Rumbo al Palacio de la Zarzuela CAPÍTULO VII LA CONFIGURACIÓN DEL EJE JAIME-MATÍAS #3
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CAPÍTULO VII LA CONFIGURACIÓN DEL EJE JAIME-MATÍAS #3

Todos se miran entre sí y, pese a que la preocupación y la ansiedad inicial se mantienen, una maliciosa sonrisa de Almudena suaviza la tensión y acepta lo de ir a la cama.

Al fin y al cabo, su padre ha regresado sano y salvo.

Mañana quiere disfrutar de la segunda jornada de las fiestas de la Paloma con sus hijos.

Matías mueve con énfasis la cabeza y se levanta como un resorte de la butaca apoyando sus manos sobre los muslos.

A primera hora de mañana debe acompañar a Dandi a dar su preceptivo paseo para que haga sus necesidades.

Concha se limita a decir que est á molida e intentará conciliar el sueño pese al exceso tanto de limoná como de chocolate con churros.

Probables causantes directos de su migraña.

Ya en la habitación, Concha observa con suma atención a su marido. Sabe que no le ha de preguntar nada, pero menuda es ella para callarse. Algo socarrona por no decir mucho, le pregunta.

—O sea, que te han dado un encargo de postín. Nada menos que proteger a la Corona. ¿No es eso lo que has dicho?

— ¿ Eso es lo que he dicho?

—Eso es lo que se ha desprendido de tus palabras.

—Si tú lo dices. Tal vez me contratarán como fijo discontinuo. ¡Hay que ver lo inteligente que es la izquierda española! Me pregunto qu é diablos debe ser eso de un fijo discontinuo —pregunta en voz alta Matías.

—Tal vez te inviten a la Zarzuela —insinúa Concha sin abandonar su socarronería.

— ¡Quién sabe! Como me cacen un día estando de discontinuo se jodió la oportunidad. Te gustaría acudir a un besamanos en el Palacio Real, ¿no es verdad, Concha?

Concha lo mira, luego clava su mirada al techo y, finalmente, se decide.

—Si te puedo ayudar, no lo dudes. Si no nos has mentido, pregúntame lo que quieras sobre la familia real.

— ¿Y qué sabes tú de la familia real?

—Toda la vida me has criticado por leer revistas del corazón y seguir los programas rosa de la televisión.

Ya sabes, esos que no aguantas y de los que dices que mientras las mujeres españolas los sigamos, nunca nos llegará nuestra ansiada liberación.

Una liberación que debe surgir de nosotras mismas más allá de lo que digan las feministas soviéticas…

porque las llamas soviéticas, ¿no es cierto?

—Más o menos. A veces las llamo milicianas camufladas de alta costura.

—Lo de milicianas sobra, Matías. Ni se te ocurra decirlo en público. Quédate solo con la alta costura. Esta última ayuda tanto a Letizia como a sus hijas. La alta costura y la Casa Real se alimentan mutuamente.

— ¿ Y por qué lo de milicianas sobra? Son ellas las que debían haber aparcado sus exaltados temperamentos y sus autoritarismos. No llegarán lejos, pero el virus de la mala leche ya lo han extendido entre determinadas mujeres y no digamos si son jóvenes.

— ¡ Calla! ¡Calla! Siempre meando fuera de tiesto. ¿ Y qué te parecería si, gracias a las tertulias y a las revistas del corazón que he seguido durante todos estos años, te echara una mano sobre la familia real? —le pregunta guasona Concha.

—Ya te he dicho que no metas la napia en este asunto. ¡Hala! A sobar. Entre la verbena y la sorpresa que me ha ofrecido el señorial Audi estoy rendido y mañana me he de levantar pronto para sacar a Dandi .

—Ya te dije lo sacrificado que era tener un perro, pero tú nunca me haces caso.

—Tal vez, pero las conversaciones que mantengo con él son de lo más satisfactorias. Siempre me da la razón.

Matías, tras pensar en lo que le van a preguntar pasado mañana en el CNI, recupera la conversación con su esposa.

—Y… ¿cómo me podrías echar una mano, si se puede saber?

— ¿Realmente te interesa?

—Me interesa. Será por la limoná que he bebido.

—Pues me conozco al dedillo todo lo que han dicho y siguen diciendo las y los periodistas sobre todos los miembros de Zarzuela.

— ¿Qué periodistas?

— ¿De verdad que te interesan sus nombres y lo que dicen?

—De verdad.

—No me lo puedo creer. En fin, para empezar, mira los ejemplares del Lecturas y del Diez Minutos que guardo en el trastero del parquin. Ya sabes que no tiro nada a la basura. Y busca todo lo que dicen sobre la Casa Real periodistas como Jaime Peñafiel o Pilar Eyre.

— ¿Son tus preferidos?

—No. No lo son, pero por lo que he leído y he visto en la tele son los que peor caen a la Monarquía.

Llevan muchos años con el dale que te pego.

Y no veas desde que Jaime Peñafiel publicó Letizia y yo .

Claro que, según tengo entendido quiere hacer las paces.

Ahora dice que ya ha aprendido a ejercer de reina.

—Hay gente y editoriales que saben ganar pasta gansa.

Ya no existen editoriales dispuestas a perder dinero por la literatura.

Prefieren invertirlo en publicidad a la espera de que los lectores piquen.

¡ Y claro que pican! ¡Qué remedio! Las grandes editoriales han comprado la mayoría de las pequeñas.

