CAPÍTULO VIII EN LA SEDE DEL MINISTERIO DE DEFENSA #6
—Si fue por honor, no lo dudes. Tu caso pasará a los anales de la historia policial de España —afirma un sonriente Alfredo.
Ya en los últimos recovecos de la conversación, Martínez Seco y Alfredo le recuerdan de nuevo que su cuartel general se situará en su domicilio y con la ayuda de Jaime le harán llegar todas las informaciones necesarias.
Que no se preocupe. Nadie le robará la patente.
Y le advierten también que su contacto con Paco Bouza nunca se producirá en el mismo lugar.
Determinados restaurantes y cafeterías de Madrid serán sus respectivos puntos de encuentro.
— ¿Misión exacta de Bouza? —pregunta Matías con estilo telegráfico.
—Apoyo a la logística que necesites —responde Martínez Seco con el mismo estilo telegráfico.
— ¿Mucho presupuesto?
— ¡Qué pesadito te pones con el dinero ! Solo cobrarás los extras si es que los cobras —responde Martínez Seco.
—En fin, por lo que veo convertiré mis ideas en mercancía gratuita al servicio de la Corona. Sin embargo, tengo enten dido que todos los servicios secretos del mundo necesitan de algún que otro fondo de reptiles. ¿No es cierto?
— ¿Aceptarías cobrar en negro, Matías? —pregunta Alfredo mostrando una ladina sonrisa.
—Lo cobraría Concha por mí. Mi esposa nunca pregunta de dónde sale el dinero.
Ejerce de paraíso fiscal dentro del hogar —contesta Matías dejando escapar una apacible sonrisa y añade que en todas las familias siempre hay alguien que ejerce o debe ejercer dicha función.
En España hay demasiados impuestos pensados para liquidar la pequeña clase media.
La más odiada por la izquierda y por eso la izquierda se odia a sí misma. Quiere hacerse rica.
Martínez Seco, con una sonrisa soterrada, pregunta:
—Si te tuvieras que definir, ¿ cómo te definirías, Matías?
Tras un breve silencio, Matías se define.
—Me paso por el forro a mí mismo y a mis circunstancias que decía el insigne Ortega y Gasset. ¿Me explico?
—Como un libro abierto. Eres único e irrepetible. Sigues siendo el inefable comisario Matías Rubio.
—En mi lápida podríais esculpir: « Como policía embistió como un miura a todas sus circunstancias sabiendo que se quedaría solo » .
— ¿Por qué? —pregunta Alfredo.
—Porque siempre he sabido una cosa. Dado que España no tiene remedio no hay nada mejor que ser un escapista antes que un lameculos.
Por cierto, podríais agregar que nunca necesité de un guía espiritual.
En el último segundo de mi vida espero estar convencido de haber hecho todo lo que humanamente he podido por ayudar a todo el mundo.
Tras una tan sorprendente como exagerada caída de la comisura de sus labios, Martínez Seco le indica el paso siguiente.
—Alfredo te acompañar á ahora mismo al Café Varela y te presentará a Paco Bauza. En estos momentos ya se dirige hacia el punto de encuentro y se situará en la barra. ¿De acuerdo? Lo reconocerás de inmediato.
— ¿Algún distintivo especial?
—Pelo totalmente blanco y muy fuerte. Un jubilado inconfundible.
—De acuerdo. Claro que… ¿y si por una de esas casualidades de la vida hay otro jubilado de pelo blanco y fuerte en la barra? Es decir, otro inconfundible.
—Eres previsor, Matías, pero en el CNI también lo somos. Si te encuentras con dos jubilados idénticos, fíjate solo en el jubilado que remueve el café con su mano derecha de izquierda a derecha y no de derecha a izquierda.
—Un original y desapercibido movimiento de cucharilla. No está mal.
—Es uno de los tantos identificadores que tenemos.
—Y si el otro jubilado es zurdo, ¿acaso no la moverá también de izquierda a derecha?
—No te pases de listo, Matías. Tu conjetura carece de base científica.
Un zurdo también puede mover la cucharilla de derecha a izquierda.
Y esta misma tarde te encierras en el despacho de tu domicilio y comienzas a plasmar tus primeras estrategias protectoras respecto al Rey y a la princesa Leonor y…
de paso, aunque no sea exactamente tu misión, piensa en el resto de la familia real.
En la reina Letizia y en la infanta Sofía.
— ¿Dejo fuera a Juan Carlos I y a la reina Sofía? Sospecho que Juan Carlos I está en trance de resucitar y Sofía sigue con sus funciones de reina emérita.
—No para nosotros. Ya pertenecen al pasado por mucho que sus nombres salgan cada día en los medios audiovisuales, digitales o de papel y pese a las memorias de Juan Carlos I que lo pusieron de nuevo en boca de todos —responde Martínez Seco.
—Respecto a las memorias de Juan Carlos I y como le dije a Concha, esperaré a que se publique la segunda edición corregida y aumentada.
Ya sabes, habrá más profundidad en el contenido.
Por exigir, exigiré saber cómo ha programado su funeral de Estado cuando llegue el momento.
