lo que había dicho. Sabía que me lo diría sin rodeos si le parecía una estupidez. Eso era lo que me gustaba de ella. El trabajo era el trabajo y nuestra amistad era nuestra amistad.
Sus ojos volvieron hacia mí tras unos segundos mirando por la ventana.
—Es una teoría descabellada… Lo bastante descabellada como para ser cierta.
Le di las gracias a House por su tiempo. Había resultado ser una interlocutora excelente, y tenía un nuevo ángulo que explorar.