CAPÍTULO VI EL CNI PRESENTA SUS CREDENCIALES #8
—Y por eso habéis enviado a la princesa Leonor, ¿me equivoco?
—La Corona los ha de conocer de cerca.
—Ya os lo encontraréis. Quien ama el peligro, perece en él. Don Quijote de la Mancha.
—Creía que ibas a citar el Eclesiastés. En fin, Matías, ¿se puede saber cómo manejarás tu imparable máquina de ideas y estrategias constitucionales?
—Tengo la mano rota para montar eso que en inglés se llama un… ¿cómo coño se llama…?
— ¿Te refieres a u n think tank ?
—Eso. Un think tank monoplaza.
—Un monoplaza. No está mal. De ingenio no te falta.
—Y debo suponer que tenéis mucha información sobre los partidos enemigos de la Corona que prácticamente son todos.
—La tenemos. Tenemos agentes infiltrados en todos ellos.
— ¿Dentro y fuera de España?
—Dentro y fuera.
—De acuerdo, pero… ¿ tan grave es la situación?
—Lo es. Nunca la izquierda revolucionaria y la no revolucionaria habían sido tan implacables y camaleónicas al mismo tiempo como ahora. Y la prepotencia y las exigencias de los separatistas cada día son más fuertes. No van con sutilezas pese a que son conscientes de que pasan por horas bajas.
— ¿Qué entendéis por horas bajas?
—Escasean las movilizaciones, por ejemplo.
—Eso es lo que parece. ¡Quién ha visto las manifestaciones del once de septiembre en Barcelona y quién las ve hoy!
Llegué a estar asustado de verdad y eso que no me asusto con facilidad.
Además, y respecto a Cataluña, Puigdemont en su exilio en Bélgica , tiene las espaldas bien cubiertas con ese abogado chileno llamado Gonzalo Boye.
Se le ve sólido y comprometido con la causa.
Al menos es lo que deduzco por lo que leo en la prensa o veo en las cadenas televisi ón .
—No deja de ser un buen abogado pese a que, si yo fuera de él, relajaría su compromiso con los separatistas.
—Es curioso. Gonzalo Boye representa todo lo contrario de lo que yo represento, pero… ¿ por qué ha de relajar su compromiso con los separatistas si se puede saber?
—Porque está tan unido a su causa que si no se da prisa en soltar amarras llegará tarde. España es así. Nuestros ciclos históricos se repiten con matemática exactitud.
—Más que posible. Mi padre siempre me decía que, si yo sobrepasaba los ochenta, conocería otra guerra civil.
Gracias debemos dar a la seguridad tanto política como económica que nos ha ofrecido la Unión Europea.
Y también sospecho que los gobiernos españoles de izquierda han ayudado muy poco al juez Llarena que durante todos estos años ha paseado su orden de detención por Europa como un alma en pena.
—No está mal el símil.
—Y el Rey, ¿qué opina sobre esos tejemanejes?
— ¿ A qué tejemanejes te refieres?
—A los que proceden de Europa. Los apoyos que dan Bélgica a Puigdemont, Suiza a la representante de Esquerra Republicana o el apoyo propagandístico que Francia, vía Perpiñán , a las concentraciones independentistas y a sus campañas electorales. Si no ando equivocado, Puigdemont da vueltas por allí.
—Todo lo tenemos controlado, Matías. Por cierto, me tocó a mí y por dos veces consecutivas acudir a Perpiñán para hacer trabajo de campo.
— ¿Y?
—Nada. La que los separatistas llaman Cataluña Norte tiene poco recorrido pese a que se sienten catalanes.
El Estado francés, en cuanto intuye la mínima contingencia, actúa.
Nada que ver con el nuestro. Además, los franceses son los europeos más reacios a apoyar al separatismo catalán.
Demasiado jacobinos y al igual que nosotros también se juegan su unidad nacional.
Suficiente tienen con Córcega y con su conflictiva política interior.
M é lenchon es incansable y su migrantes magrebíes sobrepasan en número a los que se han refugiado en España.
— ¿Estás seguro de que el Estado español actuó con firmeza en el año 2017, Alfredo?
—Actuó. Sin embargo… ¿cómo te lo explicaría?
Tal y como nos lo hicieron saber algunos de nuestros colegas franceses de la Dirección general de la Seguridad Exterior la metodología no fue la adecuada.
Activó a los separatistas más de la cuenta.
Claro que, por otro lado, dudamos que los constantes silbidos al himno de España y a la presencia del Rey en muchos acontecimientos deportivos sean eficaces.
—El silencio sepulcral es más eficaz , ¿verdad? —pregunta Matías que es un gran defensor del susodicho silencio.
—No lo sé. Sería cosa de que lo probaran.
—En Las Ventas siempre aplaudimos a la familia real, aunque escasea su presencia. Por cierto, y respecto al Estado francés, ¿estáis seguros de que no disfrutan haciéndonos la puñeta? En el referéndum del año 2017 almacenaron las urnas y las papeletas en Perpiñán y os dejaron con el culo al aire.
—No las guardaban en Perpiñán, las escondían en un pueblo llamado Elna, pero las órdenes que recibíamos eran tan contradictorias como confusas.
— ¿ Problema de método o de fondo? No, no me contestes. Materia reservada.
