Rumbo al Palacio de la Zarzuela CAPÍTULO VI EL CNI PRESENTA SUS CREDENCIALES #5
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CAPÍTULO VI EL CNI PRESENTA SUS CREDENCIALES #5

—Era un decir. Y recuerda también que en el CNI tú serás el creador de tus propias ideas y estrategias, las elaborarás y las convertirás en una fuente de información y consejo para nosotros.

Y nosotros las analizaremos y decidiremos qué hacer con ellas.

Si llegan o no al Rey vía Gobierno, vía Zarzuela o por la puerta de atrás.

Y, además, deberás elaborarlas en cascada.

Cuanto más produzcas y más prisa te des, mejor.

En el CNI siempre hemos de ir dos pasos por delante ante cualquier sospecha que tengamos o eventualidad que pueda ocurrir.

—Por eso no te preocupes, siempre he trabajado a buen ritmo.

—Y, aunque dicen que la precipitación es mala consejera, para nosotros generalmente no lo es.

Es el adversario quien tiende a precipitarse para cogernos por sorpresa.

Cierto que, quienes quieren derrocar a la Monarquía avanzan con mucha precaución, pese a que no solo ejercen de poder fáctico, sino también institucional.

En otras palabras, ya tienen en sus manos un buen trozo del poder político legal.

Solo les falta acabarlo de cocinar y ponerlo en la nevera a la espera del momento oportuno.

—Iré con tiento. Y si no lo he entendido mal, debo generar todas las ideas y estrategias posibles que ayuden a consolidar tanto a la Monarquía en general como a Felipe VI en particular.

—Así es. Pero... ¿Cómo te lo explicaría?

Te debes mentalizar de que tú eres Felipe VI.

¿Entiendes Matías lo que queremos de ti?

Te has de poner en la piel de Felipe VI sin pensar en lo que él piense.

Tus pensamientos y estrategias han de ser exclusivamente tuyas y, como te he dicho, nos las pasarás a nosotros y nosotros las gestionaremos.

Y si lo creemos oportuno, algunas de tus ideas se las transmitiremos a Felipe VI por los cauces que creamos oportunos tal y como te lo acabo de apuntar.

—De acuerdo. No soy ni su doble físico ni ideológico ni político. Solo soy yo.

—Exacto. Aprendes rápido, Matías. No te debes dejar influir ni por nadie ni por nada.

— ¡ Hombre, Alfredo! ¡A mi edad y con mi experiencia! ¡Qué menos que ser un viejo diablo y un astuto zorro al mismo tiempo!

—Lo que tú digas. Y respecto a los miembros del CNI asignados a la protección de la monarquía, balanceamos entre los poderes fácticos y los institucionales. También me entiendes, ¿verdad?

—Con lo de fáctico e institucional, ¿te refieres al Ejército y al resto de las instituciones del Estado?

—Me refiero a que los enemigos de la Corona están dentro de todas las instituciones de nuestro Estado constitucional y con la intención de arrastrar al pueblo o a una parte importante de él.

—Eso que dices lo vengo pregonando yo desde hace años. ¡No te jode!

—También por eso te escogimos.

—En cualquier caso, debo suponer que mis ideas y mis estrategias han de ser lo suficientemente sagaces para ayudar al Rey. Es eso, ¿verdad?

—Eso es lo que esperamos de ti. Ni más ni menos, aunque, conociéndote como te conocemos, no permitas que tus subidones de adrenalina malbaraten alguna de tus ideas o estrategias.

Has de ser tan cauto como lo intenta ser la Monarquía pese a algún que otro resbalón.

Los adversarios aprovechan hasta los más mínimos detalles.

— ¿ Cautos los Borbones? ¿Te olvidas de que soy monárquico?

Me conozco al dedillo la caída de Isabel II, las diversiones nocturnas de Alfonso XII, el exilio de Alfonso XIII por su culpa y su grandísima culpa, y vuelta a las diversiones con Juan Carlos I, pese a que Juan Carlos I siempre me cayó bien, amén de los servicios que prestó a España.

— ¿ Sabes, Matías?

— ¿ Qué debo saber, Alfredo?

—Que no entiendo por qué siendo del Sur de Madrid eres borbónico.

—Esperaba esta pregunta. Eso mismo se lo preguntaba yo a mi abuelo y a mi padre. ¿Por qué eran monárquicos?

— ¿ Y qué te respondían?

—Por la misma razón que eran católicos. Cosas de la tradición y del corazón, añadían.

Mi bisabuelo o mi tatarabuelo, no sé cuál de los dos, lloró cuando murió Alfonso XII, ¿qué te parece?

Seguro que era todo un hombretón y, al mismo tiempo, un pobre labriego que apenas ganaba el sustento de su familia.

¿Una deplorable historia, Alfredo?—pregunta Matías guiñando su ojo de derecho.

—En absoluto.

Matías recupera el hilo principal de la conversación.

—Cauto, sí, pero cuando llegue lo que es posible que llegue , no habrá lugar para la duda.

Si hay que salvar a la Monarquía se la salva y punto.

Hace tiempo que los bolivarianos, los comunistas, los socialistas de nuevo cuño y los independentistas han mostrado sus cartas con todos los medios que tienen a su alcance y no digamos con su política internacional.

