Rumbo al Palacio de la Zarzuela CAPÍTULO IX EN EL CAFÉ VARELA
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CAPÍTULO IX EN EL CAFÉ VARELA

CAPÍTULO IX

EN EL CAFÉ VARELA

Ya en la calle, Matías se dirige a Alfredo.

—No es necesario que me acompañes. Me conozco Madrid al dedillo. Sé cómo llegar al Varela.

— ¿ Cómo?

—Cogiendo el subway .

— ¿ Ahora te da por hablar en inglés?

—Los que no sabemos hablar una lengua extranjera de tarde en tarde nos da por intercalar alguna palabra o frase prefabricada. ¿No lo has hecho nunca?

—Soy políglota. No lo necesito.

—Lo suponía.

—Y en vez de coger el metro, iremos en taxi.

— ¿En taxi? ¿A esta hora y en la Castellana? ¡ Estás tú bueno!

Al alcanzar la acera del paseo, Alfredo levanta la mano y por arte de magia se detiene de inmediato un taxi.

— ¡ Eso sí que es tener suerte! —exclama Matías.

— ¿ Qué quieres que te diga? Los hay que nacen con estrella y otros estrellados.

Suben al taxi y Alfredo se dirige al conductor.

—Jaime, al Varela.

— ¡Coño, Jaime! ¡Esa sí que no me la esperaba! ¡Menuda carrera la tuya! El otro día con un Audi A8 y hoy con un taxi tan normal como camuflado.

—No es un taxi corriente, Matías —responde Jaime—. Este Toyota Proace es el más puntual de Madrid —añade—. Siempre a su hora. ¿Qué te parece?

— ¿ Lleva canarios? —pregunta Matías.

—Si es preciso se activan y listos —responde Jaime.

Y Matías, dirigiéndose a Alfredo, le pregunta si es cierto que esta misma tarde el Rey conocerá la estrategia de su primera cuña introducida por la puerta de atrás de la Zarzuela.

La respuesta de Alfredo es afirmativa. Esta tarde conocerá la cuña, lo que Matías no conocerá será su opinión ni mucho menos su respuesta.

Y Matías, que siempre guarda una bala en la recámara, le lanza una de sus puyas.

—No es por nada, pero me habéis dicho que el CNI debe pasar por los controles estrictos de los tres poderes. Si la cuña va directa al Rey, ¿est ái s seguros de que eso es legal? O más claro todavía. En el caso de no ser legal, ¿será a mí a quien le caerá el puro?

—En absoluto. Tus ideas y estrategias no necesitan pasar previamente por el presidente del Gobierno ni por los ministros que les afecte.

— ¿ Por qué? —pregunta Matías con el característico guiño de su ojo derecho.

—Porque tus ideas y estrategias no forman parte de la información catalogada en ninguno de los grupos del CNI y eso quiere decir que el Rey, pese a que no le gusten algunas de tus aportaciones, verá con muy buenos ojos tu trabajo.

No sabes lo importante que es para cualquier jefe de Estado o de Gobierno saber que tienen a su entera disposición un canal libre de control que, a su vez, no le comportará problema alguno.

—Entiendo. Y, ¿ será Martínez Seco quien hará de intermediario?

—No te puedo responder a tu pregunta.

— ¡ Ya! Asunto confidencial.

—Confidencial, Matías. Muy confidencial.

—Sin embargo, ¿ puedo saber cómo mis ideas y estrategias cruzarán el entramado de la Zarzuela? Como ya te insinué, deduzco que el organigrama de la Zarzuela debe ser complejo.

—Lo es, pero no afectará a tu misión.

—Una última cosa.

— ¿Qué cosa, Matías? —pregunta Alfredo.

—Una cosa referida a la Reina.

—Desembucha.

—En mi modesta opinión estoy convencido de que Letizia debe anteponer su condición de Reina a su propia ideología e incluso a su pasado como periodista liberal y progre.

— ¿Por qué? ¿Insinúas que no la asesoramos bien?

—Nadie conoce mejor que yo cómo circula el toreo en el subsuelo de Madrid y de otras ciudades y pueblos de España.

A la reina no le gustan los toros como tampoco le gustan a la reina emérita.

Esta última, quizá por no haber nacido en España, pero mientras ejerció de reina titular siempre mantuvo el protocolo y una correcta distancia.

El mundo del toreo es un símbolo de España y de una gran parte del pueblo español.

Cuando pase la ola progre, porque esa ola pasará, estoy seguro de ello, me pregunto qué dirán o harán los que lo han despreciado o incluso atacado para trepar en la política.

Cuando ese pueblo taurino del que te hablo se libere de sus cadenas progres y vuelva a disfrutar de aquello con lo que siempre había disfrutado puede que… me callo.

—Le haremos llegar tu consejo, aunque no le gustará en absoluto.

—Lo que hoy se entiende por España profunda, mañana quizá no lo será tanto. En fin, ¿ almorzaré ahora con Paco Bauza o en mi casa? —vuelve a preguntar Matías.

—Almorzarás en tu casa. Ya te lo hemos dicho. No queremos que Concha te eche en falta más tiempo del debido. No sea que crea que te ha sucedido algo.

