Rumbo al Palacio de la Zarzuela CAPÍTULO VI EL CNI PRESENTA SUS CREDENCIALES #9
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CAPÍTULO VI EL CNI PRESENTA SUS CREDENCIALES #9

—En España la lluvia nunca ha sido fina. Entre sequía y sequía no falta el granizo y en ocasiones del tamaño de un huevo de avestruz. Se notan las ganas de zurrarse que, hoy en día, se tienen casi todos los políticos.

Alfredo y Matías le dan la razón, pero Matías y antes de proseguir la conversación con Alfredo no pierde la oportunidad que le ofrece Jaime:

—Ni las danas remiten ni los políticos dimiten. Las nóminas son las nóminas.

Y recuperando su conversación con Alfredo, Matías agrega:

—Me imagino que el CNI debe ofrecer un impresionante e intrincado organigrama.

—Ni que lo jures. Un organigrama dentro del cual pululamos entre tres y cuatro mil personas. No está nada mal, ¿no te parece?

—Me parece un número razonable siempre que sea efectivo y productivo. Nada de burocracia. ¿Y puedo saber a qué parte del organigrama pertenec éis los dos ? —pregunta Matías que ya ha incorporado definitivamente a Jaime en la conversación.

—A la Dirección Técnica de Apoyo vinculada a la Subdirección de Contrainteligencia—responde Alfredo.

—He de reconocer que lo de contrainteligencia suena bien. ¿Se podría decir que me habéis convertido en un oficial eventual de contrainteligencia?

—Se podría. Un agente encubierto que, desde tu casa, trabajarás como agente pensante. Y si no fuera porque ya estás jubilado, te convertiríamos en funcionario de plantilla. No lo dudes. ¿Sabes , Matías?

— ¿Qué debo saber, Alfredo?

—De no haber sido policía, habrías sido un excelente agente funcionario del CNI.

— ¿A qué viene esa afirmación?

—Cuando llegaste a Zamora hiciste ver que partías de cero, sin embargo, y, a la chita callando, sí sabías a quién tocar. A la inspectora Rosalía no le pas ó por alto cuando, en un visto y no visto, supiste dónde encerrar al maltratador de la Guadalupe 12 . Tenías tus contactos.

—Eso no es cierto del todo. En mi toma de posesión dije que tenía fichados a todos los maltratadores de Zamora, aunque no tenía ni la menor idea. Esa es la verdad.

—Lo ves. Mientes como un bellaco. En el servicio secreto sabemos gestionar igual que tú tanto las verdades como las mentiras.

—Y aparte de definirme como un mentiroso bellaco, ¿ puedo saber cuáles han sido las otras razones por las que me habéis elegido?

— ¿No lo sospechas, Matías?

—Lo sospecho. Me habéis elegido porque soy monárquico, porque me siento español de los pies a la cabeza, porque toda la vida he creído en el concepto de servicio hasta límites insospechados… ¿Prosigo?

—Prosigue.

—Porque nunca me he corrompido ni por unos pocos o unos muchos miserables euros; porque desbordo una inagotable fantasía que no entra en contradicción con la realidad; y porque me conocéis bien.

Pese a que soy una persona extrovertida, quizá en exceso, en lo que se refiere a mi vida profesional siempre he sido una tumba y eso os da seguridad. ¿Me equivoco?

—No. No te equivocas.

—Sin embargo, Alfredo, ¿n o os preocupa que siempre digo lo que pienso salvo si me lo prohíbe Concha, mi sempiterna protectora? Pero, ¡ ojo! Que no siempre le hago caso.

—Sabemos que no te vas a ir de la lengua y no te podías definir mejor. Eres un acérrimo defensor de la unidad de España y de la Monarquía constitucional.

—No me podías definir mejor, pero tengo otra duda.

— ¿ Cuál es esa otra duda, mi querido amigo?

—Aparte de ser un zoquete con el inglés, también desconf í o de la informática.

Ya en sus orígenes, y no sé por qué, presentí que detrás de sus aplicaciones se escondía un cierto riesgo que se escapaba a mi control y me llevaba a lo desconocido.

Si tecleando con mis dos dedos índices sobre una negra y mastodóntica máquina de escribir jamás sentí miedo, cuando comencé a teclear en mi ordenador noté una extraña sensación, como si alguien se dispusiera a espiarme.

—También lo sabemos y por eso les ordenabas a tus ayudantes de campo que se zambulleran en las turbulentas aguas de las nuevas tecnologías.

Siempre has sido un p ícaro a la vieja usanza española, aunque nuestros pícaros se resistían a trabajar y tú, en cambio, no te importa hacer horas extras.

En fin, ¿alguna duda más? —responde y pregunta Alfredo Suárez con un tono de voz entre paciente, parsimonioso y saleroso.

Lo de saleroso viene a cuento de que Alfredo es andaluz, un andaluz de Nerja, el pueblo orgulloso de exhibir sus famosas cuevas de estalactitas y estalagmitas.

—Pues, sí. Ahí va otra. ¿ A santo de qué me habéis abordado yendo acompañado de Concha y de Almudena? ¿ No os hubiera sido más fácil abordarme en otro momento y lugar, tal y como lo hacen los espías serios? En un banco del Retiro con el ABC desplegado entre mis manos, por ejemplo.

— ¿No te parece algo pasado de moda el método? ¿Demasiado visto?

