Rumbo al Palacio de la Zarzuela CAPÍTULO XIII VEINTE DÍAS MÁS TARDE. LA ENIGMÁTICA ESTRATEGIA SUBE A LA SUPERFICIE
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CAPÍTULO XIII VEINTE DÍAS MÁS TARDE. LA ENIGMÁTICA ESTRATEGIA SUBE A LA SUPERFICIE

CAPÍTULO XIII

VEINTE DÍAS MÁS TARDE. LA ENIGMÁTICA ESTRATEGIA SUBE A LA SUPERFICIE

Suena el teléfono. Concha lo descuelga. Es Almudena desde Sevilla. Que pongan la televisión. Felipe VI está renunciando a la Jefatura del Estado y ha incorporado también a la princesa Leonor.

— ¡ Matías! ¡Pon la tele! ¡ El Rey se nos va!

Con un «¡ No me jodas, Concha! » a Matías lo primero que le pasa por la cabeza son dos cosas: o ha sufrido un atentado y lo que se le va es la vida, o es que el ya superado fantasma del 23-F ha resucitado y, en esta ocasión y sin el menor género de duda, está siendo gestionado por la izquierda política revolucionaria con la ayuda de los separatistas.

En cualquier caso, no se puede creer lo que oye y lo que ve.

Felipe VI está leyendo su discurso palabra por palabra.

¡Su propio discurso! Felipe VI leyendo a Matías, alias Felipe VI.

¡ Imposible! ¿Cómo Paco Bouza pudo absorber la totalidad del contenido de los dos folios que le entregó?

De reflejos rápidos, Matías lo intuye. Mientras fue al servicio en el Comercial, Paco fotografió con su móvil el discurso.

No puede haber otra explicación. Se muerde el labio inferior con fuerza y Concha exclama: «¡ Ay, Virgen Santísima!

¡ Otra vez, no! » . Terminado el mensaje del Rey y superados los primeros efectos del sobresalto, no se le ocurre otra cosa a Concha que comentar el discurso que acaba de leer el Rey.

— ¡ Ni que lo hubieras escrito tú, Matías! Todo cuanto machaconamente repites un día y otro respecto a los políticos, ¡ va el Rey y lo suelta de carrerilla!

A Matías, que todavía no se ha recuperado de su asombro, las palabras de Concha las recibe como se recibe un puñetazo en la mejilla.

Y no un puñetazo cualquiera, no. Como un guantazo que le obliga al corazón a dar un vuelco y le repercute al mismo tiempo en su estado de ánimo.

Y si el instinto de la mayoría de los españoles será el de regresar a casa lo más pronto posible, cerrar puertas y correr los visillos de las ventanas, él , como policía que siempre ha sido, sabe que debe salir.

¿Pero, adónde? ¿A la comisaría de distrito más cercana?

¿A la Dirección General de la Policía? ¿A la sede del CNI situada en el Ministerio de Defensa?

—¡Cafres, que sois unos cafres! —gritará a estos últimos.

Atento a lo que emiten las diferentes cadenas de la tele, observa tanto su móvil como el teléfono de mesa.

Martínez Seco, Alfredo, Paco Bauza o Jaime han de llamarle o, al menos uno de ellos, ha de hacer acto de presencia en su domicilio.

Está seguro de que lo harán por mucho que dijeran que no se debían dejar huellas de ningún tipo.

No puede ser de otro modo. Pero ¿qué coño ha pasado?

Le dijeron que corría prisa, sí, pero en ningún momento le insinuaron la gravedad de los acontecimientos que se deben estar produciendo en estos momentos en alguna parte.

¿En la propia Zarzuela? ¿E n la Moncloa?

Pero ¿cómo ha llegado su discurso a manos del Rey?

¿Por la puerta de atrás, tal y como le insinuaron en una ocasión?

¡No! ¡No! Esta no es la pregunta correcta . La pregunta correcta es c ómo Paco Bouza engulló todo su discurso. Porque ha sido su discurso, no una mezcla de otros discursos. No. El Rey ha utilizado palabra por palabra todo lo que él plasmó en sus dos folios.

De TVE salta a la Sexta por ser la cadena más izquierdista y de la Sexta salta de nuevo a la cada día más izquierdista y antiamericana TVE.

En estos momentos, dos locutores de la casa han tomado el mando del informativo especial.

Un informativo de alcance en el que se desmiente lo que han visto y oído.

Zarzuela acaba de negar que el Rey haya pronunciado semejante discurso.

Unos minutos después, el jefe del Gobierno, acompañado por los ministros de Defensa y de Interior, tranquiliza a la población.

No cabe la menor duda. España ha sufrido un ciberataque.

Uno de los muchos que sufre, pero que nunca habían llegado tan lejos.

El Centro Criptológico Nacional y el Centro Nacional de Inteligencia se han puesto manos a la obra para averiguar su origen.

El orden reina en toda Espa ña y nadie debe temer nada.

Pese a todo se han cursado las órdenes oportunas a todas las capitanías generales, departamentos marítimos, regiones aéreas y a todas las fuerzas del orden público que se limiten a estar atentas.

La conexión entre la Zarzuela y la Moncloa funciona con toda normalidad.

— ¿ Tú te crees, Matías, lo que dicen? El Rey se ha de dirigir de nuevo a los españoles y, como más pronto lo haga, mejor.

