Rumbo al Palacio de la Zarzuela CAPÍTULO VIII EN LA SEDE DEL MINISTERIO DE DEFENSA #3
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CAPÍTULO VIII EN LA SEDE DEL MINISTERIO DE DEFENSA #3

—De ingenuo no tengo un pelo. Preguntarlo a mis queridos delincuentes y ya os contarán ¡Y tanto que os contarán! ¿Y puedo saber qué estrategias seguís vosotros? —pregunta impasible Matías, pese a que no le ha gustado nada que lo hayan tratado de ingenuo.

Martínez Seco y Alfredo deciden ofrecerle un modelo. Algo que Matías agradece vivamente.

—Vosotros diréis.

— ¿Cuál le podemos ofrecer, Alfredo?

—Uno que le sorprenda. Que le deje pasmado —responde sonriente Alfredo.

Tras reflexionar un instante, Martínez Seco lo elige.

—Dado que sabemos lo que te preocupa Cataluña ante una hipotética destrucción de la unidad de España, voy a elegir uno de los muchos modelos referidos a Cataluña. Te voy a ofrecer el más original sin lugar a duda. ¿Qué te parece?

—Me parece muy bien. Yo todavía soy de los que digo sin creérmelo que los catalanes son muy trabajadores, aunque de la virgen de puño. Y los españoles somos poco trabajadores, pero desprendidos. Cosa que tampoco me creo. En fin, exponedme la muestra —responde Matías.

Martínez Seco le hace saber a Alfredo que va a escoger el de la película catalana del género realista, que, con su correspondiente manipulación argumental, les transmitió uno de los topos permanentes de Barcelona.

Una manipulación con capacidad operativa a muy largo plazo y siempre que las circunstancias lleguen a ser propicias. Cosa improbable, por supuesto.

—Me parece muy bien. Seguro que será un ejemplo de cómo trabajáis cuando est áis atascados y ten éis que actuar a la desesperada —responde Matías.

—Pues, ¡ ahí va! Matías —le espeta Martínez Seco.

Matías los observa atentamente a la espera de por dónde saltará la liebre. Martínez Seco se sienta pausadamente en su sillón, coge un abrecartas que se encuentra situado sobre la mesa por la simple razón de tener algo entre sus manos; lo sostiene por los extremos con ambas manos y toma la palabra.

—Matías, ¿has visionado por casualidad una película titulada Alcarr à s ? Una película que obtuvo un gran éxito de público tanto en Cataluña como en el resto de España e incluso se llevó el Oso de Oro de la Berlinale.

—No la he visto, pero salió en todos los telediarios. La dirigió una mujer si no ando equivocado.

—Así es. Se llama Carla Simón.

—No presté la suficiente atención a su nombre.

—De acuerdo. Estate atento a la interpretación que nos envió nuestro topo.

—Voy a estarlo —responde Matías con la ayuda de una profunda inspiración.

— ¿Qué crees que nos envió nuestro topo?

— ¡ Qué sé yo! ¿Alguna prueba que comprometía a la directora , a algún actor o al propio separatismo catalán en general?

—Olvídate de las pruebas. Solo haz volar tu imaginación.

Una imaginación en absoluto gratuita. Una imaginación que, ¡quién sabe!

Tal vez un día nos permitirá utilizarla para desacreditar al separatismo y a una persona sin que la susodicha persona tenga nada que ver con la película y, además, ya no se puede defender.

— ¿Una persona que ya no se puede defender? ¿Una persona fallecida? —pregunta Matías con su correspondiente guiño de su ojo derecho.

—Exacto —interviene Alfredo, sustituyendo a Martínez Seco en la conversación—. Tú lo has dicho. Esa persona nunca la podremos llevar ante un juez.

— ¿ Y esa persona fallecida era una persona importante?

—Mucho. Para los separatistas republicanos era y sigue siendo importantísima. No te lo puedes llegar a imaginar.

—Ya sabéis que mi imaginación no tiene límites, pero seguid dándome pistas . De momento no me habéis dado ni una sola que me permita especular con cierta consistencia.

—Sigue estando atento, Matías —le indica Martínez Seco que retoma la conversación.

—Si hubieras visionado la película habrías podido comprobar cómo una familia honrada y trabajadora, arraigada a la tierra y después de años y años de trabajar, va a ser expulsada por no tener el documento que acredita su propiedad. ¿Nos sigues?

—Como si circulara por una autopista sin tráfico. Van a perder sus tierras porque el actual propietario las quiere recuperar o porque el Estado exige su expropiación pensando en el progreso patrio.

—Olvídate de la expropiación y quédate con el propietario.

—Me quedo con él. Con el terrateniente.

—Vas por buen camino. Un gran terrateniente que quiere liquidar sus campos de melocotones y transformar su finca en una gran extensión de placas solares.

—Un argumento poco original si se me permite opinar.

—Se te permite, pero la película fue elevada por la crítica a la categoría del neorrealismo italiano.

—Entiendo. El consabido argumento del gran terrateniente ansioso de ganar más dinero sin humanidad alguna. Un personaje odioso. En definitiva, el amo del cortijo.

—Una razonable deducción —ratifica Alfredo.

Y Matías, prestando la máxima atención, pregunta:

— ¿Y?

— ¿Qué dirías si te digo que el terrateniente más grande que hubo en Alcarrás por no decir en toda Cataluña fue don Francisco Maci á ?