—Sospecho que os saldré barato. ¿Sabes?

— ¿ Qué he de saber?

—Cuando llegue a casa me la encontraré descansando un momento ante el televisor…

— ¿Y? —interrumpe Alfredo.

—Pues que ya sé lo que me dirá.

— ¿Y qué te dirá?

—Lo de siempre. « Me acabo de sentar. He hecho las camas, he pasado la mopa, he puesto una lavadora, he extendido la ropa, he hecho la compra y la comida, estoy reventada… » y me preguntará cómo me ha ido la cita de hoy.

—Una mujer clásica, tu esposa.

—Lo es. Y yo qué le contesto, ¿eh? ¿Qué le contesto?

—En el CNI tenemos solución para todo. Si quieres os convertimos en un matrimonio de espías, tal y como lo hacen los rusos —responde Alfredo algo guasón.

— ¿ Podr ía Concha saber todo lo que hago?

—Todo no, pero si la convences y dado que sois un matrimonio muy bien avenido podríais trabajar juntos. ¿Qué te parece?

—No la conoces bien. Querrá ser ella la que lleve los pantalones, pero, ¡cuidado! Yo no soy un títere, soy un tipo pragmático y más astuto que un zorro.

—Lo sabemos. Te escaqueas de todos los trabajos domésticos. En otras palabras, eres un caradura de tomo y lomo, sin embargo, hay caraduras que caen bien.

—Más que probable.

Se hace un breve silencio y Matías dirige su mirada al atasco que sufre la Castellana. Alfredo hace exactamente lo mismo desde su correspondiente ventanilla. No pasan más de dos segundos cuando Matías toma de nuevo la palabra.

— ¿Cómo permitisteis que el discurso de Puigdemont anunciado a bombo y platillo se pudiera llevar a cabo en el paseo del Arco del Triunfo de Barcelona? ¿No os cayó la cara de vergüenza?

—Te lo acabo de decir, aunque parece que eres algo duro de oído. ¡Los políticos, Matías! ¡Los políticos! La información les llegó, el resto solo consistió en encubrir a sus encubridores. ¿Lo entiendes o no lo entiendes?

—Lo entiendo. Siempre los políticos. Mira si han llegado lejos que ellos mismos reconocen que con sus peleas intestinas y sus corrupciones están perdiendo el apoyo de los ciudadanos.

Y encima, el comportamiento de Carlos Mazón.

¡Qué le habría costado dimitir en tiempo y forma!

Y hay qué ver la ojeriza que le tiene la izquierda a la Guardia Civil.

En fin, si no espabilan perderán sus nóminas.

Y si las pierden asistiremos al ocaso de la política actual.

Y ocaso no quiere decir decadencia. Simplemente quiere decir el nacimiento de una nueva época de esplendor.

Sobre todo, para el bolsillo de los ciudadanos.

Soy un gran optimista pese a que voy todo el día murmurando.

Ya sabes. Como si estuviera enfadado sin estarlo.

¡Ah si no fuera por los euros que corren a raudales!

—repite Matías obsesionado por la enorme cantidad de deuda pública que corre por todos los puntos cardinales de España.

—Completamente de acuerdo con lo que dices. Hace años que tratan al pueblo como a un rebaño de infelices. Sin embargo, sin políticos el riesgo de anarquía o de dictadura sería elevado. ¿No crees?

—La ética individual ejercería de motor de la armonía social.

—Yo no tendría tanta fe en tu ética, Matías —le responde Alfredo con la ayuda de una media sonrisa.

—La democracia española nunca será nada hasta que las elecciones dejen de hacerse por partidos —interviene Jaime con firmeza—.

Solo cuando los españoles podamos votar a personas honestas, honradas y bien preparadas y sea cual sea su ideología, saldremos del atolladero.

Muchos de los que viven de la palabrería se difuminar ía n y con ellos la soberbia, hija de la chulería política que, por norma general, la acompaña.

— ¿Tanta fe tienes en los tecnócratas, Jaime? Más de uno también se corrompe si deja la ética en casa. No lo olvides —sostiene Matías.

Alfredo suspira y Matías, aprovechando la oportunidad que le ofrece una de las tantas paradas provocadas por el atasco le pide a Alfredo que aproveche para darle algo más de información sobre Paco Bauza.

—No te preocupes. Te la dará él. De todas formas, ahí van unas pinceladas.

Su nombre completo es Francisco Bauza Arce.

Natural de Cambados e hijo de un capitán de navío que se sumó al Alzamiento en 1936.

De familia acomodada y culta. Su madre estudió en el conservatorio de música.

Destinado en diferentes bases navales colaboró con nosotros en la guerra de Irak y en las guerras balcánicas.

La familia de Margarita, la que fue su esposa, también pertenec ía a la Armada.

Su padre alcanzó el empleo de contralmirante. ¿Tienes suficiente con estos datos?

—No me puedo quejar.

Alfredo, dirigiéndose a Jaime, se limita a decirle que cuando alcancen el objetivo se detenga en la plaza de Santo Domingo. Matías irá caminando solo hasta alcanzar el Varela. Ellos regresarán al Ministerio de Defensa. Y así lo hacen.