Rumbo al Palacio de la Zarzuela CAPÍTULO VII LA CONFIGURACIÓN DEL EJE JAIME-MATÍAS
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CAPÍTULO VII LA CONFIGURACIÓN DEL EJE JAIME-MATÍAS

CAPÍTULO VII

LA CONFIGURACIÓN DEL EJE JAIME-MATÍAS

Matías inicia su conversación con Jaime con unas primeras preguntas y reflexiones de poco calado. Solo para romper el hielo e iniciar la mejor aproximación posible.

Jaime, no olvides lo del tuteo, además, ambos somos sudistas y castizos. ¿Del Real o del Atleti?

—Del Atleti.

— ¡Cómo no podía ser de otro modo!

— ¿Taurino?

—Taurino.

— ¡ Sensacional!

—Al CNI no se le escapa nada, Matías. Ni los más mínimos detalles. Como puedes ver y entre las muchas cosas por las que me han escogido para ser tu escolta es, entre otras muchas cosas, porque soy colchonero y taurino. ¡ No te quejarás!

—No me quejo. Todo lo contrario. Me entusiasma. A propósito, de entre los toreros actuales, ¿cuál escogerías como primer espada?

—A Morante de la Puebla, sin dudarlo, pese a que tuvo que pagar su arte con una cornada que aún le dio más grandeza a su larga trayectoria que, al parecer, ya deseaba finiquitarla.

—Yo también lo habría elegido y lo mismo opino respecto a su cogida.

Claro que todos sentimos la cogida de Roca Rey.

Hay que ver lo fino que hila el CNI para saber los gustos de sus agentes, pero sé adaptarme a todas las situaciones.

Soy un excelente camaleón. Habría aceptado que hubieras sido merengue y antitaurino.

Y, puestos a elegir, no me hubiera importado tener a mi lado a una agente feminista radical, animalista, antitaurina, ecologista, vegetariana y, por supuesto, merengue.

Todo lo contrario de lo que yo soy, pero, eso sí, navegando juntos para salvar nuestra España democrática y monárquica porque…

supongo que no me habríais colado una republicana, digo yo.

—No habría estado nada mal el experimento y, además, guapa, ¿eh, Matías?

—Y algunas están muy buenas, claro que con los casos de prostitución de algunos políticos es mejor eliminar ciertas palabras. Además, para los jubilados prostáticos esta segunda condición y así que pasa el tiempo pierde fuelle.

—Forma parte del atrezo de la tercera edad, Matías —responde Jaime con cara de circunstancias y una ligera inclinación de cuello.

—De todas maneras, tener como pareja de baile a una representante de cualquiera de las otras Españas siempre es enriquecedor.

Como mínimo para descubrir por qué se sienten tan antimonárquicas pese a los esfuerzos conciliadores de Felipe VI.

¿Crees, Jaime, que si tú o yo fuéramos vascos o catalanes sentiríamos lo mismo que sienten la mayoría de ellos?

Y si fuéramos socialistas o comunistas, ¿también tendríamos la misma ojeriza al Rey?

Al fin y al cabo, entre las monarquías y las repúblicas constitucionales no hay tantas diferencias.

—Es la historia, Matías. Los madrileños como tú y como yo no podemos pensar como los catalanes o los vascos. Hemos de asumir que nuestra concepción de España es madrileña, aunque cada día que pasa Madrid se hace más y más cosmopolita.

—Una verdad como un templo y… latina.

— ¿Latina? ¿Por el barrio de La Latina o por el décimo distrito?

—Cosas mías, Jaime. A veces sueño con la unidad de todos los países de lenguas románicas.

—Un sueño muy ambicioso.

—Lo es. Pero, puestos a ser ambiciosos, ¿ acaso hay en el mundo otra ciudad como Madrid? ¿Dónde encontrarás nuestra movida nocturna, Jaime?

—Supongo que París o Nueva York no se quedan atrás con sus movidas. No les deben faltar discotecas, cabar é s, pubs o azoteas.

—Es posible, pero ¿dónde encontrarán cada mañana nuestro castizo chocolate con churros? —pregunta Matías henchido de satisfacción.

—En ninguna parte —responde Jaime de forma automática.

— ¿Y qué me dices de nuestra Gran Vía?

—Quieres que te conteste que nuestra Gran Vía con sus teatros es el Broadway madrileño. ¿No es cierto, Matías?

— ¡Qué dices! El Broadway neoyorquino de hoy en día seguro que ya no puede competir con nuestra Gran Vía.

—A castizo no hay quien te gane Matías. De Madrid al Cielo.

—Eso es lo que siempre se ha dicho con buenas o malas intenciones. Por cierto, Jaime, y cambiando de tema, ¿por qué se ha bajado Alfredo? Me correspondía bajarme a mí y con más razón si tenemos en cuenta que no estamos lejos de mi domicilio.

—Nuestras órdenes eran claras. Darte alcance cuando estuvieras llegando a tu domicilio. Si no os hubierais detenido antes de llegar a él, os hubiéramos cerrado el paso. Un cierre suave, ya me entiendes.

— ¿ Y?

—Dedúcelo tú mismo. Si Alfredo ha bajado del coche y tú no, es por la sencilla razón que tiene aparcado el suyo muy cerquita de la puerta de tu domicilio.

No tardará en llegar a su casa. Dada la hora que es, seguro que encontrará a su esposa durmiendo y, si no lo está, se limitará a preguntarle por la puta de turno, entendiendo por puta la misión que ha tenido que cumplir.

Quizá es el único espía del contraespionaje que su esposa conoce su trabajo.

