CAPÍTULO VII LA CONFIGURACIÓN DEL EJE JAIME-MATÍAS #4
—A mí, vuestro morbo no me atrae, ¿qué quieres que te diga?
Disfruto discutiendo a viva voz, eso sí, pero solo sobre fútbol, toros y política.
Respecto a los conflictos entre Juan Carlos I y Felipe VI lo pasado, pasado está.
La Corona debe seguir con Felipe VI y la princesa Leonor.
Así lo exige el curso de la historia. Claro que Felipe VI debe permitir que su padre muera en Madrid y con honores de jefe de Estado.
Y debe darse prisa. A ciertas edades la parca se cuela por la puerta sin llamar.
—No sé lo que hará Felipe VI, pero estoy de acuerdo contigo. A Juan Carlos I se le perdonará todo cuando muera. Lo sé de muy buena tinta.
— ¿Quién te ha informado?
—El pueblo español.
— ¡Coño! ¡Coño! Me dejas pasmado. De todas formas, no me harás cambiar de opinión. A las mujeres os encandila el cotilleo. Y no te olvides de las peleas que mantienen las feministas radicales entre sí.
—Respecto a las peleas entre las feministas radicales, calladito, Matías.
—Los enfrentamientos entre las de Sumar y las de Podemos fue de escándalo. Nunca pude sospechar que llegarían tan lejos. Las mujeres, cuando os ponéis en plan ambiciosas, sois peores que los hombres.
— ¡Qué te he dicho! ¡A callar! Y para estar enterado, cómprate algún libro escrito por o sobre ellas.
— ¿Comprarles un libro, yo? Ni loc o.
—Si no quieres comprar ningún libro, bájate al menos algunas de sus declaraciones que aparecen en YouTube como lo hago yo.
Matías, como de costumbre, guiña su ojo derecho y recupera el tema de los debates del corazón.
— ¿ Por qué has escogido en primer lugar a los periodistas que a ti te parecen más críticos con la Monarquía, Concha?
—Me he limitado a seguir tu método. Mientras fuiste policía siempre te ponías en la peor de las situaciones posibles. ¿Es verdad o no?
—Cierto, pero al menos habrá algún o alguna periodista favorable a la Monarquía, digo yo.
—María Ángeles Alcázar. También es catalana y siempre habla bien de la Corona. Ana Polo reconoce que la presencia de los reyes en Valencia consolidó y catapult ó a la Corona hacia la gloria… Y otra es Pilar Urbano. No es peligrosa para los intereses de la monarquía. Una autorizada, ya me entiendes.
—Ya. Con patente para escribir una biografía sin que le busquen las cosquillas.
—Más o menos.
— ¿Estás segura de que se puede sacar el agua clara de toda esa gente?
—Yo solo te digo que les puedes echar un vistazo. Muchas de sus opiniones respecto a los Reyes pueden afectar tanto a quienes aplaudimos a la Monarquía como a quienes no la soportan. Y…
— ¿Y qué? —la interrumpe Matías con una precipitada interrogación.
—Pues que también me puedes consultar sobre la vida privada de la clase política.
— ¿Y qué te podría consultar?
—Lo que creas oportuno.
— ¡ Quién lo iba a decir! ¡España, España! « El Rey y yo seremos los únicos que te salvaremos. Tiempo al tiempo » — exclama Matías cual si fuera el oráculo de Delfos.
—Siempre repites la misma cantinela y ¡ hay que ver que pisto te das, Matías! ¡Cómo si no fuéramos muchos los que creemos en España y en la Monarquía!
— ¿ Tú crees que somos muchos? Y cuando digo muchos me refiero a los auténticos. No a los que las aplauden para clavarles después un puñal por la espalda. En fin, decías que estás muy bien informada sobre la vida privada de la clase política que emana del cotilleo femenino, supongo.
—Femenino y masculino. No olvides que cada vez hay más hombres interesados por las tertulias del corazón.
— ¿ Hombres sensibles?
