CAPÍTULO VIII EN LA SEDE DEL MINISTERIO DE DEFENSA #4
—En fin, Matías, ¿ has comprendido cómo trabajamos?
No dejamos que se nos escape el más nimio detalle.
Y como te digo, si conseguimos exprimir algo por extraño que pueda parecer, más munición para nuestro depósito, aunque a veces caduca por falta de coyuntura favorable, por falta de consistencia, o porque nuestro artilugio se ha estropeado por envejecimiento.
—De una película real vuestro topo ha montado otra de hipotética.
No está mal. De todas formas, he de reconocer que sois originales.
No creo que nadie haya establecido esa estrambótica relación entre el coronel Maci à y la película Alcarr à s .
Se nota que llenáis vuestra despensa con toda clase de abalorios por más extravagantes que sean.
—Forma parte de nuestro trabajo—contesta Martínez Seco, que aprovecha para preguntar a Matías:
— ¿ Por qué te preocupa más Cataluña que el País Vasco, Matías?
—Por las impresionantes manifestaciones populares de Cataluña y por los acontecimientos del año 2017.
Respecto al País Vasco y finalizados los terroríficos crímenes de la ETA no olvidéis que Franco siempre definió a los vascos como la raza superior de España.
Y a una raza superior no le interesa la ruptura, más bien la hegemonía.
Eso es lo que yo creo. Nadie como ellos sabe gestionar lo suyo y, al mismo tiempo, dominar el mercado español a su antojo y mucho más si el gobierno está en manos del Partido Nacionalista Vasco. ¿Y quieres saber otra cosa?
— ¿Por qué no?
—No son de los míos. Yo soy latino. ¿Entiendes adónde quiero llegar?
—Lo entendemos, pero preferimos no entenderlo. Y de cómo los entendía Franco, ¿qué quieres que te diga? Y no te preocupes en demasía respecto a Cataluña.
— ¿Por qué? ¿Es sólida la mejora de las relaciones de la Corona con los catalanes? —pregunta Matías algo sorprendido.
—No. La distancia entre la Corona y Cataluña aún ha de recorrer un buen trecho si es que lo recorre.
Y dirigiéndose a Alfredo, Martínez Seco deja Cataluña a un lado y sin abandonar el mundo del cine le propone otro ejemplo.
— ¿ Qué otro ejemplo de nuestra colección filmográfica le podemos ofrecer a Matías, Alfredo?
—Supongo Matías que en su día visionaste aquella vieja película de los años cuarenta, ¿Por quién doblan las campanas? —pregunta Alfredo.
—La vi en su momento. Recuerdo que trabajaba Gary Cooper representando a un brigadista al servicio de la República durante nuestra guerra civil.
—Franco debía haberla potenciado. Nosotros siempre la tenemos en la recámara.
— ¿Potenciarla? Pero si iba contra el Régimen. No sé a dónde queréis ir a parar.
—Tú mismo has dicho que la protagonizaba Gary Cooper, ¿cierto? —le responde y pregunta Alfredo.
—Cierto.
—Todo un galán guapo e inteligente al que llamaban « el inglés » .
¿Y quién era la protagonista femenina? Ingrid Bergman.
Guapa y sueca, pero para convertirla en española le embadurnaron la cara con roña y carbón porque así era como Hollywood, la Paramount y Sam Wood su director veían al pueblo español.
Pintaron a todos los actores que ejercían de españoles republicanos como personajes rudos, bandoleros, analfabetos, borrachos y feos.
En otras palabras, gitanos. Y que nadie se escandalice por usar el término gitano.
—Los recuerdo. Grotescos y goyescos al mismo tiempo que habría dicho nuestro profesor de historia del arte del Instituto —responde Matías.
—Si Franco hubiera potenciado la película —añade Alfredo—, ¿acaso la imagen de los comunistas y de los anarquistas no habría favorecido a los nacionales?
—Es posible. Los republicanos de verdad y vestidos con traje y corbata tampoco se habrían identificado con ellos. Pero ¿por qué me ha de gustar esta segunda muestra filmográfica que habéis elegido?
—Porque como muy bien sabes, Hemingway se pirraba por las corridas de toros. Un tanto a favor de la España tradicional que tú representas a la perfección. Claro que los taurinos no pasáis por el mejor momento. ¿Verdad?
—Verdad.
—Por eso he dicho que te gustaría nuestra segunda muestra tal y como tú la has llamado.
—Si esto es lo que pensáis… ¡Qué tiempos para el toreo los de la Ava Gardner, Pablo Picasso, Orson Welles!
Todos progres. Y qué decir de García Lorca, de Joaquín Sabina, de Joan Serrat o del mismísimo Che Guevara.
Ahora nos hemos de conformar con la infanta Elena.
Bueno, Juan Carlos I también se lo pasaba bien y se lo sigue pasando, pero Felipe VI y Letizia apenas nos visitan.
No sé si su estrategia es acertada. Son muchos los españoles que por temor a que los traten de bárbaros no acuden a las plazas de toro s o a las vaquillas de las fiestas mayores de sus pueblos, pero se pirran por ir —afirma tajante Matías.
Y Alfredo insiste.
—Tirria es lo que nos tienen en el extranjero porque sabemos ser más felices que ellos. Vermú por las mañanas; corridas de toros y fútbol por las tardes; sabrosa tortilla de patatas para cenar; buen vino; buenas tapas; y buen sol.
