Rumbo al Palacio de la Zarzuela CAPÍTULO VI EL CNI PRESENTA SUS CREDENCIALES #11
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CAPÍTULO VI EL CNI PRESENTA SUS CREDENCIALES #11

—Si ese día llega, yo seré el último español en abandonar España.

Tengo vocación de capitán de barco y si mi vida o la de mis familiares corriera peligro el país elegido sería un país hispanoamericano.

No lo dudes. Me siento orgulloso de su lengua y de su cultura.

Por cierto, ¿ tenéis fichados a muchos políticos españoles actuales que se hayan nacionalizado en algún país hispanoamericano?

— ¿ No sigues las biografías de nuestros políticos?

—No. No las sigo. Prefiero leer el Marca y l ástima que desapareció El Ruedo . También lo leía.

—Pues, respondiendo a tu pregunta, entre ciudadanos privilegiados y honoríficos, alg ún que otro político hay. La República Dominicana de Luis Abinader y si tienes parné, es una buena elección. Y por proximidad, incluso Marruecos. Tánger y Marrakech son dos buenos destinos.

— ¡Ya! Los políticos y más si se definen progresistas hacen milagros con su economía doméstica.

—No protestes, Matías. A todos los jubilados los progres os subieron de sopetón la pensión. Nada menos que un ocho por ciento. Y ahora un dos y medio.

—Cierto. Con la izquierda progresista no es necesario utilizar la estrategia que utilizaba mi abuelo para gestionar la economía doméstica.

Hoy, gracias a esos euros sociales que nos envía Europa, a la deuda pública desenfrenada, a la subida de impuestos, y al billón y medio de euros que debemos y que no vamos a devolver, ya no es necesario ahorrar.

— ¿ Estás seguro de que no los vamos a devolver?

—Seguro. Quien los quiera devolver caerá de su poltrona política. Nos hemos enviciado con ellos. Una adicción como otra cualquiera.

—Tampoco sé qu é responderte ante ese delicado tema. La Unión Europea echará mano del euro digital para crear cifras con tantos dígitos como sean necesarios. La disciplina de Maastricht relativa al endeudamiento hace tiempo que voló por los aires.

Y Matías, encogiéndose de hombros y generando una fuerte inspiración, vuelve al punto de partida.

—En fin, Alfredo, te lo vuelvo a preguntar, ¿ realmente estáis seguros de que la situación del Rey es tan grave para venirme a buscar precisamente esta noche?

Ningún medio de comunicación que yo sepa ha insinuado nada.

Como mucho, los separatistas catalanes y vascos le dan al manubrio, pero los socialistas y, hasta donde yo llego a entender, respetan al Rey como rey y como persona.

¡No veas de qué manera se engalanan e inclinan la cabeza cuando los recibe en la Zarzuela o en el Palacio Real!

—No todos acuden a la Zarzuela. La hora se acerca.

Quienes piensan que los socialistas, los podemitas, los comunistas, los separatistas y la extrema derecha han optado por seguir una vía que no lleva a ninguna parte, solo a vivir y medrar del negocio político año tras año, se equivocan.

Se equivocan como tú. Llegará un momento en que sus seguidores, sean republicanos unionistas, republicanos federales o separatistas se cansarán y les dirán basta a sus líderes.

Y cuando llegue ese momento, y ese momento llegará más pronto que tarde , hemos de estar preparados.

—Tengo mis dudas, Alfredo.

— ¿ Qué clase de dudas?

—A Esquerra Republicana de Cataluña el Gobierno actual ya la ha convertido en un partido autonomista y a esos de Junts les permitirá volver del exilio para convertirlos también en autonomistas. En otras palabras, todos constitucionalistas.

— ¿Eso es lo que crees , Matías?

—Eso es lo que creo, Alfredo.

—Es cierto que en Cataluña ya reina Salvador Illa, aunque no lo perdemos de vista.

— ¿ Lo ves? No entiendo vuestro nerviosismo. La calma chicha que precede a la tormenta no la capto por ningún lado como tampoco capt é el gran apagón. Me cogió por sorpresa. ¿Lograsteis descubrir lo ocurrido?

—No entremezcles temas distintos.

—Entiendo. Lo del apagón tampoco pertenece a tu negociado —responde el siempre chistoso de Matías.

—En fin, cuando pasado mañana te presentes al responsable jefe de tu misión di todo lo que pienses, sin cortarte. Nada de reservas mentales. No te cortes. Tu espontaneidad y tu sinceridad serán tus mejores cartas de presentación.

—Es posible, pero en cuanto me conozca…

—Te tomará muy en serio. No lo dudes. No te olvides de que te hemos seguido muy de cerca. Sobre todo, este último año. Para bien o para mal eres un tipo que nunca defraudas. Y en el CNI nos seducen aquellos cuyo comportamiento nunca decepciona.

— ¿Tan seguros estáis?

—Lo estamos. Y supongo que tu esposa y tu hija ya habrán deducido que nuestra conversación que mantenemos en este preciso instante tiene que ver con la ejecución de la Paula Andrea. ¿Me equivoco?

—No he tenido otra opción que citarla. No veas cómo cundía el nerviosismo. Claro que vuestro alcance lo deben estar relacionando con algo más grave.

— ¿ Más grave que haberte cargado a una persona y encima mujer?