—Se agradece.
— ¿ Y qué me dices de los más de cien mil catalanes que acudieron al Parque de las Exposiciones de Perpiñán en el año…
—Dos mil veinte —responde de forma automática Alfredo al tiempo que añade:
—Y no me preguntes por la presencia en Barcelona de Puigdemont el día del pleno de investidura que proclamó a Salvador Illa presidente de la Generalitat de Cataluña.
— ¿ Dónde estabas aquel día, Alfredo?
—Se me ordenó mantener mi posición en Argel è s-sur-Mer.
—Un pueblo del sur de Francia, supongo.
—En efecto. Viviremos libres o moriremos. ¡ Visca Catalunya lliure! Gritábamos.
— ¿ Tú también gritabas?
—También. Ejercía de infiltrado.
— ¿Puedo conocer alguno de vuestros métodos para pasar desapercibidos?
—Había un viejecito con bastón, barretina y estelada a la espalda caminando con descarada torpeza…
— ¿Y? —le interrumpe Matías.
—El viejecito de la barretina era yo. No te puedes imaginar cómo un viejecito con bastón, estelada a la espalda y barretina se puede introducir entre la masa y encima fotografiándola con una mini cámara adherida al puño del bastón.
—Y supongo que te cedían el paso.
—Así es. Sin embargo, Francia y, pese a los comunistas, siempre será gaullista.
—No entiendo tu referencia a De Gaulle.
—De Gaulle salv ó tres veces a Francia. Durante la Segunda Guerra Mundial; acabó con la guerra colonial de Argelia; y puso en cintura el mayo revolucionario del 68 sin importarle el precio que él tendría que pagar porque, por encima de todo, era un gran político y un gran patriota.
Y después de muerto aún sigue ganando batallas como nuestro Cid Campeador.
— ¿ Qué clase de batallas? —pregunta Matías con su típico arqueo de cejas.
—Ante la compleja situación actual, Emmanuel Macron ha echado mano de la herencia nuclear, del asiento en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas y recuerda a la OTAN que Francia es Francia pese a Trump.
En definitiva, una potencia. Todo lo que te acabo de enumerar ya lo logró De Gaulle en su tiempo.
Matías se encoge de hombros y Alfredo prosigue.
—Bueno, vayamos a lo nuestro y no me interrumpas más.
—Está bien. No te interrumpo más —responde Matías con un suspiro de corto alcance.
—Respecto a tu trabajo, debes entender que el CNI ha contratado los servicios de una empresa externalizada.
— ¿Para complementar mi tarea? ¿Puedo saber qué empresa es esa?
—Tú.
— ¡No me jodas !
—Tanto el Rey como el CNI estamos, hasta cierto punto, atados de pies y manos.
Los enemigos de la Corona se saltan las normas constitucionales tantas veces como les viene en gana por la sencilla razón de que no las aceptan.
No soportan lo que significó la gran armonización de 1978, la que nos ha permitido vivir en paz y con libertad durante más de cuarenta años.
—Algo insólito en la historia de España.
Los cuarenta años de paz que nos ofreció Franco no fueron de paz auténtica, aunque sí lo fueron para mí, ¿ por qué mentir?
Si lo hiciera sería un hipócrita. Y eso de convertirme en una empresa no sé cómo tomármelo.
No quiero líos con Hacienda —suelta Matías su consabida ocurrencia,
—Sabemos que eres un ciudadano ejemplar, Matías.
— ¿Me permites una pequeña interrupción?
—Permitida.
—Al igual que, como me has dicho, tenéis infiltrados entre los periodistas del corazón, supongo que también tenéis agentes infiltrados en las tertulias radiofónicas y televisivas de carácter político.
Me refiero a los que atacan a la Corona, pero os informan previamente de lo que van a decir —pregunta y especifica Matías con su clásico guiño ocular.
—Así es, aunque con algunos no es necesario dadas sus propias convicciones.
—Lo supongo. Algunos como Luis María Ansón o Federico Jiménez Losantos subiendo por el lateral derecho y otros como Julia Otero y Jordi Évole por el izquierdo no lo necesitan.
— ¿ También sigues a los periodistas de izquierda? —pregunta Alfredo con un cierto tono cercano al cachondeo.
—Los sigo, pero, al mismo tiempo, los regateo.
— ¡Hay qu e ver cómo te defines, Matías! No tienes pelos en la lengua.
— ¿¡Por qué tendría que tenerlos!? —pregunta Matías con una espontánea y subida entonación—. Solo digo lo que pienso y siento. Es un derecho constitucional. Eso sí. Sin alborotar. Ya me entiendes.
— ¡Lo sé! ¡Lo sé! E ntre la ETA, el GRAPO, Terra Lliure, la matanza del despacho de Atocha, el 23-F o los atentados islamistas nuestra democracia no ha podido disfrutar de una paz completa.
La que se merecía la España democrática tal y como nosotros la entendemos y, por esa razón, hemos tenido que utilizar a veces métodos un poco turbios.
Algo que, por otra parte, hacen todos los servicios de inteligencia del mundo.
¿Qué sería de los escritores de novelas de espías y sus correspondientes editoriales si no fuera por nosotros?
—Nada, Alfredo. No serían nada.
En ese instante interviene Jaime a modo de recurrente reflexión.