Rumbo al Palacio de la Zarzuela CAPÍTULO VI EL CNI PRESENTA SUS CREDENCIALES #12
59%

CAPÍTULO VI EL CNI PRESENTA SUS CREDENCIALES #12

—Si mis nietos se convirtieran en príncipes o infantes consortes, los republicanos y los comunistas y pese a sus cantos de sirena hacia la monarquía lo tendrían crudo.

Enfrentarse al pueblo de Madrid es canela fina.

Y no digamos al de Sevilla, ya sean del Real Betis Balompié o del Sevilla Fútbol Club.

¡No te jode! E insisto. Me pregunto a qué espera Felipe VI a darse un paseo auténtico por el Sur.

Pablo Iglesias prometió que nunca se ir ía de Vallecas y a la primera oportunidad que le ofreció la política se largó a una urbanización de alto copete.

No sé si ha vuelto a pisar Vallecas, pero si no se hubiera ido hoy ya sería el presidente de la República.

— ¡ Qué dices!

—Lo que oyes. A Felipe VI, como rey y sin necesidad de abandonar la Zarzuela, el Sur lo aceptaría. No te quepa la menor duda. Y si el Sur acepta al Rey, ¿quién se atrevería a ir contra él? Nadie.

— ¿Estás seguro, Matías?

—Seguro pese a los traficantes de droga, a las dichosas bandas latinas y a los migrantes recién llegados que no acaban de respetarnos.

El pueblo como tal pueblo descubriría que Felipe VI no los abandonaría.

Cada vez que el pueblo se lo pidiera allí que se plantaba.

Lo mismo que hago yo pese a estar jubilado.

— ¿A ti te llaman?

— ¿No lo sabéis? Pues sí. Me llaman. Pese a los siete años que estuve destinado en Zamora nunca se han olvidado de mí.

— ¡ Nunca cambiarás, Matías! Y de que Concha es monárquica también lo sabemos y por eso queremos que te sigas dejando aconsejar por ella, pero de tu nuevo trabajo ni media palabra. ¿Estamos?

—Estamos. En cualquier caso, insisto, si la historia que me he de inventar esta noche no les convence ni a ella ni a mi hija ni a mi yerno, habría sido mejor que no me hubierais abordado esta animada noche verbenera. Nos la habéis amargado.

— ¿No me digas que pierdes tu capacidad para crear tus convincentes improvisaciones?

—Está bien. Algo me inventaré. ¿Alguna cosa más?

—Pasado mañana te has de presentar en el CNI a las diez de la mañana.

A Concha le dices que vas a dar la vuelta para mejorar tu diabetes como lo haces todos los días, aunque mañana sin Dandi.

A Dandi lo sacas a pasear antes. Yo te esperaré en la puerta principal y no vengas con tu flamante Peugeot 3008.

Coge el metro. Como más desapercibido pasa uno en nuestra profesión, mejor.

— ¿No vendrá a recogerme Ja ime?

—No quieras presumir de conductor antes de tiempo. Pasado mañana toca ser peatón.

—Entiendo. El suburbano ejercerá como primera medida de seguridad para la misión que me habéis encomendado.

—Se podría interpretar así, y no te presentes con tu atuendo de verano.

Nada de gorrita azul marino, niqui blanco, pantalón corto beige y esas Skechers negras con calcetines negros que te hacen parecer un colegial inglés o japonés.

No vamos a discutir sobre quienes van mejor uniformados.

Si los ingleses o los japoneses. Como mínimo preséntate con camisa blanca de manga corta y pantalones largos. La corbata no es necesaria.

— ¡ Menudo problema!

— ¿Por qué? —pregunta Alfredo con una cierta sorpresa.

—Porque todos los días antes de salir de casa, Concha me indica qué pantalón, camisa o polo debo llevar. Ya me dirás cómo justifico mis pantalones largos sabiendo que no aguanto el calor de agosto.

—Dile que has de hacer una gestión burocrática.

— ¿Una gestión burocrática en pleno agosto y en Madrid? Eso no te lo crees ni tú. Como se lo crea el CNI estamos apañados. ¡Menudo CNI que tenemos! Es lo que digo siempre. ¡España no tiene arreglo!

— ¡ Vaya con Concha! ¡Hay que ver lo entrometida e inoportuna que es! Pero insisto. Nada de ir vestido de colegial.

—De acuerdo. Me vestiré como se visten los sufridos trabajadores de banca o los de las inmobiliarias que ya vuelven a brotar como setas.

—El ladrillo y el turismo es lo único que ofrece nuestro país, Matías.

—Y supongo que el CNI sigue en el mismo sitio. En la carretera de La Coruña, ¿no es así?

—Supones bien. El Centro está situado en la Cuesta de las Perdices o, para ser más exactos, en la avenida del Padre Huidobro, junto a su monumento, pero t ú deberás acudir al Ministerio de Defensa, situado, como muy bien sabes, en el paseo de la Castellana.

—De acuerdo. Estaré a las diez en punto en el Ministerio de Defensa como un clavo si el suburbano no falla. Y… ¿ son de fiar los otros dos miembros del equipo que conoceré pasado mañana? —pregunta Matías con cierta simpática malicia.

—Lo son —responde Alfredo con determinación.

—Lo suponía, y me imagino que debéis mantener buenos contactos con agentes de otros servicios secretos.

—Si la situación lo requiere, por supuesto.