—Mató a mi ayudante de campo. Y volviendo a mi familia y así que pasen los minutos dejarán de relacionar vuestra presencia con la Paula Andrea.

Recuperarán su primera idea. Estoy secuestrado por una mafia.

¡Hay tantas ya en España dedicadas al tráfico de droga!

Mi hija siempre me lo dice. ¡ Quién ha conocido las provincias de Cádiz y Sevilla y quién las conoce hoy!

Los guardias civiles son los primeros en pagar el pato.

—Es el signo de los tiempos como se decía antes. En fin, respecto a Concha y a Almudena, invéntate una historia que te permita tranquilizarlas en primera instancia, y, una vez controlada la situación, tendrás mucha más libertad para moverte.

— ¿Más libertad para moverme con Concha a mi lado? Lo dudo.

—Ya encontrarás la fórmula. Y recuerda que con el despacho de tu domicilio tendrás más que suficiente.

Todas las ideas que se te ocurran las escribes de tal manera que Concha no las pueda descifrar y se las muestras a Jaime el día y a la hora estipulados.

Ya se te dirá cómo . La geografía de Madrid es amplia y los puntos concretos de entrega son de lo más variado.

Tal vez una papelera, un buzón de correos, la mesa de un bar, un banco de una iglesia vacía o una de nuestras bases operativas…

y, como te acabo de decir, a la hora exacta que se te indique.

Nunca una llamada telefónica desde tu móvil o desde tu fijo ni un wasap ni un correo electrónico. Nada de dejar rastro.

—De acuerdo. Dejaré de respirar.

—Jaime hará de enlace. En el caso de que debas pasar la información a otra persona o depositarla en otro lugar diferente al habitual se te comunicará el cambio con la debida antelación y con la máxima exactitud.

—Como tú digas, me imagino que ya habéis intervenido mis teléfonos, el ordenador o habéis puesto escuchas por todo el piso.

Alfredo, sonriente, responde:

—Si pones atención, oirás cantar a los canarios 13 , pero son inofensivos. Te lo aseguro. Y ante cualquier pique doméstico que tengas con Concha, la grabación desaparecerá por ensalmo.

—O sea, que habéis entrado en nuestro piso.

— ¡¿ Cómo quieres que hayamos entrado si semejante actuación es ilegal?! ¡Hombre! Eso sí. Nos gustará conocer las preguntas que te haga Concha en la intimidad. Si son peligrosas para tu misión, te plantas con Frank Sinatra y le silbas tu My way . ¡Mira que la silbas mal! Peor imposible.

— ¿De dónde habéis sacado que me gusta Frank Sinatra? ¿Del canario de la ducha?

— ¿Lo quieres saber?

—Por supuesto.

—De Laínez.

— ¿ De Laínez? ¡ Hay que ver lo callado que se lo llevaba el muy jodido! Por eso insistía en hablar tanto de política conmigo. Debía haber sospechado algo.

—Era su obligación. También trabajaba para nosotros.

—Nunca lo sospeché, pero lo debía haber intuido, esa es la verdad.

Está bien, campearé el temporal, pero, como muy bien sabéis, a Concha le pido la opinión sobre muchos aspectos.

Se la pido para moderar mi adrenalina y, al mismo tiempo, que me haga de contrapeso.

Y si dejo de hacerlo maliciará que algo me llevo entre manos.

No os podéis imaginar lo perspicaz que es.

—Lo sabemos. Modera tus prontos sobre los enemigos de la Corona. Cuanto menos te exaltes, mucho mejor. Al fin y al cabo, ya estás jubilado —responde Alfredo con una fina sonrisa.

— ¿Tú crees que la jubilación modera a las personas , Alfredo?

Te garantizo que no es así. Discuto más de política ahora que cuando estaba en activo y eso que tanto Concha como mi hija no quieren que hable de ella.

Siempre están preocupadas por el qu é dirán.

Las dos son monárquicas. Concha a su manera, claro est á .

— ¿De qué manera? —pregunta Alfredo, que por ser policía y agente secreto al mismo tiempo lo de preguntar lo lleva en su ADN.

— ¿De qué manera? Que te diría yo. — ¡Qué guapas son Leonor y Sofía! ¡ Qu é bien o qu é mal les caen esos vestidos que lucen hoy! Si nuestros nietos fueran más mayores los podríamos casar con ellas.

— ¿ Eso dice? —responde Alfredo más que sorprendido.

—Eso es lo que dice. Est á persuadida de que si las hijas de los reyes se emparentaran con el Sur de Madrid en su versión más popular y con la ciudad de Sevilla en su modelo pequeña clase media, universitaria y sabiendo el inglés y el francés, nuestros nietos no serían un mal partido.

Al mayor lo pone por las nubes desde que ha ingresado en la Escuela Técnica Superior de Ingeniera Informática de Sevilla.

En su opinión no hay chico más estudioso, inteligente, guapo y descarado como él.

La Monarquía estaría protegida. Incluso y de forma excepcional, yo haría que el hampa auténtica adscrita al Sur de Madrid colaborara.

Es más, me llevaría a Felipe VI tantas veces como fuera preciso para que conociera y lo conocieran de verdad en Entrevías y Puente de Vallecas, Usera, Orcasitas o Villaverde.

No veas la cantidad de amistades que todavía conservo.

— ¡ Hay que fastidiarse! Echar mano del hampa.