Entre Putin, Xi Jinping, la presidenta de Méjico, el gobierno belga dando cubertura al separatismo catalán, Trump y Netanyahu me imagino que también deben estar bien liados.

—Lo están y lo estamos, aunque quizá no tanto como lo estuvimos en Irak que nos costó la vida de siete de nuestros compañeros víctima s de una emboscada.

Y sin olvidar las permanentes tensiones con Marruecos, pese a que el gobierno actual de España y con el visto bueno de Naciones Unidas, se ha inclinado a su favor y ha abandonado a los saharauis a su suerte con Argelia de telón de fondo.

—Lo seguí por televisión.

—Como esa política la hubiera llevado a cabo el Partido Popular, no veas la cantidad de manifestaciones callejeras que la izquierda habría organizado.

Todos los países nos conocen. A día de hoy somos los más genuinos representantes de la izquierda internacional y como tú muy bien sabes a la izquierda se le perdona todo. Desde Méjico hasta Roma.

— ¡L o sé! ¡Lo sé! Saben atraerse al pueblo.

« Las calles siempre serán nuestras» es su eslogan preferido.

En fin, Alfredo. ¿ Cuándo creéis que los enemigos de la Corona entrarán en acción?

¿Q u é motivo de peso encontrarán para proclamar de una vez por todas la Tercera República junto a las respectivas repúblicas catalana y vasca?

Porque la proclamación de la república catalana de 2017 fue un visto y no visto.

A veces me pregunto si los políticos creen que los españoles somos cortos de luces o nuestras tragaderas inferiores son las más dilatadas de Europa.

—Lo creen, Matías. Lo creen. El pueblo es voluble. La programación de algunas de nuestras cadenas de televisión y ciertos periodistas lo confirman. Y la proclamación de la República catalana y su inmediata anulación por los mismos separatistas no le afectó en absoluto.

— ¿Estabas allí para confirmarlo?

—Estaba.

— ¿ Puedo saber qué opinan los servicios de inteligencia extranjeros sobre la evolución de la situación política de España en general y del movimiento separatista en particular?

—Es materia reservada, Matías. Lamento no poder darte esa información pese a que ya trabajas con nosotros. Solo puedo decirte que hay servicios secretos extranjeros que nos ayudan. Nosotros tenemos suficiente con seguir de cerca la evolución de la Ley de la Corona.

— ¿ Qué ley es esa? —pregunta Matías algo sorprendido.

—Si los políticos de izquierda y los separatistas no tuvieran miedo de perder las elecciones, la aplicación de esa ley permitiría el inicio del fin de la Monarquía.

—No entiendo nada. Si todos los monárquicos y desde hace tiempo deseamos nuevas elecciones, ¿a qué viene eso del inicio del fin de la Monarquía? ¿Qué diablos ocurriría si sus enemigos ganaran las elecciones?

—Si las ganaran con una amplia mayoría, la partida definitiva habría comenzado.

—Sigo sin entender ni papa.

—Negras de Moncloa ganan, blancas de Zarzuela pierden, aunque en Zarzuela no acaban de ser conscientes. Las negras atraen al pueblo como el imán. ¿Me sigues, Matías?

—Más o menos, claro que en la época de mi padre las negras eran rojas. Recuerdo bien aquellos tableros del bar donde acudía cada domingo.

—Yo también los recuerdo. Todo gobierno antimonárquico tiene a su disposición dos instrumentos.

El Tribunal de Cuen tas que puede acechar a la Corona y la Ley Orgánica de la Corona.

Esta última permitiría, llegado el momento, regular las funciones de la Monarquía hasta el punto de enseñarle la puerta de salida.

Tras una disolución de las Cortes y la victoria contundente de la izquierda y de los separatistas, se iniciaría el ocaso y derribo de la institución lo que permitiría la llegada de la República.

— ¿ Estáis seguros de que soy el hombre adecuado para proteger al Felipe VI? Piensa que mi vuelo es rasante.

—Por eso mismo. Porque es rasante nos interesas. ¡Hay que ver cómo te mueves entre el pueblo! Conoces a la perfección sus puntos más sensibles. Nadie mejor que tú entiende porque el pueblo se inclina hacia la izquierda.

—Lo que vosotros digáis. Mantendré mi vuelo rasante y si es preciso me moveré por el subsuelo a sabiendas de lo que me encontraré.

— ¿Y qué encontrarás?

—Materia reservada. Respecto a los puntos más sensibles que acabas de insinuar, Alfredo, es cierto.

El pueblo aplaude el reparto de euros sociales a troche y moche hasta que la deuda soberana española se vaya a pique.

Y también te doy la razón respecto a los programas que nos endosa la televisión.

¡ Menudos programas que nos ofrecen ciertas cadenas televisivas!

No sé si es porque me hago viejo, pero ya solo veo los informativos y no todos, algún partido de fútbol con la condición de que no sean de pago, y algún que otro concurso cuyos participantes muestren esfuerzo y nivel cultural.

Dos componentes que necesita España con urgencia.

A propósito, ¿ crees que el nivel cultural bajar á más?

—Bajará, Matías. Solo ponen en la parrilla lo que da dinero fácil o mantiene una línea económica de flotación de muy bajo coste. Todo de segunda mano pese a que los gestores cobran nóminas astronómicas.