CAPÍTULO X REDACTANDO EL DISCURSO DEL REY #2
Representar a España en el mundo con la máxima dignidad posible ha sido otro de mis desvelos.
Creo haber estado a la altura de las circunstancias ante todas las cancillerías, organismos internacionales y actos de relevancia internacional.
Por ello y junto al siempre exigente protocolo, me esforcé en aprender el mayor número posible de len guas sin olvidar las lenguas de nuestro país, ya que para muchos de nuestros ciudadanos su lengua materna configura el pilar primordial de su concepto de nación.
Aprendí con ahínco el catalán, el euskera y el gallego.
Leonor, como princesa de Asturias y heredera del trono, también las ha aprendido y creo que estaréis de acuerdo conmigo que ha demostrado con creces su deseo de estar a la altura de su misión.
Pero no ha sido suficiente. Mi conciencia no me ha permitido traicionar la Constitución de 1978 y mucho menos aceptar la ruptura de España.
Matías repasa una y otra vez el texto. En vez de « con creces » , quizá quedaría mejor utilizar « fehacientemente » . No. Porque, en cierta ocasión, leyó una opinión de Gabriel García Márquez en la que sostenía que todo lo acabado en -mente no daba categoría al escritor.
Observa su reloj de pulsera, una observación que coincide con la entrada de Concha en el despacho.
Le hace saber que cuando salgan de paseo que le recuerde que hay que comprar en el s ú per unas lonchas de queso.
Que ya no quedan en el frigorífico. Matías mueve la cabeza hacia adelante en señal de asentimiento y, antes de que Concha salga, le hace saber lo pesado que es hacer una lista de peñistas.
Y para que no le quede la menor duda de lo que está haciendo, le muestra otro folio con los primeros nombres del listado.
Un listado que será largo porque su peña del Atleti cuenta con cuarenta y ocho socios.
Tras abandonar Concha el despacho, Matías prosigue con el discurso.
Tras la abdicación de mi padre, Juan Carlos I, estuve convencido de que conmigo se abr ía la segunda y definitiva etapa de la Monarquía Constitucional cual si fuera un reloj al que se le hubiera dado cuerda para una eternidad.
Sin embargo, me equivoqué. El ascenso de Podemos mostró una radicalización antimonárquica que no me la esperaba.
A Podemos le siguió el partido comunista de Izquierda Unida simbolizado y aglutinado bajo las siglas de los militantes de Sumar que no solo mostró su normal republicanismo, sino un radicalismo antimonárquico que debo confesaros también me cogió de sorpresa.
Como Rey constitucional acepté, como no podía ser de otro modo, las campañas que se llevaron a cabo contra la Monarquía.
Al fin y al cabo, esa era mi obligación.
En España deben tener cabida todas las opciones políticas.
Y ante el avance lento, pero inexorable de las izquierdas contra la Corona, también me sorprendió la aceleración cuantitativa y cualitativa de los separatismos.
Del separatismo catalán, del vasco y del gallego.
El primero y con motivo de los acontecimientos de 2017 reconozco que me puso en una tesitura más que difícil, pero mi obligación, como ya os he dicho, era la de mantener la unidad de España por muy solo que me quedara.
Todavía hoy analizo aquel discurso palabra por palabra.
Sin embargo, no me esperaba la tajante actuación antimonárquica del Partido Socialista Obrero Español.
Estaba convencido de que siempre sería uno de los pilares más seguros de la Monarquía.
Cerrado el ciclo socialdemócrata del presidente Felipe González, el nuevo que se abrió debilitó la institución monárquica a unos niveles inimaginables.
Matías se detiene un momento. ¿ Tajante actuación de todo el PSOE o solo de algunos socialistas?
¿ Socialistas surgidos al amparo de José Luis Rodríguez Zapatero o de Pedro Sánchez?
Una corriente de pensamiento que para Matías puede desestabilizar no solo la política interior de España, sino la exterior.
El despecho a los Estados Unidos provocado por el Grupo de Puebla, el embroque de Pedro Sánchez a Trump en el seno de la OTAN y la subterránea animadversión que los gobiernos socialistas muestran contra el Estado de Israel por su confrontación con los palestinos pueden provocar más de un disgusto a los españoles.
