CAPÍTULO VII LA CONFIGURACIÓN DEL EJE JAIME-MATÍAS #5
—Y… dos últimas preguntas, Matías.
— ¡ Pregunta! ¡Pregunta! Estoy a tu entera disposición.
— ¿Por qué no has comprado las memorias de Juan Carlos I? Estaba convencida de que serías el primero de la cola.
—Porque soy un alumno aventajado. Todo lo que dice ya me lo sé de memoria.
Esperaré a que publique las segundas. Esas primeras solo son para el gran público.
Me interesaron más sus palabras cuando pidió ayuda para su hijo en la televisión.
No sé por qué, pero me pareci ó que lanzaba un SOS.
Algo debe saber que ni Felipe VI ni la reina Letizia ni la princesa Leonor conocen o, peor todavía, no le han hecho caso si es que la familia real al completo sabe porque ha pedido dicha ayuda.
Me imagino que está convencido de que Felipe VI va a necesitar el apoyo de la gente joven.
—Lo que tu digas.
—¿Y la segunda pregunta, Concha?
—Tal y como ha insinuado Almudena… ¿te has preparado durante todos estos años por si te llamaban quienes te hicieron el favor para que salieras ileso de lo que le hiciste a la Paula Andrea?
—Más o menos. Claro que… ellos también deben sospechar que no me he olvidado del favor y seguro que están persuadidos de que no me han cogido por sorpresa. He sido policía toda mi vida y el instinto policial no se pierde nunca por muy jubilado que uno esté.
—Siempre repites lo mismo. Y…
— ¿Y qué?
—Te lo vuelvo a preguntar. ¿ Por qué siempre les has tenido tanta manía a las revistas del corazón? ¿Por ser hombre, tal vez? ¿O para liberarnos a las mujeres de lo que para ti representan esas revistas?
— ¿Estás segura de que yo no sabía quién era la Malú?
—No. No lo sabías y no te pases ahora de listo.
—La verdad sea dicha, no tenía la menor idea de qui é n era y mucho menos de que fuera pareja del Rivera.
¡Hay que ver cómo, entre unos y otros, se cargaron a Ciudadanos!
Cuán cierto es el refrán: la ambición rompe el saco.
Era un partido que me caía bien. Sobre todo, por su moderación y por su centrismo, pero no estuvieron a la altura de las circunstancias.
— ¿¡Qué quieres que te diga, Matías! ? Juraría que no te cae bien ningún político. Dices que son como niños sin serlo. En lo que sí te doy la razón es que sin los presupuestos aprobados ningún político o asesor debería poder cobrar la nómina. Verías la prisa que se daban en aprobarlos.
—La Constitución del 78 ya se encargó de que los políticos pudieran gobernar con los presupuestos prorrogados.
Y poco a poco el Congreso de los Diputados se ha convertido en una institución guerracivilista tal y como mi abuelo y mi padre definían el Congreso durante la Segunda República. ¿Sabes, Concha?
— ¿Qué debo saber , Matías?
—No corren buenos tiempos para ciertas estatuas, ciertos monumentos o para algunos rótulos callejeros. La memoria democrática trabaja a destajo. Respecto a los últimos podrían coexistir. Calle de fulanito y de menganito.
—Cuidado, Matías, con lo que dices. El tiempo de la llamada memoria democrática de izquierdas tal y como has insinuado está en plena ebullición—le corta en seco Concha.
—España no es un país de conciliación. Los españoles no tenemos solución.
En el instituto, nuestro catedrático de filosofía no dejaba de hablar del sentimiento trágico de la vida y eso que, si mal no recuerdo, la Iglesia le prohibía hablar de él.
¡Hay que joderse! Como si la vida de Jesús no acabó en tragedia.
Cuántas veces te he dicho que así que llegaba la Semana Santa, nuestro vecino, el señor Faustino se negaba a ir al cine.
El hombre estaba harto de las películas de la vida de Jesús. Siempre sabía cómo acababan.
—No me repitas la historia. Me la sé de memoria y ya quiero dormirme. Entre la verbena y la migraña estoy hecha un guiñapo. Además, el señor Faustino era de izquierdas. ¿Qué se podía esperar de él?
—Todavía recuerdo al señor Faustino cuando le decía a mi padre que él iría al cine cuando un director fuera lo suficientemente valiente para mostrar la escena del romano que le clavaba la lanza al costado de Jesús y éste , harto de tanta maldad, exclamara: « ¡Bueno, basta!
¡ Se acabó! Os perdono tanto si sabéis lo que hacéis como no, pero antes os llevaréis unos cuantos sopapos ».
Y, descolgándose, cogiera la cruz y repartiera hostias a diestro y siniestro.
Calle Calvario abajo, los romanos, corre que te corre, dirían: «¡Ese sí que es el auténtico Mesías, el hijo de Dios hecho hombre! » .
— ¿ Pero no te puedes callar? Ya te he dicho que no bebieras tanta limoná.
—Pobre señor Faustino. Una vecina lo denunció y la autoridad competente le clavó una multa de aquí te espero.
Suerte que, entre mi padre que ejercía de juez de paz del barrio y don Antonio, el párroco, le salvaron de ir a la cárcel o de que perdiera su puesto de trabajo en la librería donde trabajaba.
Por cierto, me pregunto cuántas pequeñas y medianas librerías de aquel tiempo deben quedar abiertas en Madrid.