Por el bien de la Corona no puede morir en el exilio.
El pueblo y digan lo que digan los comunistas y los republicanos tiene su corazoncito —insinúa Matías.
—Dios guarde muchos años a los eméritos —responde Alfredo.
—Dios los guarde —recitan tanto Martínez Seco como Matías.
Y Matías y con la ayuda de un suspiro, agrega:
—Está bien, me pondré a trabajar. Y como ya os he dicho, Concha no parará hasta averiguar quién coño me esperaba en el Audi A8. Como quien no dice nada, no se cansará de echar tantos vistazos como sea necesarios a mi despacho.
—Cierra la puerta.
—Si mantengo la puerta cerrada, todavía sospechará más . Haga lo que haga, siempre la tengo abierta y al verme con el ordenador abierto y silbando alguna de mis canciones preferidas se convencerá de que lo que me llevo entre manos no es peligroso.
—Como quieras. Organízatelo a tu gusto —interviene Alfredo.
—Lo intentaré. Tal y como me habéis dicho, comenzaré a redactar esta misma tarde el discurso de renuncia a la Jefatura del Estado tanto del Rey como de la princesa Leonor.
Solo salvaré sus derechos dinásticos por si un día a los españoles les da por pedir el regreso de la Monarquía.
La preocupación que provocará el susodicho discurso les obligará a nuestros políticos a repensar cualquier tipo de precipitación republicana, sea liberal o comunista. Estoy seguro de ello.
— ¡Coño! ¡No nos fastidies, Matías! ¡Que se te ha contratado para hacer lo contrario! —exclama Martínez Seco dejando escapar una sonrisa porque interpreta que las palabras de Matías encierran una de sus habituales chanzas.
— ¡ Lo sé! ¡Lo sé! Pero… debo ponerme en la peor de las situaciones posibles y, de momento, he de dejar caer mi primera perla, es decir, la suya, la del Rey.
Todo un segundo de gloria sintetizado en no más de diez palabras que dejarán descolocados a quienes las oigan.
Unas palabras pronunciadas en la sede de alguna de las instituciones importantes del Estado.
Del resto, es decir, de los comentarios que sigan, ya se encargarán los políticos y los periodistas de sacar punta al lapicero.
— ¿ De qué se han de encargar los políticos y los periodistas? —preguntan Martínez Seco y Alfredo al unísono.
—De que llegue al pueblo vía tanto debates oficiales como tertulias televisivas, radiofónicas, prensa o redes sociales. Por cierto, ¡hay que ver cómo se puso Florentino Pérez cuando le tocaron los bemoles! ¡No seréis del Real!
—Lo somos.
— ¡Vaya por Dios!
— ¿Crees que tu discurso alterará a los periodistas? —pregunta Alfredo manteniendo un comedido punto de humor.
—Seguro. En fin, de todos los discursos que el Rey emite a lo largo del año, ¿cuáles es, a vuestro entender, el más interesante para que yo le pueda colocar mi primera cuña?
— ¿ Una cuña? —pregunta Martínez Seco.
—Eso es. Una cuña. Creo que es la expresión más acertada.
—Como tú digas —responde Martínez Seco y cita textualmente el mensaje navideño: —Es el que entra más en los hogares españoles pese a que cada año que pasa, y debido a la ofensiva política de la izquierda y de los separatistas, va a la baja, esa es la verdad.
Matías, con un suave movimiento negativo de cabeza, le responde que para el primer segundo de oro que él busca para el Rey, el mensaje navideño dirigido al pueblo no sería el más adecuado.
Dejaría un mal sabor de boca en Nochebuena, una festividad a la que Matías le tiene un gran cariño entre turrones, copas de champán y su pesebre.
Este último, una obra de arte cargada de nostalgia.
Alfredo insinúa que tal vez sería una buena ocasión el día de la Pascua Militar.
Una opción que Matías desestima de inmediato apretando el entrecejo.
Algunos militares podrían no entender lo que el Rey habría transmitido en su primer segundo de oro y la incertidumbre para las Fuerzas Armadas no es buena consejera.
No fuera que se liara lo que nunca se debe liar en una democracia madura como la española pese a que los que sueñan con romper España la califican de débil e inútil. Y Matías insiste.
—Buscadme otro discurso.
Alfredo tantea de nuevo.
— ¿ Qué te parece si ese segundo de oro que te llevas entre manos lo diera a conocer en la recepción del cuerpo diplomático?
Tendría una gran repercusión internacional y permitiría al CNI y a nuestras embajadas acumular una ingente cantidad de información.
Todo un termómetro para evaluar la repercusión y, al mismo tiempo, cómo evalúan a España y a la Monarquía las cancillerías, los organismos internacionales y los medios de comunicación extranjeros.
—No. La ropa sucia hay que lavarla puertas adentro. A ciertos gobiernos se les haría la boca agua. Seguid buscando —responde Matías.
Ahora es Martínez Seco el que interviene.
— ¿ Qué te parece la apertura del año judicial que se celebra en el Tribunal Supremo?