— ¿ El coronel Francisco Maci á ? Si no ando equivocado, fue uno de los fundadores de la República de Cataluña en la década de los años treinta.

—Cierto —responde Martínez Seco—, y por eso no lo podemos llevar ante un juez. Está muerto. Murió el día de Navidad del año 1933.

—Un día muy señalado… pero ¿ se puede saber adónde queréis llegar?

—De momento, a ningún sitio. Pero es curioso que con tantos pueblos que tiene Cataluña y la propia provincia de Lérida, la directora escogiera Alcarrás para rodar la película. Una película con un hipotético terrateniente escondido entre la niebla.

— ¿ Vuestro topo estableció una relación directa entre la familia de Maci à , el argumento de la película y la directora de la película?

—En absoluto, pero a nuestro topo le pareció interesante enviarnos el dato histórico por si algún día y por alguna que otra razón podemos manipularlo y trasladarlo al separatismo catalán actual.

Se podría escribir una novela o hacer otra película con un título tan atractivo como mentiroso: El señor de Alcarr à s o El señor de Casa Vallmanya .

¿Qué te parece? —pregunta Martínez Seco colocando el abrecartas entre la frente y la base de la nariz.

— ¡ Mirad que sois perversos!

—Más perversos son los americanos, los rusos, los israelíes o los británicos. Nosotros somos unos angelitos al lado de ellos.

—Y hay que ver que fantasía le ponéis. Sois más fantasiosos que yo, ¡ que ya es decir! Y… ¿Vallmanya es el nombre de la propiedad?

—Por supuesto. ¿Sigues viendo por dónde van los tiros?

Hemos de aprovechar cualquier rendija con pruebas o sin pruebas y por estrecha que sea que nos permita hacer frente a quienes quieren destruir la unidad de España.

Si ellos manejan la historia de Cataluña a su antojo, nosotros también. ¿Qué te parece?

—No sé qu é deciros, pero los catalanes deben conocer la trayectoria de Francisco Maciá a la perfección.

—Se supone que sí, pero, ¿cuántos españoles conocen el hecho de que Francisco Maci á formaba parte de una de las familias terratenientes más ricas y poderosas de Cataluña? Cuatro y el cabo.

— ¿ Queréis mentalizar a la gente de que el coronel Francisco Maci à era el equivalente del señorito andaluz tanto si es verdad como mentira?

—Exacto, Matías. A la ecuación solo habría que añadirle que Maci á tanteó a Moscú para levantarse en armas y ocupar militarmente Cataluña.

Y cumplió con su proyecto. No en balde era un hombre coherente consigo mismo y un tipo valiente.

Militar, al fin y al cabo. Y, tras fracasar dado que lo traicionaron, fue a parar a Bruselas.

Más coincidencias con nuestros días, imposible. ¿No te parece?

—Por lo que veo, a partir de vuestra manipulación y llegado el momento oportuno, si es que llega, fusionar é is el proceso separatista catalán de hoy en día con Putin y, a su vez, lo convertiréis en un asunto más bien de ricos. ¿Me equivoco?

—Solo lo utilizaremos si le podemos extraer algo de jugo. Si no nos sirve nos olvidaremos de nuestra manipulación y del teniente coronel Maci á .

—Supongo que a Francisco Maci á lo tenéis como un hombre de honor pese a lo que quiso llevar a cabo —insinúa Matías con una cierta picardía.

—Lo tenemos. Sabemos que era todo un caballero dispuesto a sacrificar su profesión y su vida por Cataluña. Y no solo eso. Fue una tragedia que muriera tan pronto. ¿Sospechas por qué digo eso?

—Lo sospecho, pero prefiero que me lo digáis vosotros.

—Los excesos que se produjeron en 1936 en la Cataluña roja no se habrían producido si él hubiera vivido.

—Entiendo. Un hombre recto y serio que no habría permitido los desmanes revolucionarios.

—Sin el menor género de duda. Igual que los entendió José Tarradellas. Otro caballero visto desde su causa. Al menos es lo que nos pareció cuando regresó de su exilio y ofreció la Generalitat a los ciudadanos de Cataluña.

—Y el Gabriel Rufián, ¿es el heredero de Francisco Maciá y de José Tarradellas? —pregunta Matías guiñando su ojo.

— ¿Por qué lo preguntas? —inquiere Martínez Seco.

—Por nada. Absolutamente por nada. Solo era una pregunta castiza.

— ¿Castiza?

—Ya me entendéis. Me imagino que si los viejos próceres independentistas de Cataluña oyeran el contenido de lo que dice y cómo lo dice el muchacho no se sentirían muy orgullosos que digamos.

—A nosotros nos ha ido bien que los líderes de Esquerra lo enviaran a Madrid. De separatista se ha convertido en presidente de la Confederación de las Izquierdas Españolas. ¿Qué te parece?

—No me parece nada. El muchacho ha de sobrevivir — responde Matías quitándole importancia.

Y Martínez Seco prosigue.

—Y piensa que entendemos mejor la lucha de los separatistas vascos y catalanes por conseguir su independencia nacional que la conducta de la extrema izquierda o de la extrema derecha que siendo ambas españolas no pararán hasta destruir España no sin antes haber degradado la inmensa aportación que los españoles hicimos a la América española. ¿ Ves nuestro punto de vista?

—Lo veo. Desde esa perspectiva vosotros y yo somos como dos gotas de agua.