—Es posible, pero quien dice un banco del Retiro con el ABC o el Marca, dice el bullicioso vestíbulo de la estación de Atocha, la puerta por donde entro y salgo del Wanda Metropolitano o por la que entro y salgo de la plaza de Las Ventas. ¿No habría sido más lógico?

—Sin lugar a duda. Conocemos la puerta por donde entras tanto en el Wanda como en las Ventas, y por saber, sabemos también cuáles son tus localidades. ¿Qué te parece si te digo que en Las Ventas te sitúas en el tendido número nueve, tendido medio y en zona de sombra?

— ¿ También conocéis mi asiento en el Wanda Metropolitano?

—También. ¿Quieres que te lo diga?

—No es necesario. Creo en vuestra palabra.

Se nota que no me habéis perdido de vista.

Sin embargo, ahora, con vuestra descarada aproximación, me pregunto cómo tranquilizaré a Concha y a Almudena en cuanto llegue a casa.

¿Acaso no sabéis que mi hija es inspectora jefe de la UFAM en Sevilla y que tiene el mismo ojo clínico y el mismo olfato policial que yo?

—Lo sabemos, pero los caminos del CNI son inescrutables.

Yo mismo me he hecho la misma pregunta. ¿Por qué me han mandado alcanzarte saliendo de la verbena de la Paloma, ro deado de tu familia y diría que algo achispado?

Dado que no he encontrado ninguna respuesta coherente, no lo he preguntado y he dejado de preguntármelo.

En el CNI, cuanto menos preguntes, mejor.

Siempre y cuando, claro está, estés seguro de haber interpretado de forma correcta la orden recibida.

Asumida la orden, las preguntas del por qué o del para qué no son necesarias salvo si tus jefes te piden tu opinión sobre ellas. ¿Entendido?

—Entendido. Y permíteme que te lo pregunte de nuevo. ¿ Tan mal está el Rey?

—Felipe VI se encuentra en perfectas condiciones físicas y mentales .

La que no está nada bien es la Monarquía.

El Rey, como persona, mantiene su dignidad, pero como monarca, ¡son tantas las afrentas que recibe!

Son tantas las negativas de saludo que ha acumulado y las cosas que se ve obligado a decir y hacer por orden del Gobierno que ya no sabe qu é hacer.

Y, pese a su aplomo y paciencia, la procesión va por dentro y no nos queda otra opción que ayudarle.

—Entiendo.

—El hombre no puede hacer otra cosa que mantener impertérrita la dignidad de la institución monárquica, pero esa no es la solución.

La dignidad es algo que se pierde poco a poco.

Son demasiadas las fuerzas políticas que lo rechazan y, al mismo tiempo, le dan coba, pero cada día que pasa lo ningunean más y más y sin olvidarnos de los palmeros.

En nombre de su seguridad lo alejan todo cuanto pueden del pueblo.

—Yo nunca he tenido a mi servicio palmeros.

—Los palmeros del Rey hacen lo contrario que hacemos nosotros. Intentan ponerlo a resguardo. ¿Sabes?

— ¿Qué debo saber?

—Cuando el Rey estuvo en Cornell à de Llobregat…

— ¿¡ En dónde!? —interrumpe Matías sorprendido porque no es capaz de situar el lugar en el mapa.

—Es un pueblo de más de ochenta mil habitantes muy próximo a Barcelona en el que, en el año 2022, se hizo la entrega de los premios Princesa de Girona por la imposibilidad de entregarlos en la propia ciudad.

—Algo de eso me llegó a los oídos. Que la alcaldesa independentista prohibió que se celebrara el acto de forma taxativa. ¿Me equivoco?

—No. No te equivocas. Nos tuvimos que engullir la prohibición y buscamos un pueblo mucho menos independentista. Ese pueblo, como te acabo de decir, era Cornell à de Llobregat. Su alcalde socialista facilitó el acto. Por cierto, de Cornell à son los Estopa. Supongo que te suenan.

—Algunas canciones he escuchado de ellos.

Rumberos modernos que han alcanzado la cima de su carrera.

Por cierto, la que me gusta mucho y ya que has citado a los Estopa es Rosalía.

De hecho, siempre me han gustado las canciones melódicas y pegadizas.

Los Beatles con su Yesterday y No llores por mí Argentina de Madona las tatareo con frecuencia.

—Pues bien, en aquel acto de Cornellá no pudimos librarnos de ciertos palmeros que, en nombre de la seguridad, no le dejaron cambiar impresiones a pecho descubierto con sus habitantes, los cornellanenses.

—De haber sido yo el Rey, me hubiera saltado el protocolo.

—Tú eres tú y el Rey es el Rey. Aquel día miles y miles de ciudadanos ni se enteraron de la presencia de la familia real en su ciudad.

Habría sido una buena oportunidad. El acto y para más inri se llevó a cabo en el Auditorio de la Agencia de Aguas de Barcelona, situado en un extremo de la ciudad y bien aislado.

—Algo o mucho habéis avanzado. Debo intuir que Felipe VI ya ha aprendido a saltarse a los políticos y a los palmeros. Cuando visitó ese pueblo catalán llamado…

—Badía del Vallés —le aclara Alfredo de forma instantánea.

—Si tú lo dices debe ser ese. Dejó bien a las claras la derrota del separatismo radical y la confirmación de que una parte del socialismo catalán es más monárquico que republicano. Eso era lo que buscabais, ¿supongo?