Como él mismo te ha dicho, el padre de Carmen fue agente del CNI.

No me extrañaría nada que desde el Ministerio de Hacienda les eche una mano en todo lo que se refiere a la corrupción.

Un detalle, por cierto, del que nunca habla.

Ni siquiera a nosotros, los de su círculo íntimo.

—Entonces es difícil que se divorcien. ¿Tienen hijos?

—Una chica y un chico. Los dos acabando Económicas y Telecomunicaciones, respectivamente. Son mellizos. Y a ti, ¿qué tal te sienta la jubilación?

—Bien y mal. No me encuentro a gusto con nuestro tiempo actual.

Como muy bien sabéis soy un hombre de derechas moderado, pero los dirigentes de la derecha política no hacen más que decepcionarme cada día que pasa.

Y los socialistas se han eternizado en el poder pactando o cediendo a todas las exigencias del resto de los partidos de izquierda o separatistas.

¡Qué le vamos a hacer! Se pasan por el culo el derecho del pueblo a recuperar su soberanía.

No entiendo por qué le tienen tanto miedo.

El pueblo votará a quien quiera. Y si vuelve a votar a la izquierda y a los separatistas tendremos que aceptarlo y apechugar con el resultado.

—Lo que permite la eternización en el poder, Matías, es la lluvia millonaria de euros que hace callar a todo bicho viviente. Mientras haya euros a diestro y siniestro a nadie le interesa cambiar de patrón.

—Eso mismo digo yo. Y espera cuando se convierta en moneda digital. Alcanzará el infinito. Yo los llamo panchitos en honor a los billetes que ordenó imprimir Pancho Villa.

— ¿Ordenó Pancho Villa imprimir billetes?

—Así es, Jaime. Se preguntó por qué había pobres. Y el hombre tuvo una feliz idea. Imprimió sus propios pesos, los repartió entre los pobres y los pobres acudieron a comprar todo cuanto necesitaban. Por desgracia, los comerciantes no aceptaron el trueque.

—Era de esperar.

—En fin, no me puedo quejar de mi jubilación. Y Dandi es otro plus a tener en cuenta. Mientras Concha me lleva la contraria en todo, Dandi me da la razón sea cual sea el tema que tratamos. En definitiva, otro de derechas, taurino y colchonero.

—Es bueno tener un perro —confirma Jaime—.

Cuando nació mi hijo le compramos un cachorro de labrador.

Y mira si son inteligentes los labradores que, desde que ocurrió la tragedia, Chester, así es como se llama, no se aparta de mi lado ni un minuto.

No te puedes imaginar c ó mo me ayudó y me sigue ayudando.

— ¿ Qué tipo de tragedia, Jaime? —pregunta Matías arrugando el entrecejo.

—Mi esposa y mi único hijo murieron en un accidente de coche.

— ¡Joder! Lo siento mucho. Me dejas de piedra. ¿Hace mucho tiempo que ocurrió?

—En diciembre hará seis años . Íbamos al pueblo de mi esposa y yo conducía… no vi el camión y…

—Si te hace sentir mal recordarlo de nuevo, no contin ú es, lo entenderé.

—Pese a que una cosa así no se supera nunca, con la ayuda de Chester, de mi trabajo y de mi estrategia, lo he ido capeando lo mejor posible. Sobre todo, cuando ya superé más o menos el llamado tiempo de duelo. Encontré un buen psicólogo.

—Yo no lo habría superado. Mis delincuentes me tenían por un tipo duro, pero, no, una tragedia de esa magnitud no la habría superado.

Y te diré una cosa. Concha, mi esposa, l a habría llevado mejor.

Las mujeres para ese tipo de dramas son más fuertes que los hombres.

A los hombres nos da por huir. Y… ¿ cómo pudiste y sigues capeando a lo largo de estos años la tragedia si no es mucho preguntar?

Jaime, mirando por el espejo retrovisor y con una mirada preparada para captar la reacción tanto facial como mental de Matías, le responde a bocajarro.

—Fundé mi propio oratorio.

— ¿ Fundaste tu propio oratorio? —pregunta un más que asombrado Matías.

—Lo que oyes, y se lo dediqué a la Virgen de la Almudena. ¿Sorprendido?

De todas las respuestas posibles, esa es la última que se le habría pasado por la cabeza a Matías. Tras una profunda inspiración, Matías, corrigiendo de inmediato su sorpresa porque ha comprendido que era la que esperaba Jaime, se interesa con la máxima seriedad por el oratorio.

— ¿ Acuden muchos feligreses?

—El oratorio es para mí solo. Intransferible. No creo en ningún tipo de apostolado.

—Yo tampoco. Y… ¿puedo saber si no es mucho preguntar por qué montaste tu propio oratorio?

—Tras el accidente me agarré a la Virgen de la Almudena. Necesitaba consuelo y me pregunté por qué no convertir el dormitorio de mi hijo en un oratorio. ¿ Qué te parece?

—Más que sorprendido, si dijera lo contrario te mentiría. Y debo suponer que no se te apareció la Virgen.

Jaime, con la ayuda de una franca sonrisa, responde:

—Sigo manteniendo mi cabeza en su sitio.

Además, no soporto la milagrería religiosa organizada por la Iglesia Católica.

Una cosa es la devoción a la virgen de la Almudena, a la Virgen del Rocío, a la Pilarica, o a nuestra popular Virgen de la Paloma, y otra muy distinta es lo que montaron en Fátima o en Lurdes.

— ¿ Puedes describirme tu oratorio?