—Soy de tu parecer. Como en España, ni hablar. En ningún otro sitio se vive mejor que en la patria de Séneca.
— ¿¡ De qué coño conoces a Séneca, Matías!? —pregunta Alfredo más que sorprendido.
—También del Instituto. Cuando nos explicaron en qué consistía el estoicismo, me hice estoico. ¿Qué os parece?
—Nos parece muy bien, pero, ¡no te suicides! —interviene un sonriente Martínez Seco tras aclararle que él también conocía a Séneca .
Y Matías prosigue.
— ¡Tranquilo! Mientras yo sea yo resistiré. Claro que si asoma el Alzheimer…De todas formas me aseguraré antes de que sea Alzheimer. Como policía siempre he utilizado pruebas sólidas.
Martínez Seco y Alfredo, tras una mutua mirada, le proponen que se ponga en la piel de un agente del CNI y que les ofrezca un simulacro.
Por ejemplo, ¿ qué haría él para resolver un problema más allá de las pruebas contundentes que son determinantes en el trabajo policial?
Matías se encoge de hombros y les pide que escojan un tema.
Martínez Seco se lo escoge. Un tema de cajón.
—Ante la imposibilidad de pedir ayuda al Rey y ante la neutralidad que el CNI y las Fuerzas Armadas debemos mantener, no faltaron en su día políticos españoles que se atrevieron a debilitar la unidad de España hasta límites insospechados.
Incluso aceptaron las exigencias del separatismo catalán de permitir un verificador internacional salvadoreño cuyo trabajo se realizaría desde Ginebra. ¿Lo sabías?
—Algo oí, pero no le di la importancia debida. Continuad —responde Matías con su clásico arqueo de cejas.
—Su objetivo no era otro que hablar de igual a igual y escuchar todo cuanto le pidieran los separatistas. De Estado a Estado. Y llegado a este punto, ¿qué habrías hecho tú para impedirlo, Matías? —pregunta Martínez Seco a modo de tanteo.
Matías inspira profundamente y pregunta de nuevo:
— ¿ Una estrategia exclusivamente pensada para el CNI, pero sin intervención del CNI?
—Exacto —responde Martínez Seco.
—Pues… dejadme que piense. Así de sopetón…
— ¡ Piensa! ¡Piensa! —exclaman al unísono Martínez Seco y Alfredo.
—Está bien. Montaría un conflicto controlado que correría a cargo de… no sé… de Francia. Sí, de Francia. No sería necesario ir a buscar un país más lej ano.
— ¿ Has elegido a Francia solo por su proximidad geográfica?
—No necesariamente. Solo porque hay que meter más gente en el fregado.
—Por cierto, ¿ sospechas que Francia colabora con el separatismo? —le preguntan ambos.
—Sí y no.
—Ambiguo, ¿eh, Matías?
—Siempre hay que cargar el problema al primer inocente que pasa por tu lado. Un método injusto, lo reconozco.
—Y ese inocente sería Francia —ratifica Martínez Seco.
—También podría ser Andorra, ¿p or qué no? No estaría nada mal asustar a ese poderoso caballero que es don dinero y que reposa más o menos plácidamente en el Principado bajo la protección de sus dos copríncipes y de algunos políticos españoles.
— ¿Conoces a algún político español que invierta ilegalmente en Andorra?
—Lo conozco, pero no os lo digo. ¡Hala que os zurzan!
— ¡Qué bravo eres!
—Complicar la vida a los copríncipes seguro que daría buenos resultados.
Martínez Seco y antes de que llegue la nueva intervención de Matías, le pregunta:
— ¿Y cómo crees que respondería n los copríncipes a tu estrategia? Porque alguna respuesta llegaría, ¿no te parece?
—No lo sé. Necesito algo de rodaje, pese a la urgencia que el otro día me insinuó Alfredo. Pero…
—Pero ¿qué? —le pregunta Martínez Seco con cierta ansiedad.
—Lo que yo haría, el CNI no podría hacerlo. Entonces, ¿para qué preguntar?
— ¿Y qué harías tú que nosotros no pudiéramos hacer?
—Si os lo digo me despedís y no estoy dispuesto a perder mi nuevo empleo.
—Entonces, m ás vale que te calles.
—Me callo. ¿ He superado la prueba, caballeros?
—Te has olvidado de algunos detalles importantes, pero tu respuesta nos ha gustado, ¿verdad Alfredo? —pregunta Martínez Seco mordiéndose el lateral derecho interior de su boca.
—Verdad.
—¿Y puedo conocer alguno de esos detalles importantes que me he olvidado?
— ¡Por qué no! Estamos sometidos a numerosos controles.
Controles gubernamentales, parlamentarios, judiciales, económicos y periodísticos.
Y, no solo eso, hemos de ser leales a todas aquellas organizaciones con las que España se ha comprometido.
Con la Naciones Unidas, la OTAN, la Unión Europea, la Agencia Espacial Europea y, sobre todo, con Francia y con el Concordato con la Santa Sede.
— ¿ Creéis que he entrado en el CNI como el elefante que entra en una cacharrería?
—Podría ser —le contestan ambos.
—Esa era mi intención. Repensad mi ingreso —responde Matías con la ayuda de su mueca facial a lo Lee Marvin.
—No nos lo vamos a repensar. Si tuvieras un oficial de caso se las harías pasar canutas.
— ¿ Me podéis explicar la función de un oficial de caso?