Eso al menos es lo que tengo entendido. La democracia también nos ha traído eso que llaman oligopolios.

—Pues no veas, Matías, cómo los programas del corazón de ciertas cadenas atacan a la familia real. Nunca habían llegado tan lejos. Alguno ha llegado a definir al Rey como un « calzonazos » . ¿Qué te parece?

—Los hay que por hacer daño a la Monarquía venderían a su propia madre. Por cierto, ya me podías haber informado a lo largo de todos estos años sobre ellos.

—Cómo te iba a informar si no soportas que las mujeres nos interesemos por la vida sentimental de los famosos!

—Me gustaría saber lo que las mujeres entendéis por famosos y famosas.

—Depende en que categoría jueguen.

— ¡Ya! Y respecto al hipotético rollo que mantuvo la reina con ese tal Jaime del Burgo, ¿qué sabes?

—Lee el libro y te enterarás.

—No lo leeré ni que me maten. ¿Tú lo has leído, Concha?

— ¡Cómo quieres que lea algo así! —responde Concha desde su también firme convicción monárquica.

—Buena chica. Los monárquicos del Sur de Madrid somos los más de fiar. ¿No es cierto?

— ¡Lo somos, Matías, lo somos! Pese a que no lo parezca. Y si todo lo que dicen esos malintencionados periodistas convence a la gente, ya veremos si se salva la Corona.

—Hace tiempo que las izquierdas la torean.

—No te quepa la menor duda, Matías.

— ¿ Tú te crees todo lo que dicen esos periodistas? —pregunta Matías mirando también a un punto indefinido del techo.

—Jaime Peñafiel es peligroso. Debe rondar los noventa y pico, tuvo la enorme desgracia de perder a su única hija y no tiene sucesores.

Nada le ata y encima dice que solo ha explicado el uno por ciento de todo lo que sabe sobre la Zarzuela.

Imagínate si le da por soltar el noventa y nueve por ciento restante.

—No tiene nada que perder salvo la dignidad.

—No me vengas con esas, Matías. En Madrid solo creéis en la dignidad una docena y justita.

Y alguno incluso se la jugaría en un casino.

Hoy en día todo se compra y se vende. Todo se pacta y lo que se afirma a primera hora de la mañana, se desmiente antes de que caiga la noche para volverlo a pactar al día siguiente.

Las rupturas políticas son un claro ejemplo.

Solo rompen a medias no sea que pierdan el negocio.

—Todo es politiquería, Concha, pero… ¿ y si fuera verdad que la reina hubiera estado enamorada de este tal del Burgo? Es una posibilidad, ¿ no te parece?

—Si sigue enamorada, pues nada. Se divorcia de Felipe VI y ¡Santas Pascuas! Pero no lo hará. Cada día que pasa es más reina. En eso le doy la razón a Jaime Peñafiel.

— ¡Hay qu e ver cómo te has modernizado con lo del divorcio! ¡Qui é n te ha visto y qui é n te ve! No me digas que te has dejado influir por las feministas.

— ¡ A mí no me influye nadie! Menuda soy yo. Si tú no lo has conseguido en todos estos años, ¡imag í nate los demás!

—Cada primer viernes de marzo todavía le sigues pidiendo al Cristo de Medinaceli que interceda por nosotros.

— ¿ Y por qué no? Una tradición es una tradición y más si es madrileña.

—Así me gusta. Y no te perdiste la visita del Papa en Madrid. ¿De verdad que necesitas un guía espiritual?

—Lo necesito. Es mejor guía que tú que no sales de una que ya te pones en otra.

—Y volviendo a los programas del corazón, hay que ver cómo tratan a la familia real la prensa y las televisiones separatistas. Se despachan a gusto.

— ¿ Y tú cómo lo sabes si no las ves?

—Por YouTube.

—Creía que cuando te veía en el ordenador te limitabas a consultar los recibos y las informaciones económicas sobre los cuatro productos que tenemos en el banco. ¿ Desde cuándo te has aficionado a YouTube?

—Desde que los nietos me aficionaron. ¿No te lo dije?

—No, que yo recuerde. O sea que junto a la prensa del corazón y a las tertulias televisivas te has incorporado a YouTube. ¿Y extraes mucha información?

—No veas lo que llega a decir Pilar Eyre sobre la familia real, sobre David Rocasolano, lo que dice en la televisión pública catalana…

— ¿También participa en la televisión catalana? —le interrumpe Matías más que sorprendido .

—También. Es barcelonesa, pero le hacen la cama solo porque le interesa al independentismo. Cuando Felipe VI se dirigió a la princesa Leonor en vísperas de embarcarse en el Juan Sebastián Elcano, ¿sabes lo que dijo?

— ¿ Qu é dijo, si se puede saber?

—Que siguiera el ejemplo de su abuelo.

— ¿Qué ejemplo?

—Según Pilar Eyre, Juan Carlos I se enamoraba de una mujer distinta en cada puerto.

— ¡ Bah! Una costumbre muy marinera. ¿Y más gente que hable de la familia real en YouTube?

—Un tal Joaquín Abad se despacha a gusto con la reina Letizia.

—Disfrute y cotilleo. ¿Me equivoco?

—No te equivocas. El morbo que llevan consigo las malas noticias nos atraen igual que a vosotros, los hombres —responde Concha con ojos achinados y como respuesta a lo que ella interpreta como unas maliciosas insinuaciones de su marido. Todo un menosprecio al género femenino .