Mantenemos buenas y prudentes relaciones con la CIA, el FBI, la DEA, el Mosad, el MI6, el servicio secreto francés y con la Santa Alianza Vaticana.

En ocasiones conectamos con algún que otro de sus minutantes.

Sin ellos no se puede llegar al corazón del Vaticano ante una determinada situación.

— ¿Minutantes? —pregunta Matías con las cejas razonablemente arqueadas.

—Eso he dicho. Minutantes.

—¿Y para qué os sirven los minutantes?

—Para ciertas cosas. ¿Te pongo un ejemplo que te tranquilizará?

—Pónmelo.

Una parte importante del separatismo catalán navega o se esconde bajo el dosel de la Iglesia Católica catalana.

—Una poderosa señora, la Iglesia, esté donde esté —responde Matías por responder algo.

—Cierto. Los separatistas entre su doble condición de católicos y separatistas siempre acatan el mandato católico. El Papa lo dejó muy claro cuando visitó Barcelona. ¿Te fijaste?

—Note el uso minimalista que hizo del catalán, pero en lo que me fije de verdad fue en el templo de la Sagrada Familia. Los catalanes son unos auténticos artistas en la organización de eventos. Todavía recuerdo el arquero de los Juegos Olímpicos.

—Tienes toda la razón. Y en cuanto al resto de servicios secretos, el CNI vigila cada vez más de cerca al Servicio Federal de Seguridad del Kremlin y al Ministerio de Seguridad del Estado chino.

Y más con los tiempos que corren. El gobierno nos ha convertido en prochinos y, al mismo tiempo, hemos de tranquilizar al Mosad.

Cada día que pasa está más enfadado. Ya se nos enfadó y de qué manera por lo de las flotillas de Gaza que partieron del puerto de Barcelona.

Como interpreten que el objetivo de la izquierda política española y bajo el manto propalestino lo que busca de verdad es el segundo holocausto judío de los tiempos contemporáneos, vamos dados.

—Me reservo de dar mi opinión en materia tan delicada. ¿Sorprendido?

—En absoluto, Matías. La prudencia es un buen principio para un espía.

Y otra cosa. Mientras te sumerges en tu misión, no caigas, como mínimo, en dos errores.

El primero, no te creas ninguna información que te pueda llegar del CNI salvo si está confirmada por nuestro equipo.

Y segundo, pese a que ya lo sabes, hay medios audiovisuales que solo siembran el odio y la división entre los españoles.

Fueron engendrados para ello y no les falta el dinero para tan sublime misión.

— ¿ Tampoco me he de fiar de ti pese a ser del equipo?

—Pues ya que lo dices, tampoco. Siempre hay que confirmar toda la información por vías contrastadas.

—En fin, volvamos a lo mío. Respecto a mi trabajo de proteger la buena salud de la Monarquía, ¿tenéis muchos informantes dedicados a ello?

—Para tu trabajo, Matías, estás t ú solo.

Lo tuyo no es un caso. Ni siquiera necesitarás utilizar sofisticados sistemas que te exijan llevar a cabo un espionaje reglado o masivo.

Lo tuyo es un todo, para no decir el todo.

Invéntate estrategias para proteger al Rey y a la princesa Leonor.

Con eso será suficiente y, sobre todo, no nos falles —responde Alfredo con sorprendente seriedad.

— ¡ Coño! ¡Coño! Me haces sentir importante —contesta Matías arqueando las cejas al tiempo que sus manos empujan los tirantes hacia delante.

—Y, como te acabo de informar, pasado mañana te esperaré a las diez en punto en la puerta principal del Ministerio de Defensa. ¡Y no me llegues tarde!

—Ya te he dicho que estaré allí con la misma precisión de un reloj suizo. Mientras estuve en activo, todos mis operativos siempre se iniciaron con matemática exactitud. El remate final era otra cosa. A veces acababa en tiroteo o se nos escapaba el delincuente entre las sombras de la noche.

—Lo sabemos.

—Lo supon ía .

—Primero te presentaré a tu jefe. El coronel de Artillería y diplomado de Estado Mayor, Arturo Martínez Seco. Trabajarás con él y es probable que el teniente general Gerardo Llanos Lopetegui te quiera conocer personalmente, ya sabes…

—Por la enjundia de la Monarquía —interrumpe Matías— y porque supongo que he de pasar por el Centro de Información de las Fuerzas Armadas del mismo modo que hay que pasar por la Comisaría General de Información de la Policía.

—Unas veces sí y otras no. Depende. Y recuerda también que Martínez Seco lo sabe todo de ti.

— ¿Cómo qué?

—Que estás convencido de que un comisario jefe provincial sigue siendo el equivalente de un coronel del Ejército. ¿Sigues estando convencido?

—Lo sigo y… ¿ qué más sabe de mí?

—Sabe que te gusta tutear a todo quisque. Martínez Seco está de acuerdo con lo del tuteo. Haréis buenas migas, además, él también se acerca a la jubilación, aunque todavía le faltan cuatro años.

— ¿Aspira a alcanzar el generalato?

—En mi opinión, debería ascender a general.

Se ha dedicado en cuerpo y alma al CNI, pero el ascenso a general lo decide el Consejo Superior del Ejército con el visto bueno del Ministerio de Defensa o incluso del Consejo de ministros.

Y si quieres que te diga la verdad, no sé si cuentan con él.

Martínez Seco es el clásico militar que, si lo ascienden, pero le ofrecen un empleo burocrático, rechazará el ascenso.