— ¿Qué quieres decir con eso de sensibles?
—Lo sabes muy bien. Que hace muchos años que nos conocemos, tronca, y sé cómo las gastas. Cuando digo sensibles, solo quiero decir sensibles.
—Está bien, pibe. ¿Quieres que te ofrezca algún ejemplo de mis conocimientos políticos?
—Soy todo oídos.
—Me lo sé todo de la Malú y de la Carla.
— ¿ Se puede saber quiénes son?
—Estás muy verde, Matías. Pues son las parejas del Albert Rivera, el de Ciudadanos, el partido político que a ti también te gustaba. ¿Quieres más casos?
—No es necesario. Y… me imagino que de la reina Letizia y de sus hijas debes saber un montón.
—Todo lo que han dicho los programas del corazón durante estos últimos años. No me he perdido detalle. ¿Qué te parece? Mientras hago la cama, cocino, coso o paso la aspiradora, la radio me acompaña. Algo que tú también podrías hacer.
— ¿ Poner la radio?
—No. Todo lo que yo hago. Y no seas tan carota. Tu sentido del humor también tiene un límite.
—Pero si cuando cojo la aspiradora me empujas y me la quitas diciéndome que no lo hago bien. Que dejo el polvo en todos los rincones de las habitaciones. Y eso no es cierto. Todo lo hago con mucho cuidado.
— ¿ Con mucho cuidado?
—Preg úntaselo a Dandi. Se sube al sofá cuando me dispongo a pasar la aspiradora y eso que sabe que a ti no te gusta que suba. Algo que no entiendo. ¿Qué mal hace el pobre animal subiéndose al sofá si es un santo y es uno más de la familia?
—Se sube porque eres un inepto. No se fía ni un pelo de ti.
—No te ha pasado nunca por la cabeza que, si lo hago mal, es para librarme de semejantes trabajos.
— ¡ Será posible! Pero, si ni siquiera te sabes vestir. Si no fuera por mí saldrías cada día a la calle hecho un cromo. ¡Qué digo un cromo! Un adefesio.
— ¡ Vale! ¡Vale! Volvamos al punto de partida.
Seleccióname todo lo que dicen tus periodistas respecto a la Corona.
Por cierto, si algunas opiniones negativas, sean masculinas o femeninas, proceden de Hispanoamérica, estate atenta y me lo dices.
Solo buscan hacer daño a la Monarquía y, de paso, hacerse con el parné.
Ya sabes que los españoles somos algo bobalicones.
— ¿Por qué dices eso?
—Sé del pie que calzan muchos de esos sabelotodo. Casi todos son de izquierdas. Y en cuanto pueden, critican a la Zarzuela y a la derecha política. Toda una estrategia de ciertas cadenas televisivas comenzando por la propia TVE.
— ¿ Tú crees?
—Lo creo. Por cierto, Concha. ¿Serías capaz de distinguir si alguna o alguno de esos periodistas de aquí y de allá no sienten lo que dicen y lo que quieren es convertir al Rey o a la Reina en víctimas para que la gente se ponga instintivamente a su favor?
—Nunca me he planteado semejante cosa. Como siempre te digo, ¡mira qué eres complicado! Y te lo repito. Nunca desprecies los programas del corazón.
—Me lo pensaré y ahora, a dormir. Que el peluco no para y mañana me he de levantar a pasear a Dandi. Claro que también lo podrían sacar los nietos que ya se han hecho mayorcitos.
— ¿Los nietos? Estás tú bueno. Cuatro caricias y a los videojuegos.
— ¡Lo sé! Pero no te quejes. También son muy estudiosos pese a que España y según las estadísticas va a la cola de Europa a nivel educativo. Me gustaría cruzar los exámenes de selectividad entre los números uno de todas las comunidades autónomas.
— ¿ Para qué?
—Para nada. Una simple competición entre comunidades autónomas. Se podría convertir en un exitoso concurso televisivo.
—Echas en falta la unidad de España, ¿verdad?
—Tú, ¿qué crees?