¿Y si el emporio turístico con el que soñaban Trump y Musk para Gaza se convierte en irrealizable y se convierte en un ectoplasma en alguna de nuestras islas?
¿Por qué no? La mismísima Concha lo insinuó.
Todo consistiría en reconocer sus lenguas oficiales a las que sumarían el inglés.
Una o unas islas que combinarían un razonable nacionalismo con un firme cosmopolitismo.
Todo un emporio turístico, deportivo y multicultural ejerciendo además de paraíso fiscal.
En otras palabras, nada de turismo barato.
Matías se encoge de hombros y piensa en silencio: « ¿ Se atreverá Trump a desmontar sus bases militares de España, llevárselas a Marruecos y dejar al descubierto las Canarias? »
Matías, y pese a ser consciente de que su fantasía se ha desbordado, no se detiene y prosigue hasta lo ilimitado tal y como se lo dijo Cervantes en aquel sueño.
¿Les apetecerá a los israelíes recuperar un pequeño trozo de aquella lejana España que los expulsó?
¿Castigarán al puerto de Barcelona por haber sido el punto de partida de las flotillas de la libertad?
¡Cuidado Matías! Le dice su subconsciente.
«No hagas descarrilar tu discurso real ».
Mueve la cabeza hacia delante un par de veces, inspira fuerte y vuelve a colocar el discurso dentro de unos parámetros razonables.
Y si alguien cree que Vox es un partido monárquico, se equivoca.
La ultraderecha nunca ha favorecido a la Corona.
Sus incitaciones y sus tentaciones intuyo que no son buenas.
¿ Y qué decir del Partido Popular? Ofrece una buena base sociológica a la Monarquía, lo reconozco y lo agradezco, pero en estos últimos años, como partido político, ha demostrado una cierta debilidad frente a la todopoderosa izquierda y no digamos ante los separatismos de toda clase y condición.
En definitiva, esperaba más ayuda. Su conducta ante la dana hizo demasiado daño a la derecha española.
La reina y yo tuvimos que tomar las riendas no solo porque era nuestra obligación, sino porque tuvimos la imperiosa necesidad de estar al lado de las víctimas.
Matías se detiene de nuevo. Relee todo cuanto ha escrito.
Incluso se separa del folio como si observara un cuadro para conseguir una visión de conjunto.
Desde el comedor le llama Concha. Es hora de dar el paseo vespertino.
Con un « ahora vengo » , dobla con cuidado el folio y lo esconde en medio del resto al tiempo que los introduce en el caj ón que contiene su documentación policial.
En otras palabras, Concha no escarbará en él.
Paseo a buen ritmo con Dandi. A la vuelta, Concha compra el queso y un par de bolsas de frutos secos.
Cena ligera y lectura en la cama. Concha ha optado por Llevará tu nombre de Sonsoles Ónega.
Matías por La península de las casas vacías de David Uclés.
Le parece que está bien escrita, pero su contexto histórico no le ofrece ni un ápice de originalidad y rezuma izquierdismo por todos sus flancos.
— ¿ Todavía te falta mucho para acabar de confeccionar la lista de la peña, Matías? —pregunta Concha que se ha dado cuenta de cómo su marido lee a Uclés con la vista perdida.
—Voy avanzando. Me he comprometido que el viernes por la mañana la tendré hecha y la llevaré a la junta que hemos constituido.
—Recuerda que el jueves tienes visita con la endocrina.
—Ya me había olvidado. Menos mal que la revisión no es para el viernes. ¡Mira que tenemos días libres los jubilados! Pero cuando se tienen dos compromisos, los dos coinciden en el mismo día y a la misma hora. ¡Hay que joderse!
Pasada la media hora de lectura perceptiva, se apagan las luces, pero Matías mantiene los ojos bien abiertos pensando en el discurso.
En lo que ya ha escrito y lo que en los próximos días ha de escribir.
Piensa en Jaime. Le dijeron que se pusiera en contacto con él cuando tuviera algo hilvanado, pero ¿por qué Paco Bouza se ha saltado el eslabón?
Claro que también le dijeron que Jaime podía ser sustituido si la ocasión lo requería.
Mira de refilón a Concha. ¡Si supiera lo que está haciendo menudo chorreo!