Suena el teléfono. Lo descuelga Concha. Es Almudena de nuevo. La tranquilidad es total en Sevilla y le indica que se ponga su padre.

—Hola, papá. ¿ Notas algo que se salga de lo normal en Madrid?

—Lo normal en estos casos. Las aceras del paseo de las Delicias se han vaciado y la intensidad de los coches que circulan a esta hora de la tarde también ha bajado. Tu madre me dice que hasta que el Rey no se dirija de nuevo al país, no las tiene todas consigo.

—Bueno, pap á , esperemos que todo se aclare. En nuestra comisar í a no dábamos crédito a lo que veíamos y oíamos, pero en estos momentos parece que las aguas han vuelto a su cauce. Como si nunca se hubieran desbordado. Tranquilidad absoluta en Sevilla.

—Me reconforta oírte esto.

— ¿Sabes, papá?

— ¿Qué debo saber, Almudena?

—Mientras hablaba el Rey me parecía oírte a ti. Siempre con tus críticas a la clase política y tus miedos a que derroquen la monarquía.

— ¡ Vaya por Dios! Tu madre me ha dicho lo mismo. Espero que lo que ha ocurrido hoy solo sea un aviso, pero me ratifico en lo que siempre he mantenido. Esos políticos no pararán hasta reducir la Corona a la nada. Y si no, tiempo al tiempo.

—No te preocupes. El Centro Criptológico Nacional y los agentes del CNI darán con los responsables. Trabajan bien.

— ¡ Ni que lo jures! Ya me encargaré yo de darles alcance.

—Tú lo que tienes que hacer es quedarte en casa que ya estás jubilado, seguir las informaciones de la tele y, superado el sobresalto, sacar a pasear a Dandi.

—Yo ya sé lo que me corresponde hacer. Igual me llego a la Dirección General de la Policía.

— ¡Ni loco! Tú con mamá.

— ¿Qué tal los muchachos?

—Por ahí andan dispersos. Tanto David como Luisito me han enviado sendos wasaps. No tardarán en llegar a casa. Por culpa del discurso acaban de suspender sus respectivos entrenamientos de fútbol. Y José Luis, en su comisaría, está como yo. A la espera.

—Una reacción natural. Mantendremos el contacto y espero que no haya otro apagón informativo como el eléctrico que ya tuvimos que sufrir. Si no ocurre nada de nuevo comentaremos lo sucedido mañana. ¿Quieres hablar con mamá?

—Pásamela.

Matías no sabe qué hacer. Si quedarse y esperar nuevas noticias o dirigirse al CNI.

Opta por esperar nuevas noticias. Va pasando el tiempo, las cadenas televisivas se muestran tranquilas.

Los tertulianos se deben frotar las manos, pero con precaución.

Si todo ha consistido en un ciberataque, ya tienen tema de discusión como mínimo para tres meses y sin olvidarse de tirarse los platos por la cabeza.

¡Cómo disfrutarán! O quizá no. Unos y otros habrán visto las orejas del lobo.

¿De qué lobo? ¿Y si el discurso hubiera sido auténtico?

¿Cuál sería la situación de todos ellos?

Sobre todo , de los más destacados tanto de derechas como de izquierdas.

¿Y los políticos? ¿Qué habrían hecho? De momento, todas las cadenas transmiten lo mismo.

Se ha confirmado de forma definitiva que ha sido una suplantación de la figura del Rey.

Las informaciones oficiales, pese a que llegan a cuentagotas, informan que el ataque ha combinado como mínimo dos dimensiones de la inteligencia artificial.

La propia figura del Rey con traje azul marino y corbata de color azur y la reproducción casi exacta de su voz sincronizada con el movimiento de sus labios.

Además, al ofrecer una imagen tranquila y pausada, todavía ha incrementado más la preocupación hasta poner la piel de gallina a todos los españoles de izquierdas y de derechas.

Pocas botellas de champán se habrán descorchado esta tarde y no por la falta de veracidad sino por lo tranquila que se habrá quedado la clase política.

« Mucho hablar, pero ante una situación de tal calibre, mejor callar.

Los euros son los euros» sostiene el economicista de Matías.

Concha se dispone a preparar la cena. Matías se levanta para coger su pipa, la carga con parsimonia, la enciende y sigue atento a la televisión.

La situación mejora. Los locutores armonizan lo ocurrido con el presente de indicativo y el pretérito perfecto.

Se confirma que el discurso de Su Majestad el Rey no ha sido otra cosa que un ataque con el objetivo de desestabilizar a España.

Y los primeros tertulianos, recuperados del susto, ya se atreven con sus primeras opiniones.

Seguro que han sido los rusos, que, al parecer, han cogido gusto al tranquillo.

Seguro que ha sido el servicio secreto israelí.

¿Y por qué no los chinos? ¿Y qué decir de los americanos?

Por la cuenta que les trae a todos, ninguno osa insinuar que quizá ha sido la extrema derecha, la extrema izquierda o los separatistas.

¿Y si fuera alguna organización islamista?

¿Y si fuera algún joven influencer descontento por cualquier cosa?

¿Tal vez alguien enfadado por la legalización de los migrantes o por los lujosos trapitos que luce la Casa Real?